sábado, 31 de marzo de 2012

REGALO

Te he traído un sable
como un día largo:
su estuche es de oro;
su filo, plateado.

Puedes ser Arturo
el gran rey britano
con su espada fuego
que Merlín le ha dado.

Si quieres, Iskander,
-el magno Alejandro-
quien llegó hasta Persia
en su fiel caballo.

Te quiero Bebé
y que tu regalo
sea para quienes
juegan a tu lado.

Y el sable te crece
en todas las manos,
volviéndote príncipe
aunque estés descalzo.
 .

PERUSO: RESEÑA DE YAMIL, EN EL BLOG LA EDAD DE ORO


Publicado por Yamil Cuellar en 

Mirtha González Gutiérrez
Ilustraciones: Dayron Gallardo Bernazar
70 páginas
Editorial Gente Nueva, 2008

Si alguno de ustedes va de visita a Cuba, si tienen quizás a un amigo o familiar que está en planes de viajar o simplemente conocen a alguien que desde allí viene, no dejen de pedirle, de encontrar y traer un libro para niños que se llama Peruso.
Les aseguro que Peruso ocupa muy poco espacio en la maleta y traerán algo más valioso que cualquier souvenir de los que compran los turistas para recordar que han estado en alguna parte de la tierra. Porque Peruso recoge un fragmento de la identidad cubana en los niños, algo que demoraría mucho tiempo en grabarse en video o en un disco compacto de música, ya que la identidad se obtiene a través de muchas expresiones juntas. La genialidad de Peruso, es que cuando se lee el libro, se abre una ventana enorme por donde vemos a los niños cubanos, sus bromas, sus juegos, la picardía y otras más ocurrencias.
No hay nada que contar, porque quien tiene que hacerlo es Peruso junto a sus amigos y la autora del libro. Duda que me asalta, porque ahora mismo no sé a quién pertenece el libro, si a la autora Mirtha González Gutiérrez o al mismoPeruso. Y es que cuando un personaje es tan real, creado con esa viveza, no se puede decir que pertenece a la ficción porque en cualquier parte de Cuba se le encuentra. Así los lectores olvidamos a quien escribe y pensamos que el autor no es mas que un fotógrafo con mucha suerte para retratar ese día las simpáticas incursiones de Peruso y sus amigos. A ellos, a los amigos es a quien Mirtha dedica el libro. Por ellos y para ellos es que esta hecha esta pequeña joya de la literatura cubana para niños: para los amigos. 

     

viernes, 30 de marzo de 2012

LA NIÑA QUE SALIÓ A BUSCAR UN CUENTO: PARA DESHOLLINAR NUBES...



Tomado de defondos.com
PARA DESHOLLINAR NUBES SE NECESITA...

La niña va por el camino y empieza a llover. Primero caen goterones, luego una lluvia fina como el rocío. Escampa y ella ve el polvo seco bajo sus pies. Debe haber sido sólo una nube, piensa.
A los pocos minutos un chaparrón la empapa y al mirar alrededor todo está seco menos ella. ¡Caramba! Sólo me estoy mojando yo, como si usaran una regadera. Y es verdad. Entonces ella se queda quieta debajo del agua. Cree oír unos estornudos pero no se ve a nadie más. Cuando el agua cesa quiere ver qué pasa, parada en el mismo sitio. Mira hacia arriba cuando unas patas de madera pasan casi rozándola. ¿Qué es eso?

Las patas siguen dando grandes zancadas y se pierden en lo alto. Ahora puede ver que los círculos de agua se van repitiendo en los lugares por donde pasan la patas.

Las sigue; se posan unos segundos y después siguen caminando. Se le pierden de vista entre unos robles y he aquí que del cielo viene cayendo una sombrilla gigante como un paracaídas. Colgando de la sombrilla viene alguien que aterriza cerca de ella. Imaginen a la niña al verse cara a cara con el desconocido.

—Hola, pequeña, —le dice— no te asustes.
A ella el asombro le había abierto los ojos y la boca.

—Y las patas, ¡son tuyas! —pregunta la niña.

—Si, son mías. Gracias a ellas puedo hacer mi trabajo. 
El hombrecito tenia la cara como si fuera algodón.

Espera otra pregunta, pero el susto ha aprovechado para llevarse por un rato la voz de la niña. El dueño de las patas de palo comprende y quiere ayudarla.

