jueves, 30 de abril de 2015

LOS ABRAZOS: UNA EPIDEMIA DE AMOR





Hoy es el último día de abril y, aunque me acecha una legión de criaturas fantásticas desde lo más recóndito de mi imaginación, reprochándome que las abandone a su suerte (que es la inexistencia total y absoluta) y sin deseos de vestirlas con la palabra acudo a la letra escrita para dar fe de un milagro.
El martes día 28 estuve en la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo y, justo al entrar, me detuve a mirar el mapa para ubicar al pabellón infantil, sin fijarme en el lugar más próximo donde rezaba la inscripción “Abrázame”.
Al acercarse una muchacha, le pregunté por el sitio dedicado a los niños, pero ella me dijo:
—Estamos haciendo una campaña para recuperar el contacto humano, ¿me das un abrazo?
Y extendió sus brazos mientras su rostro se animaba con una enorme sonrisa. Claro que correspondí al abrazo, sorprendida y feliz.
No sé de quién fue la idea, con ese trasfondo humano y esencial que tanta falta nos hace en este mundo, casi virtual y ajeno que se ha convertido de pronto en un lugar hostil y extraño, donde una gran mayoría se relaciona con el resto de las personas para sacar sus propios beneficios, que pueden ser materiales o espirituales, pero que han dejado de lado ese impulso natural y casi místico del abrazo.
Por si fuera poco, al día siguiente en el trabajo, mientras conversaba con otra compañera, se nos acercó un colega y nos pidió un abrazo. Y le dimos el abrazo, pero me quedé pensando si será que Galeano, desde el cielo, ha enviado una epidemia de abrazos, si las personas se han empezado a dar cuenta de que, como decía nuestro cuentero mayor, el hombre tiene dos hambres: la que nos hace alimentar el cuerpo y la que alimenta el alma. El alma tiene golosinas que prefiere y algunos alimentos esenciales que no pueden faltarle.
Según un estudio realizado por la Universidad de Carolina del Norte:

"Es una terapia ideal para reducir la depresión, soledad, ansiedad, estrés y sanar tu cuerpo, pero, ¿qué otros cambios genera en tu cuerpo un abrazo? ¡Conócelos!

¡Abraza y experimenta cambios en tu cuerpo!

1. Incrementa tu confianza y seguridad
2. Reduce los sentimientos de enojo y apatía
3. Favorece la felicidad y mejora tu estado de ánimo al elevar la serotonina
4. Fortalece tu sistema inmune al aumentar la producción de glóbulos blancos
5. Incrementa tu autoestima
6. Relaja los músculos
7. Libera la tensión del cuerpo al equilibrar el sistema nervioso
8. Disminuyen la presión arterial
9. Reduce el riesgo de padecer demencia
10. Rejuvenece tu cuerpo al estimular el nivel de oxígeno en la sangre.

Por eso, entre los alimentos que jamás pueden faltarle al alma está el abrazo. Prodiguemos el abrazo tanto como nuestra sonrisa. Porque es la expresión de amor primaria y elemental, la que nos hace humanos, la que nos cura del aislamiento y la soledad.

Porque un abrazo es la caricia entre dos almas que comparten el milagro de la vida. 


Eduardo Galeano



lunes, 20 de abril de 2015

TAN SOLO UN BESO

Jazmines




Guárdame un beso tibio entre tus labios
que voy a tener frío, amor, cuando regrese
y me harán falta tus abrazos 
y escuchar tus miradas a lo lejos
cuando te busque, amor y no te encuentre
en esa ciudad azul de mis amores.

Me harás falta cuando vea
la luz del sol apagando la tarde muy despacio
confundiré los azules con tus ojos
te veré en cada parque y en todas las ventanas.

Aguarda, amor, que la noche del silencio es fría
y me duelen las horas de no verte
de adivinarte detrás de una palabra
encontrarte en el milagro increíble del deseo.

Aguarda, amor, que ya llego
tan solo con un beso.


miércoles, 15 de abril de 2015

LA NOCHE DE LA HIJA



Debo esperar la noche que me trae un padre y su lechuza. Es el primer camino iluminado por la belleza de las piedras y también la increíble noticia de un contrabando con alas que acompaña la oscuridad del corazón y lo estremece.
Quiero escribir sobre nosotros y las noches. Una lechuza no es más que una lechuza y esta verdad no alcanza para amar las lechuzas y las noches.
Me doy cuenta. Para amar todos nos inventamos un pretexto. La noche puede ser un buen pretexto.
Julia descuelga el sol desde su cuarto y las sombras llegan. La noche puede quizá ser ese pretexto si viene acompañada de un papá, su lechuza y otras piedras. Así nadie podrá hacer preguntas ni burlarse.

Un buen pretexto acalla todos los asombros.

martes, 14 de abril de 2015

EJERCICIO MATEMÁTICO








¿Hacemos un ejercicio para amarnos?
preguntaste otro catorce y noto que la cifra
si sumamos los dígitos es cinco.
Prefería un juego y no un ejercicio matemático:
a veces es difícil encontrar la solución de los binomios
aunque parezca estar a simple vista
calcular literales más altos cada vez y más lejanos.

De pronto me llega el eco de otra pregunta tuya
hecha de soledades y silencios
¿hacemos el ejercicio de olvidarnos?
Me digo que es difícil hallar ahora una ecuación para el olvido
con variables desconocidas
dejar a un lado las multiplicaciones y las sumas
—sobre todo si se refieren a noches, lunas y poemas—
nada de aplicar el mínimo común múltiplo a los sueños:
pensar solo en divisiones y restas
anocheceres y flores con el signo de menos hasta reducirlos a cero…

¿Hacemos el ejercicio de olvidarnos?
Entonces llegan los números irracionales y me abrazan
algebraicos
áureos
trascendentes
arropan mis inexactitudes y me ofrecen
la única solución posible al ejercicio
expresándolo con el número de Gelfand
elevo el dos a la raíz cuadrada de dos
y en contra de la más pura lógica matemática
racional y cuerdamente
nos trasciende.

