viernes, 21 de julio de 2017

CIEN AÑOS DE SOLEDAD: CINCUENTA AÑOS ACOMPAÑADA POR LA MEJOR LITERATURA




He celebrado el medio siglo de Cien años de soledad releyéndola, que es crear ese acto único de complicidad entre autor y lector que permite acercarnos a su universo único y mágico. Buscando en la red he encontrado estas palabras de su autor sobre su obra cumbre. Fueron pronunciadas durante la celebración del IV Congreso Internacional de la Lengua Española, en 2007 en Cartagena de Indias (Colombia), en el cual se realizó un homenaje a Gabriel García Márquez, pues ese año cumplía ochenta años de edad. La obra elegida para ello fue Cien años de soledad, novela que, desde su aparición en Buenos Aires, el 30 de mayo de 1967, han leído millones de hispanohablantes y, gracias a su traducción a más de cuarenta lenguas, lectores de todo el mundo.

Intervención de Gabriel García Márquez Cartagena de Indias (Colombia),
27 de marzo de 2007

''Ni en el más delirante de mis sueños en los días en que escribía Cien años de soledad llegué a imaginar en asistir a este acto para sustentar la edición de un millón de ejemplares. Pensar que un millón de personas pudieran leer algo escrito en la soledad de mi cuarto con 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal parecería a todas luces una locura. Hoy las academias de la lengua lo hacen con un gesto hacia una novela que ha pasado ante los ojos de cincuenta veces un millón de lectores y ante un artesano insomne como yo, que no sale de su sorpresa por todo lo que le ha sucedido, pero no se trata de un reconocimiento a un escritor. Este milagro es la demostración irrefutable de que hay una cantidad enorme de personas dispuestas a leer historias en lengua castellana, y por lo tanto un millón de ejemplares de Cien años de soledad no son un millón de homenajes a un escritor que hoy recibe sonrojado el primer libro de este tiraje descomunal. Es la demostración de que hay lectores en lengua castellana hambrientos de este alimento. No sé a qué horas sucedió todo; sólo sé que desde que tenía 17 años y hasta la mañana de hoy no he hecho cosa distinta que levantarme todos los días temprano y sentarme ante un teclado para llenar una página en blanco o una pantalla de computador con la única misión de escribir una historia aún no contada por nadie que le haga más feliz la vida a un lector inexistente. En mi rutina de escribir, nada ha cambiado desde entonces. Nunca he visto nada distinto que mis dos dedos índices golpeando aún las 28 letras del alfabeto inmodificado y he tenido ante mis ojos en estos setenta y pico de años. Hoy me toca levantar la cabeza para asistir a este homenaje que agradezco y no puedo hacer otra cosa que detenerme a pensar qué es lo que me ha sucedido. Lo que veo es que el lector inexistente de mi página en blanco es hoy una descomunal muchedumbre abierta de lectura en lengua española. Los lectores de Cien años de soledad son hoy una comunidad que si se unieran en una misma tierra sería uno de los 20 países más poblados del mundo. No se trata de afirmación pretenciosa. Quiero apenas mostrar que hay una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su hábito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano. El desafío es para todos los escritores, poetas, narradores para alimentar esa sed y multiplicar esa muchedumbre. A