—Me ocupo de deshollinar nubes.
Y la lleva con él hasta los árboles. Allí están los zancos de madera, recostados al tronco de un roble y una vara larga. El hombrecito sube al árbol y desde abajo ella lo ve quitando el penacho que tiene la vara en una punta.

La niña puede hablar por fin y le pregunta qué es eso de deshollinar nubes. !Oh! Ni siquiera imaginaba que cuando las nubes están muy llenas de agua engordan tanto que no pueden correr de un lado para otro y se adormecen. Es entonces cuando el deshollinador les hace cosquillas con las plumas que lleva su escobón y ellas estornudan y pierden un poco del agua.

—Si quieres, te deshollino a ti también.
Y le pasa las plumas por la frente. La niña se siente caer en un pozo sin fondo, donde ve destellos y sombras. Sacude la cabeza. ¡Ni siquiera ha cerrado los ojos!

—¡Quién eres! —pregunta la niña.

—Recuerdas, soy el deshollinador de nubes.

—No recuerdo— contesta ella—. ¿Qué haces aquí?

—Converso contigo —sonríe el—. También deshollino los recuerdos y eso he hecho ahora. Si estabas preocupada por algo, ya no lo estarás más.

—No, por favor —le pide la niña—: necesito mis recuerdos, aunque me preocupen. Sé que he llegado a este lugar por algo y no puedo acordarme.

El deshollinador arruga un poco su frente de nube. Le parece tonto que alguien rehuse no tener preocupaciones.

—Sabes, deshollinador, debo estar haciendo algo importante, porque mi casa está lejos y nunca la hubiera abandonado si no fuera necesario. Por favor, devuélveme la memoria.

—Sea —contesta él.

Pasa las plumas en el sentido contrario y la niña suspira. Ahora es él quien quiere saber qué hace la niña por esos lugares.

—Salí a buscar un cuento —le dice.

—¿Cómo? —pregunta él, sin entenderla.

—Es sencillo. Ando por el mundo buscando un cuento —repite ella.

Él no puede hacerla imaginar cuentos con sus plumas, pero conoce a alguien. Alguien que debe saber muchos cuentos porque fabrica libros.

jueves, 29 de marzo de 2012

EL NIÑO Y EL OGRO


(Tomado de bujinkansankaidojo.wordpress.com )
El ogro Miguel le tiene miedo a los niños. Nada más verlos empieza a temblar y a echar humo por la nariz chata y las orejotas. No puede remediarlo y, de verdad, hay que comprenderlo. Sus recuerdos son terribles: cuando suspendió el primer grado su mamá le regaló un canario y su pequeño vecino lo mató a pedradas, y cuando fue a preguntarle por qué había hecho eso, el vecino y sus amigos lo persiguieron por toda la ciudad tirándole bolas de una cosa negra y pegajosa que solo después supo que se llamaba asfalto. Aunque han pasado varios años, todavía en una oreja le queda un poco, como un trofeo de la guerra callejera. El mayor problema es que no se asustan con los rugidos del ogro, ni con el humo que despide cuando se pone furioso.

Esos malos pensamientos le vienen a la mente ahora mientras pasea por el parque de diversiones, casi a medianoche. Su única tranquilidad es que a esta hora esos pequeños monstruos no están aquí.
Se sienta debajo de un roble, junto al arroyo, para mirar al cielo llenito de estrellas. Siente el sonido de unas pisadas suaves muy cerca de él y ve a un perro. El chucho lo mira y sigue su camino, Oye pisadas otra vez y es un niño quien viene. El ogro se esconde atrás del tronco del árbol para que no lo vea. ¡Qué mala suerte! El niño se sienta en el mismo lugar donde él estaba momentos antes y Miguel oye un ruido extraño. ¡El niño está llorando! Miguel mira a todos lados. ¿Será que lo vienen persiguiendo? No se ve a nadie ni se escucha otro sonido que el del llanto. ¿Por qué será que llora? El niño se levanta y empieza a gritar mientras camina:

—¡Canelo! Ven aquí, Canelo, no seas malo.
Entonces el ogro entiende que el niño llora porque se ha perdido su perro. Esto sí es extraño. Miguel está asombradísimo. ¿Un niño que llora por su perro? Una esperanza se abre paso en su cabezota de ogro: ¿este niño no será de los que matan canarios o tiran piedras? Habla bajito, para que el otro no lo oiga.
—Si llora, no puede ser malo. Quiere al perro, así que debe tener buen corazón —se dice, tratando de convencerse.
Unas ramas se rompen debajo de sus patas y el niño lo descubre.
—Buenas noches. ¿Ha visto un perro carmelita por aquí?
Al ogro le parece que sueña. ¿De verdad le dijo buenas noches ese niño, y lo trató con respeto? Se rasca los ojos con una pata. Está despierto, así que le responde:
—Buenas noches. Yo vi a un perro correr hacia allá —señala hacia unos matorrales.
El niño corre y enseguida regresa con el perro en brazos.

—Lo encontré, muchas gracias —dice y le tiende su mano para agradecerle. El ogro la aprieta y  piensa que muchas cosas van a cambiar a partir de ahora.

Cuando se es amigo de un niño que ama a su perro y es capaz de llorar por él, la vida es maravillosa, por muy ogro que se haya nacido.

DOS CARAS TIENE LA LUNA













La escoba que barre
el suelo
lleva a las brujas
al cielo.

La lluvia, flechas
de agua
que el arco iris
amansa.

Por falta de luz
la Luna
enseña
una sola cara.

El amor alegra
el alma
y el olvido
nos amarga.

Verás, en la vida
todo
aparece
con dos caras;

alégrate con la risa,
celebra
que tengas
lágrimas:

la oruga nace
y se arrastra
hasta que crecen
sus alas.

Recuerda,
todo en la vida
aparece
con dos caras.







miércoles, 28 de marzo de 2012

LA NIÑA QUE SALIÓ A BUSCAR UN CUENTO: EN EL PUEBLO DE LAS CALABAZAS (PARA MICHEL, POR LA IDEA)



(Tomado de photaki.es)



Entonces la niña piensa que en las ciudades, llenas de ruido y humo de automóviles, no va a encontrar su cuento. Decide ir al pueblo de las calabazas y probar fortuna.
Se maravilla con las calabazas que cuelgan como pájaros enormes sobre los tallos delgados de las plantas. Es una rareza, entre muchas. Los vecinos esperan la maduración de las calabazas, para probar su sabor. Dicen que una sola de ellas alcanzaría para hacer flanes durante un mes.
Las calabazas colgantes son un desafío a la lógica y he visto a personas resecas y aburridas reírse a carcajadas sólo de escuchar hablar de eso. Claro, esas son personas que llevan una calabaza hueca por cabeza. No por gusto calabaza y cabeza empiezan y terminan con las mismas silabas: caza.
Dejando a un lado a los cabeza de calabaza ( que son bastante numerosos en algunos lugares) debemos seguir la historia. La llegada de la niña coincide con la de un famoso científico, autor del invento de las enredaderas de calabaza creciendo haciendo arriba.  El otro invento era el de convertir en zumo de frutas al agua. Bastaba echar una pildorita al pozo y ya se tenia un pozo de jugo de naranja, tamarindo, melón, mango, qué sé yo.
Cuando los calabaceros se cansaban de tomar el jugo de la fruta escogida se iban a casa del vecino y probaban otra de un sabor diferente. Daba gracia verlos sentados en los portales con cubos enormes de jugo para tomar y brindar a los demás.
Todo fue bien hasta que llegó el primer problema, que por desgracia llegó  rápidamente porque no necesitaba tren, autobús, auto, ¡ni siquiera bicicleta! Pues si, llegó la sed: no quedaba un solo pozo de agua común, fresquita y transparente.
Están locos, piensa la niña. ¡Cómo podrán vivir sin agua! Un calabacero le había dicho que ahora sería ricos con esos pozos; cada cual vendería jugos de sabores diferentes y hasta podrían llevarlos a otros pueblos.
Hubo una alarma grande en el pueblo. Salen emisarios para todos los lugares cercanos porque el segundo problema es que el inventor ha desaparecido con el  dinero cobrado por las píldoras.
La suerte es que estamos en mayo y de pronto, sin aviso, comienza una lluvia muy fuerte. Los habitantes  corren por las calles para mojarse con el agua dulce y se llenan la boca de gotas de lluvia. Recogen todas las vasijas y las calles parecen un mercado de cubos y palanganas.
Por curiosidad, la niña se acerca a un pozo y saca un cubo del líquido. Lo ve transparente y sospechando qué ha ocurrido lo prueba. ¡Qué desilusión!  Es agua, sí, pero de coco.  Entonces una calabaza enorme cae de lo alto, delante de ella y explota como un globo. ¡Qué tiene adentro la calabaza! Nada de semillas o pulpa amarilla: agua simplemente.
¡Agua!
Es el grito unánime de los calabaceros. Todos se alegran y bailan bajo la lluvia. Nadie piensa en buscar al inventor. Ahora, en vez de calabazas, son pozos colgantes.