GALEANO Y GUNTER GRASS: VIAJE A LA VIDA

Los cuentos se cuentan en la noche, porque en la noche vive lo sagrado, y quien sabe contar cuenta sabiendo que el nombre es la cosa que el nombre nombra. □ Eduardo Galeano


Hoy es un lunes luctuoso porque la muerte holló la sagrada puerta de los escritores grandes. Quizás digamos que anduvo de prisa para ir de Europa a América y ganarle un aparente pulso a la vida, pues han partido de esta dimensión física y humana dos seres que habían escrito, desde hace muchos años, su inmortalidad.
Y es que cuando la muerte sorprende con lúgubre empeño la creación humana en su grado más digno y fértil, la ausencia nos golpea y desarma, la fuerza del destino se hace real.
De Gunter Grass leí mucho menos que de Galeano. Recuerdo mi lectura de El tambor de hojalata y A paso de cangrejo. No llegué a leer su autobiografía, quizás la busque ahora, por la natural curiosidad de conocerlo mejor.
Galeano era entrañable, no solo por ser del mismo idioma. Siempre me pareció que había un destello de burla en su mirada. Leí El libro de los abrazos y ya para siempre me acompañó su palabra.
Las venas abiertas de América Latina, es el himno y la epopeya de nuestras tierras de América, aunque sea un ensayo. Si Galeano no lo hubiera escrito y dignificado con su pensamiento posterior y su vida, seguiríamos estando más cerca del silencio que oculta y que degrada.
Por eso mis palabras guardan luto por los dos grandes, pero uno de ellos me hace cuestionar la muerte aunque esta sea, al decir de Martí “la levadura de la vida”.
Por si la muerte es
"La muerte es un silencio pequeño en el amor"
 (Pedro Assef)
La muerte es el silencio
la nada
el desamparo
la muerte es una trampa que devora los sueños
la muerte es cierta o falsa
cuando por un azar
se muere de esperanza
o de fe
o de nostalgia
o de la pura vida;
es cómplice y verdugo
es ceniza en el viento
callado
que retoma el camino descalzo
las memorias de fuego
nacimientos y máscaras
la muerte es una trampa
para fingir la vida
que vuelve en las palabras.


jueves, 2 de abril de 2015

DIA DEL LIBRO INFANTIL: Se busca el cuento llamado PAZ


                                               
Para los niños que sufren hambre, frío y hasta la muerte, en estos tiempos. Para Hans Christian Andersen, por sus hermosos cuentos, en este Día del Libro Infantil.

                                    

Había una vez una niña que soñaba con encontrar un cuento. Y la niña salió por los caminos y se encontró con El patico feo al que despreciaban y lo cuidó, hasta que se convirtió en cisne. Cumplida su tarea siguió andando y descubrió un castillo de cartón donde El soldadito de plomo y la bailarina estaban condenados a morir en el fuego de una chimenea y fue en busca de La sirenita y desviaron el mar para salvar a los enamorados.

Entonces se encontraron rodeados de nieve y debieron buscar a todos los niños del planeta para que, con sus manitas tibias, impidieran que La reina de las nieves les volviera el corazón de hielo. Con Gerda y Key siguieron hasta un paraje encantado donde El trompo y la pelota, Cinco en una vaina y Los tres saltarines jugaban a plantar árboles por doquier.

Fue así que la niña comprendió que el camino de la vida está lleno de cuentos, pero los hay tristes y alegres. Llegaron a la ciudad la noche de Navidad y encontraron a La vendedora de fósforos, pequeña que tiritaba de frío y buscaron las más cálidas palabras y los abrazos más tiernos para salvarla. Y la niña se preguntó cómo podía existir una princesa a quien le fuera imposible dormir en una cama porque le molestara un frijol mientras hay niños que mueren de frío en las calles o bajo las bombas.

Entonces la niña buscó al mejor hacedor de cuentos del mundo para que le contara el más hermoso: el cuento que hiciera amigos a todos los niños y a todas las personas, en cada país, con el que pudiera combatirse el frío, el hambre y que terminara para siempre con las guerras.

Y el hacedor de cuentos estaba en una pequeña ciudad llamada Odense, en el lejano país de Dinamarca. Recibió a la niña que buscaba un cuento y le contó sus historias más famosas, muchas de las que ella encontrara en su camino y otras menos conocidas, pero ella decía cada vez: “Ese no es el cuento que busco, ese no es… ya lo conozco, y es triste”.

Él le sonrió dulcemente y dijo que había querido contar sobre la vida y había recorrido el mundo buscando y conociendo, pero en todos los lugares siempre había visto egoísmo, insensibilidad y pobreza. Que solo en los niños vive la inocencia y son capaces de soñar y compartir, de hacer amigos y brindar amor.

“¿Sabes?”, le dijo el cuentero, “Ese cuento que buscas se llamará paz y cuando lo encuentres, la Tierra toda será un lugar lleno de la magia de los cuentos y de niños que, como tú, salgan cada día a buscarlos y leerlos”.

La niña sonrió, pero siguió escuchando, leyendo y buscando cuentos porque sabe que, en algún momento, encontrará esa paz, que es mucho más que una simple palabra, porque la paz llegará el día en que los niños y las personas amen y necesiten los cuentos, tanto como se necesita respirar para vivir.


Hans Christian Andersen



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