mis 38 años y ya con cuatro libros publicados desde mis 20 años, me senté en mi máquina de escribir y empecé: 'Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo'. No tenía la menor idea del significado ni del origen d esa frase ni hacia dónde debía conducirme. Lo que hoy sé es que no dejé de escribir durante 18 meses hasta que terminé el libro. Parecería mentira, pero uno de los problemas más apremiantes era el papel de la máquina de escribir... Tenía la mala educación de pensar que los errores de mecanografía o de gramática eran en realidad errores de creación y cada vez que los detectaba rompía la hoja y la tiraba al canasto de basura para empezar de nuevo. Con el ritmo que había adquirido en un año de práctica calculé que me costaría unos seis meses de mañanas diarias para terminar. Esperanza Araiza, la inolvidable 'Pera', era una mecanógrafa de poetas y cineastas que había pasado en limpio grandes obras de escritores mexicanos. Entre ellos 'La región más transparente' de Carlos Fuentes, 'Pedro Páramo' de Juan Rulfo. Cuando le propuse que me sacara en limpio la obra, la novela era un borrador acribillado a remiendos, primero en tinta negra y después en roja para evitar confusiones. Pero esto no era nada para una mujer acostumbrada a todo en una jaula de locos. Pocos años después 'Pera' me confesó que cuando llevaba a su casa la última versión corregida por mí resbaló al bajarse del autobús con un aguacero diluvial y las cuartillas quedaron flotando en el cenagal de la calle. Las que recogió empapadas y casi ilegibles con la ayuda de otros pasajeros las secó en su casa hoja por hoja con una plancha de ropa. Y otro libro mejor sería cómo sobrevivimos Mercedes y yo con nuestros dos hijos durante ese tiempo en que no gané ni un centavo por ninguna parte. Ni siquiera sé cómo hizo Mercedes durante esos meses para que no faltara ni un día la comida en la casa. Después de los alivios efímeros con ciertas cosas menudas, hubo que apelar a las joyas que Mercedes había recibido de sus familiares a través de los años. El experto las examinó con rigor de cirujano paso a paso con su ojo mágico las esmeraldas del collar, los rubíes de las sortijas, y al final volvió con una larga verónica de novillero. ''Todo esto es puro vidrio''... Por fin, a principios de agosto de 1966, Mercedes y yo fuimos a la oficina de correos de México para enviar a Buenos Aires la versión terminada de Cien años de soledad, un paquete de 590 cuartillas escritas a máquina a doble espacio y en papel ordinario dirigidas a Francisco Porrúa, director literario de la editorial Sudamericana. El empleado del correo puso el paquete en la balanza, hizo sus cálculos mentales, y dijo 'Son 82 pesos'. Mercedes contó los billetes y las monedas sueltas que le quedaban en la cartera y se enfrentó a la realidad: 'solo tenemos 53'. Abrimos el paquete, lo dividimos en dos partes iguales y mandamos una a Buenos Aires sin preguntar siquiera cómo íbamos a conseguir el dinero para mandar el resto. Sólo después caímos en la cuenta de que no habíamos mandado la primera sino la última parte. Pero antes de que consiguiéramos el dinero para enviarla, Paco Porrúa, nuestro hombre en la editorial suramericana, ansioso de leer la primera parte nos anticipó dinero para que pudiéramos enviarlo. Así es como volvimos a nacer en nuestra vida de hoy''.