CANTO DE CAMINO


(Tomado de zunzun.cu)

Que si te cuento
lo que me dijo
el caminante
desde el camino
te vuelves grillo
por el chirrido
corcel brioso
que en un suspiro
cabalga el tiempo
de los sonidos.

Que si te cuento
lo que me dijo
el caminante
bajo, al oído,
te vas al árbol
junto al camino:
allí el sinsonte
perdió sus trinos.

Que si te cuento
lo que me dijo
el caminante,
de donde vino:
que allí el silencio
cubre el camino
pero si encuentras
tan solo un trino
de ese sinsonte
piquidormido
─de quien te cuento
lo que me dijo─
no habrá silencios
en el camino:
será la fiesta
de los sonidos.

¿Quién te lo cuenta
Sin un respiro?
El caminante
que en su camino
encontró el canto
Piquiperdido
de aquel sinsonte
que yo te digo.


Mirtha González (Cantacaminos, Ediciones Matanzas, 2011)

martes, 27 de marzo de 2012

LA CASA DISTINTA


(Tomado de mundobso.com)



Sale a buen paso de la ciudad, con todos los sueños en la mente y en su corazón. Aunque le parece estar ya en pleno campo, se asombra al ver a lo lejos torres y cúpulas. A la media hora entra en una ciudad de grandes portales y columnas, con un prado de árboles al centro.
Camina por el prado, mirando las casas de los lados, cuando ve al cartero. Sentado en un banco, la bolsa de cartas en el piso y la cabeza baja. Sin pensarlo, se acerca a él. Parece muy infeliz.
―Buenos días, señor cartero. ¿Se le ha perdido alguna carta?
Él levanta su cara, triste como un domingo:
―No son buenos días para mí ―responde―. He perdido una casa, no una carta.
―¿También reparte casas?―pregunta ella, pensando que en todo caso serían casas en miniatura que pudieran caber en su bolso.
―No. Perdí una casa: mi casa. No puedo encontrarla.
Esto es sorprendente. La niña no conoce a una persona mayor que no pueda encontrar su casa.
―¿Cuál es su dirección? ―pregunta ella.
―No tiene dirección ―responde él.
¡Qué va! Este cartero piensa que es boba. Se llena de paciencia.
―Mire, todas las casas están paradas en algún lugar. No son ni un perro, que sale corriendo, ni un pájaro que sale volando...
El cartero la interrumpe:
―¡Eso es mi casa! Como un pájaro de madera que en cualquier momento emprende el vuelo ―se da cuenta que la niña está asustada―. No estoy loco. Verás: cada día, a las doce de la noche, mi casa cambia de lugar y de forma. Lo mismo tiene cuatro balcones hoy y mañana dos terrazas; hoy diez ventanas y luego tres cocinas... en fin, siempre distinta.
―¿Y el lugar? ―se interesa ella.
―Puede amanecer en cualquier continente o país. He viajado el mundo a bordo de mi casa.
“ ¡Dime tú! Como si fuera un barco o un avión,” piensa la niña.
―Pero habrá algún amigo que pueda darle noticias sobre el paradero de esa casa tan particular.
―¿Amigos? ―pregunta él, asombrado―. No he tenido tiempo para hacer amigos. La pasaba tan bien en casa,―suspiró― y siempre temí perderla... ¡la cuidaba tanto!
―¡Es increíble! Que usted quiera más a una casa y no le interesen  las personas. Por eso se siente tan solo. Y con ese oficio tan bonito de hacer conversar a las personas a pesar de cualquier distancia.
Lo convence para terminar de repartir las cartas, recorren las calles y van conversando con las personas. Al final del bolso encuentran un sobre que no tiene dirección. Solamente dice:
Esta carta es para el Cartero.

