martes, 13 de marzo de 2012

LA BRUJA CONCURSA (Cuentos para no asustarse)

Tomada de www.gifs.com

La bruja concursa
La noticia alegró tanto a la bruja que se puso a cocinar en una gran fogata la poción de la juventud eterna: cuarenta cucarachas grandes y veintitrés chiquitas, dos murciélagos momificados, cuatro orejas de ratón, hígado de musaraña y extracto de sangre de cocodrilo. Cuando hubo hervido bien se llenó una jarra grande y… no se la tomó. “Siempre me pasa lo mismo. Voy a ser eternamente vieja, como dice mi amigo el burro”, suspira la narizona.
Pero no pierde el buen humor. Irá al museo para concursar con su disfraz único y maravilloso: el de bruja. A fin de cuentas ella es un personaje de cuentos y, por tanto, un personaje histórico por más de una razón. Primero, porque aparece en casi todas las historias que se cuentan y porque ha vivido una larguísima vida a lo largo de la historia. Por otra parte, Cachita le había cosido noventa años antes su capa nueva, y hasta otro sombrero negro y puntiagudo; sus zapatos con la punta retorcida hacia arriba que le recetó el doctor Hugo Chiringa, después que le operara sus hermosos juanetes, y su escoba.
Al llegar aquí las cosas no andan bien. ¡Su escoba! La mira de una punta a la otra. Tiene casi 859 años y no se ve nada bien. Es la misma que le entregaron como premio al graduarse con honores en la muy respetable Escuela de Brujas. Aunque, cuando de volar y planear se trata, está como el primer día que salió de la carpintería de Walfredo, el baboso. No tendrá una escoba nueva pero tiene dinero, y no será difícil conseguir una buena escoba de bruja con unas cuantas monedas de oro.
Sale con su bolsa muy dispuesta a comprarla. Va al mercado de la ciudad y nada encuentra ni parecido. Se disgusta y piensa que en el próximo Congreso Mundial de Brujas tendrá que discutir esta situación. ¿Qué va a hacer una bruja que se respete sin una escoba auténtica? Sigue buscando por cuanto agujero donde venden cosas y desiste. Vuelve al mercado y compra una escoba plástica. Eso sí, negra.
En los minutos finales de los preparativos duda en si lleva su vieja escoba o la nueva, pero se dice que los jurados cuando van a dar un premio tienen muy en cuenta, además de la amistad con los concursantes, las apariencias. Este último pensamiento la decide. Para no desentonar con el resto, va caminando hacia el museo. Por las calles encuentra niñas y niños disfrazados, el fantasma vestido de payaso, el ogro va de enanito sin Blancanieves y el lobo, más conservador, va disfrazado de lobo feroz.
Los concursantes van y vienen por la sala del desfile. Muestran su disfraz, abren sus capas los que las llevan y caminan en círculos. Van eliminando concursantes hasta que solo quedan como finalistas la bruja y un vendedor de periódicos que solo tiene un metro de altura. Los miembros del jurado cuchichean y el presidente anuncia:
—¡Gran Premio al Vendedor de periódicos! Pierde la bruja, por andar con una escoba plástica, que es un invento del siglo veinte y en la cual no podría volar una verdadera bruja.
Indignada, la bruja agita la escoba, deja caer una lluvia de sapos y culebras, mientras se aleja de aquellos ignorantes, a bordo de su flamante escoba plástica que deja a todos boquiabiertos.
Al cabo y al fin (porque hasta las frases ya andan al revés en este mundo loco, donde los burros mandan), es difícil que la gente entienda esta gran verdad: para las brujas también ha llegado el progreso.

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