(Tomado de la página de la RAE)


martes, 13 de junio de 2017

SOLSTICIO DE JUNIO: ¿VERANO O INVIERNO?



El próximo 21 de junio de 2017, a las 4: 24 UTC (Tiempo Universal Coordinado) ocurrirá el solsticio, de verano para el hemisferio norte y de invierno para el hemisferio sur. Resultará entonces que ese día será el más corto del año para quienes reciben el invierno y el más largo para quienes estaremos dándole la bienvenida al verano.
Conocido es que este es el momento del año en el cual el sol alcanza su máxima declinación norte y su máxima declinación sur, con relación al ecuador terrestre y varía cada año, pues debe calcularse con precisión ese momento del año. En el solsticio de junio, el Sol sale como unos 23,5° hacia el Norte del Este.
En cuanto a los planetas, el cielo matutino estará dominado por Venus durante todo el verano y por Marte desde mediados de agosto, mientras que en el vespertino serán visibles Júpiter y Saturno durante toda la estación. Durante el verano se producirán dos eclipses, el día 7 de agosto habrá un eclipse parcial de Luna que será visible en Australia, Asia, África y Europa, desde España podremos ver sus últimas fases, y el 21 de agosto un eclipse total de Sol visible en EEUU, que será visible como parcial en América, África y, antes de la puesta de Sol, en Europa.
El 3 de julio, poco después del solsticio de verano, la Tierra estará en el momento del año en que se encontrará más lejana del Sol. Además, en esta estación podemos disfrutar de lluvias de estrellas tan intensas como las Delta-Acuarias o las Perseidas.
La tradicional lluvia de estrellas de las Perseidas sucederá cerca del 12 de agosto y su observación se verá dificultada en la primera parte de la noche por hallarse la Luna en fase posterior a la luna llena.
En un artículo de la Academia de Ciencias de Costa Rica, se explica que «En esta fecha los rayos solares caen perpendiculares sobre el paralelo 23,5° norte (latitud de la Habana), también llamado "Trópico de Cáncer", porque hace unos cuatro mil años durante el solsticio, el Sol tenía como fondo las estrellas de Cáncer. Pero en la actualidad, el Sol no se encuentra en esta constelación en el solsticio de junio, ni tampoco en la vecina Géminis, lo cual sí ocurrió durante los últimos 2000 años. Si pudiésemos ver las estrellas de fondo de este día, encontraríamos que el Sol está cercano a la frontera entre las constelaciones Géminis y Tauro, moviéndose cada año hacia Tauro, lugar al cual recurrirá en los próximos dos mil años. Por tal razón, en el futuro sería mejor llamarlo Trópico de Tauro».
Por otra parte, en el hemisferio norte, el solsticio está asociado a las celebraciones y ritos del día de San Juan, el cual es el 24 de junio, pero se vinculan.
De ahí que en muchos países es celebrada la llegada del verano con festejos y tradiciones muy particulares, pero generalmente asociadas al fuego, resultado de costumbres ancestrales de las diferentes culturas. http://lanocheenelbolsillo.blogspot.com/search?q=Ritos+de+la+noche+de+San+Juan
De cualquier manera, la magia de la noche más corta del año (que en este 2017 será la del día 21), no supera la que se enciende con el fuego el día 23.
Celebrar la vida, la luz y el calor, es la forma en que los seres humanos agradecemos nuestra estancia en este planeta azul.


lunes, 12 de junio de 2017

PEDRO ASSEF, SIEMPRE QUEDA EL AMOR


 
Pedro Alberto Assef
21 de mayo de 2016, Plaza San Jacinto en El Paso, Texas
(Foto cortesía de Jorge García)

Hoy 12 de junio hubiera cumplido Pedro Assef 51 años. No quiso la tercera y más implacable de las moiras que siguiera habitando este planeta; no respetó el exorcismo de la soledad con su poesía: tenían celos de otras miradas y otros murmullos que inventaban las palabras a su paso.
Releyendo los poemas que aparecen y que escribiera como un conjuro contra la soledad que señoreaba sus ojos y su alma, he querido conversar con él desde su poesía, que es el único diálogo honrado que se me ocurre.
Larga vida a ti, poeta, que moras entre los dioses de la palabra que inmortaliza y vivifica. Acá se queda tu estirpe y la poesía. Para siempre has partido con la camisa blanca, como decías en Siempre escribo tu nombre bajo el agua:

El día o la noche que me toque partir
voy a ponerme tu camisa blanca
y así cuando me veas dormido para siempre
reirás y llorarás a cátaros sobre mis ojos
y tus lágrimas irán despegando poco a poco mis párpados
hasta encontrarse con el mar
igual que el primer día de la primera vez que te abrazaba
con esta lengua torpe
con esta mano oscura
sabré que no triunfó el amor sino el olvido
pero veré desde la muerte cómo crece tu aliento
cómo se va inclinando tu hermosura hacia mí.

Entonces escribo tu nombre sobre las aguas de la eterna memoria y te digo, querido poeta:

Siempre queda el amor
         La muerte es un pequeño silencio en el amor.
                                   Pedro Assef

Un silencio que duele.
Un silencio que aleja
de un manotazo
el sol
que espanta
-como el trueno-
las alas de los pájaros
la risa
y el amor.

La muerte, amigo mío,
es esa amante impía
que te roba los sueños
la poesía
el dolor
y te convierte en nombre
en recuerdo lejano
más allá del amor.

La muerte es un pequeño
y callado suspiro
que el poeta
escribió
cuando atisbó en lo oscuro
de la sombra
su adiós.

La muerte es un pequeño silencio en el amor
no dejemos que calles, poeta
no pudimos salvarte con ninguna palabra
pero como en uno de tus memoriosos
poemas
-los del hambre-
no digamos que partes
sino que te has quedado
en ese lugarcito
donde haces que todo 
se parezca al amor.

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