Muy rápido el cartero rasga el sobre y lee lo que está escrito en el papel.
Estimado inquilino:

Me he cansado de estar siempre vacía, sin niños que jueguen en mis jardines, terrazas o balcones; sin pájaros que canten en los árboles, sin árboles porque siempre tienes un muro tan alto a mi alrededor que no puedo ver más allá de mis portales. Por eso he decidido que voy a ser una biblioteca, o una escuela. Lo importante es vivir. Si cambias, te enviaré mi dirección. Se despide,

La casa.

El cartero y la niña se miraron. Ahora sabían por qué la casa había escapado.
― ¿Tendré esperanzas de que regrese? ―preguntó el cartero.
― Eso depende de ti. Los egoístas no les gustan a los demás. Es un problema de tiempo. Seguro regresa. Algún día.

LA PÁJARA PINTA


(Tomado de ilustrared.cl)
















Estaba la Pájara Pinta
bordando al sol
un mantón.

Borda que borda la Pinta
con hilo de oro
y punzó.

−¿Qué le has bordado, mi niña?
−Bordo en la rama
una flor.

Bórdale, Pájara Niña
con tu sonrisa
el amor.

lunes, 26 de marzo de 2012

SOLEDAD (El lobo de Caperucita)

(Tomado de vxv.com) 

Es triste que te traigan al mundo, real o imaginado, solo para mostrar que la maldad acecha y no se puede confiar en los extraños, armados con colmillos de lobo y astucia suficiente para indicar falsos caminos.
Ni una voz se alza para comprenderte. Si algo llega a alzarse es el hacha del leñador para señalar tu salida de escena. Es el mundo un teatro donde no te ofrecen flores ni pasteles. Tu personaje no lleva en el vestuario ni una sola caperuza para cubrir la pelambre de bandido. Estás solo en el bosque y en el escenario. No tienes amigos ni caminos. Tu hacedor apenas te concedió el beneficio de la duda. No sabemos quién es la verdadera víctima.
El final del acto no es la muerte. Detrás del telón de páginas te aguarda la soledad, oculta en su cabaña.

PAPEL DE MAMÁ (otro de Talía)




Siempre que juego a las casitas con Maribí, con Aiara o con Camila, hago de mamá y ellas son mis hijas. Si ha venido mi prima desde aquel lejano país, soy una mamá con tres hijas. Cuando ella no está tengo tres menos uno, dos hijas (ahora estoy practicando la suma y la resta en la escuela). Si nada más jugamos Camila y yo, o Maribí y yo, soy la mamá de una sola hija. Pero siempre, siempre, soy mamá, porque no me gusta jugar sola. A mí me gusta hacer de mamá porque las puedo mandar a bañarse, y también a callar. Camila es la que protesta.
El otro día hicimos una casita en el patio y le dije: “Niña, ve a bañarte, que voy a hacer la comida.” Ahí mismo empezó a protestar, igualito que cuando mami me manda a mí. Dijo que era muy temprano, después que el agua estaba fría, que si esto o lo otro. Hice entonces lo mismo que me hace mi mamá.
La cogí por la mano (yo tengo más fuerza que ella) y la obligué a entrar en la palangana grande, con ropa y todo. Camila empezó a gritar y salió mami. “Talía, ¿qué le estás haciendo a Camila?”, me preguntó.
Verdad que con ropa puesta nunca me he bañado, pero estábamos en el patio y no en el baño. Sacudí las manos mojadas y le dije a mami lo mismo que ella me dice: “Yo soy su mamá, y así va a aprender a obedecer. Ella va a saber quién manda en esta casa.”
Nunca pensé que mi mamá pudiera abrir tanto los ojos, pero cuando me miró, sus ojos eran como dos platos. Parece que por abrir tanto los ojos no pudo hablar, porque dejó de regañarme y entró rápido a la casa. Claro, se llevó a Camila para cambiarle la ropa, no fuera a ser que cogiera catarro.
Desde ese día no ha vuelto a decir aquello en el baño y yo, por si acaso, no me niego a bañarme. No sé, pero pienso que a lo mejor se le vuelven a poner los ojos como platos si no la obedezco y a mí me gusta verla reír con esos ojos medio chinos que se vuelven una rayita y parecen dos estrellas chiquitas que se encienden y apagan como las luces de los cocuyos.

domingo, 25 de marzo de 2012

LA VERDAD TIENE CORTA LA NARIZ

(Tomado de http://www.labsk.net/wkr/archives/8797
Se equivocó de cuerpo la madera. Es dura, terca e inflexible: no basta alargarse para advertir al mundo las mentiras de Pinocho. Los burros no escuchan cómo crece el amor bajo el serrucho. ¡Traed una conciencia, con violín! La música importa, a pesar de los truhanes. El sonido del violín atraviesa los sueños.

Crece la mentira en la madera. Pese a cortar de un tajo la nariz, un loco enciende fósforos para buscar la verdad. Sólo él lo sabe.
La verdad yace oculta en el vientre de la última ballena. 

GRACIAS DE ENREDO

(tomado de http://redescritoresdecoquimbo.ning.com/)






Sobre el río cruza el puente

y sobre el puente, un camino

en el camino una casa

y en la casa, mis amigos.



Gracias, río por tu puente,

al puente por su camino

y al camino por la casa

donde viven mis amigos.




sábado, 24 de marzo de 2012

LOS AMIGOS DE ANDURIÑA (otro de Peruso)


A Peruso le encanta bailar trompo. Sus amigos le hacen un círculo para ver cuánto tiempo lo baila en la palma de su mano o en el aire, colgado de la pita. La pandilla de muchachos está entretenida alrededor cuando llega Lazarito con cara de no querer jugar, ni mirar jugar. El trompo se paraliza en el aire. Lázaro les cuenta sus apuros. Su madre no lo deja tener un perro, ni siquiera sato.
 —Voy y le pregunto a mi mamá, ¿puedo traer un perro a la casa? No, contesta ella. Los perros cuestan mucho dinero. Qué va, le digo yo, me lo van a regalar. ¡De eso nada!, me grita. Detrás de los perros vienen las pulgas, las garrapatas y tus amigos. Nada de perros, ni comprados ni regalados, y punto.
Entonces Peruso se asombra.
— ¿Tu mamá tiene un lápiz en la lengua?
— Claro que no —Lazarito saca la lengua—.Tiene una lengua así como la mía, un poco más larga y gorda. ¿Por qué?
— Es por lo del punto; para poner un punto hace falta un lápiz y si ella quiere ponerlo hablando será porque tiene uno en la lengua.
Un ¡Ah! de admiración recorre el grupo. Este Peruso es un genio. Se le ocurre una solución para el problema de Lázaro: un perro prestado. Una madre puede prohibir un perro regalado o comprado pero no puede ponerse brava si a uno le prestan un perro, vaya, que los amigos están para ayudarse.
Ana Carla se brinda para prestarle Anduriña. Le advierte que sólo come puré porque el arroz le hace daño; se le llena el cuerpo de unas bolas rojas con puntos negros y después anda como una semana rascándose. Peruso se rasca la cabeza, pero para él también son un misterio las bolas negras.
Lázaro va para su casa con Anduriña bajo el brazo. La pobre perra tiembla, ¿sabrá qué le espera? La pandilla se queda abajo, esperando, y lo ven regresar enseguida con la perra cargada.
— ¿Qué pasó? —preguntan todos.
—No hay forma, muchachos. Mi mamá me dijo: muy inteligente, ahora voy a averiguar quién quiere tener un niño prestado con su perro prestado.
Se quedan asombrados. No hay dudas. La madre de Lazarito es una bruja disfrazada que se hace pasar por una mamá común y corriente. Pero hay una pregunta que no se les va de la cabeza: si es una bruja, ¿dónde habrá escondido la escoba?

EL RESCATE




A Peruso y sus amigos les gusta ir al cine. Si la película es de animados, mejor. Pero este sábado llegan al cine y en vez de estar poniendo una película tienen a los muchachos buscando un tesoro escondido. ¡Qué gente más loca!, y a eso le dicen ahora animación cultural. Lazarito pregunta, sorprendido:
─Peruso, ¿al cine le dicen el séptimo arte?
El otro ni contesta. Lazarito aclara:
─Vaya, porque puede ser que los tesoros escondidos sean cultura, pero el arte también es cultura, ¿o no? Raulín lo tira a relajo.
─Yo creo que es Peruso quien hace la programación. ¿Por qué no vamos al parque de diversiones? A lo mejor allá están poniendo películas.
Van a sentarse al prado, a pensar. Osvaldo rompe el silencio para anunciar que su mamá va a comprar un equipo de video. La pandilla no recibe la noticia con mucha alegría. Eso de pasarse horas delante del televisor es como caer en una trampa. Esa misma tarde se enteran de que trajeron el equipo a casa de Osvaldo, y él, hasta los llama para que suban a ver una película, pero la pandilla se va al río para darse un chapuzón.
El tiempo les da la razón. Por el video ya no se le ve el pelo a Osvaldo. Pueden invitarlo a cualquier cosa que no baja. Eso los obliga a organizar el rescate, solo que no es tan sencillo como el caso de la escoba. Aquí el trabajo es muy técnico y cuidadoso. Osvaldo no puede sospechar que ellos quieren alejarlo del video.
En el cuarto piso, por la otra escalera, vive Ramón el científico (así le dicen ellos). Tiene la azotea convertida en una estación de satélites hechos con tubos, alambres y espejos. Esperan que esté solo para contarle el caso de Osvaldo. Ramón todavía no entiende qué quieren hacer ellos. Peruso le explica:
─Queremos hacerle interferencias. Hay que tratar de virarle al revés el video, para que se aburra.
─Eso es bastante difícil ─explica Ramón─, déjame pensar a ver cómo podemos hacerlo.
Pasan dos o tres días. Los de la pandilla parecen disimular dando vueltas hasta la esquina del supermercado. Osvaldo es el pitcher del equipo y lo han perdido. En vano el papá de Leonel trata de convencerlos para que entrenen a otro. Por fin, Ramón les manda un aviso con Dianamari. Ellos van a su casa como si fueran flechas disparadas por Robin Hood.
El científico les explica la idea y se ponen contentísimos. Osvaldo ha buscado por todas partes la película de El rey León y llega de la escuela a encender el video. Ve los anuncios y le parece un poco rara la música. Ajusta el volumen y sigue igual. Cuando la mamá de Simba empieza a hablar con el padre, Osvaldo se queda boquiabierto:
─Mi amor, hoy va a llover y mejor nos quedamos en la casa. ¿Quieres que compremos unas pizzas?
El rey león mira desde la colina hacia el valle.
─Te estás poniendo vaga, o no sé si es para que me quede en la cueva, pero a mí me encantan las pizzas… Osvaldo apaga el video. “¿Me estaré volviendo loco? Esos leones no pueden estar hablando de pizzas .No, y lo más bonito, las voces se me parecen a las de Ana Carla y Peruso. Deben ser imaginaciones mías”. Adelanta un poco la película y vuelve a encender el video. Hay una escena del pequeño Simba con Timón y Pumba. El mono está cantando una canción, ¡no es posible! “Señora Santana, por qué llora el niño…” Como si tuviera pesadillas, baja todo el volumen y deja solo la imagen. Abre la puerta del bacón y se asoma. Abajo no hay nadie.
Después de coger un poco de fresco vuelve a entrar. Le pone volumen a la película. Ahora es peor. Los tres amigos van por la selva y se oye cómo discuten.
─Fue out, lo cantó el árbitro de tercera ─dice Timón.
─¡Eso es tremendo descaro! Fue quieto, y lo de ahorita, era bola y cantaron strike ─replica Pumba.
Ya no puede más. Apaga el equipo, lo desconecta. Piensa que está roto. Como todavía está solo en la casa, coge el guante y la pelota para bajar.
Los muchachos no se ven. Chifla varias veces. Allá en el balcón del cuarto piso ve asomarse la cabeza de Leonel.
─Leonel, ¿dónde están los otros? ─pregunta.
Se asoman otras cabezas al mismo balcón. ¡Qué extraño! Ellos nunca habían subido a casa de Ramón. Les vocea para que lo oigan.
─¡Vamos a echar un juego! ─grita y les enseña el guante.
Cuando empiezan a jugar, Peruso le pregunta, haciéndose el bobo:
─Osvaldo, ¿cómo está el vídeo?
─Regular, Peruso ─responde él─. Ustedes tenían razón. Uno se aburre y se vuelve medio loco de estar mirando tantas películas. Figúrate que yo oía hablar al rey León y su voz se me parecía a la tuya.
Peruso hace un esfuerzo para aguantar la risa.
─¡No me digas, chico! ¿Será que de verdad tengo voz de actor de cine?

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