lunes, 18 de junio de 2012

PELIGRO DE EXTINCIÓN


(Tomado de zazzle.es)


¡Cómo me gusta el helado de fresa! No importa que sea en barquillo, en bolsas o en esos vasos plásticos con tapa que venden en las tiendas. Todos saben que es mi preferido y cuando me traen helado, siempre es de fresa. Ayer fuimos al cine mami y yo, pasamos al regreso por una cafetería y ella compró, pero como era muy tarde, lo guardé para hoy, así podré disfrutarlo mejor. Después de la comida, claro, porque mami empieza a decir: «solo un poquito, Talía, que pierdes el apetito», y me echa a perder el gusto del helado.
¿Quién será esa señora que está en el portal de mi casa? Me parece conocida, pero no recuerdo bien. Para su desgracia, me dice lo mismo que todo el que quiere ser simpático con un niño (o niña, en mi caso):
— ¡Cómo has crecido! Mírate, si eres ya una mujercita.
Pienso que ella no se ha enterado de que estamos en el siglo XXI, como le gusta decir a mi tío. ¿Será que es historiadora y estudia los tiempos antiguos? Pero sonrío, para no ser maleducada, y le doy un beso a ella y otro a mamá. Mi mamá, que no tiene un pelo de boba y me conoce cantidad, me explica:
—Talía, ¿recuerdas a Rosario? Es la bióloga que conocimos cuando estuvimos de vacaciones en la Ciénaga de Zapata. Se quedará en la casa porque mañana dará una conferencia en el Museo de Historia Natural.
— ¡Mi madre! ¡Se va a quedar hasta mañana!
Rosario me dedica una sonrisa igual a la de las mujeres que aparecen en las revistas de modas que lleva mi maestra al aula y yo respondo:
— ¡Qué bien! Mami, hoy tengo muchísssimas tareas. Me avisas cuando esté la comida.
Entro rápido y dejo los libros en el cuarto. Por si acaso, voy a la cocina y reviso el refrigerador. ¡Cómo! Han abierto mi helado, y falta la mitad. Esa debe ser Rosario, porque a mamá le gusta la vainilla y jamás, ¡jamás! come mi helado. Esto me pone muy, pero muy brava. Con razón no me había caído bien. ¿Cómo una persona que trabaja con la naturaleza puede ser artificial? Es como si a quienes escriben cuentos o canciones, o trabajan en las obras de teatro para los niños no le gustaran los niños. Me escondo detrás de la cortina de la ventana para oír de qué hablan, aunque está mal hacerlo, y Rosario está explicando a mamá de qué trata su conferencia. La oigo decir:
—Ni te imaginas la cantidad de especies que se salvan gracias a la aplicación de la veda. Claro, hay personas que la ignoran y siguen cazando animales o aves, casi siempre porque las venden muy bien, o porque las comen, como la jutía o el manatí. Es un trabajo de mucho tiempo y paciencia proteger a las especies en peligro de extinción.
¿Hay una cosa que se llama veda y salva a los animales? A lo mejor la veda esa también puede ayudarme. Tengo que buscar en el diccionario. Cuando encuentro la palabra (quien lea esto, puede buscarla también), ya sé qué debo hacer para evitar la extinción de mi helado.
Como lo más rápido que puedo y pido permiso para dejarlas a ellas en la mesa. Mamá se extraña cuando ve que voy para el cuarto, pero no me pregunta porque ella sabe que debe ser por algo ¡muy importante! Por eso me acuesto y me hago la dormida cuando, al poco rato, abre la puerta de mi cuarto. Pero claro, no la puedo engañar, porque es mi mamá.
—Talía, sé que estás despierta. Hemos hablado muchas veces de que no se puede ser egoísta. Debemos compartir con los demás, sobre todo, hay que ser educados. Rosario es nuestra invitada.
Como ve que no hablo, dice un «hasta mañana» muy serio y se va. No importa, ya se le pasará. Tal vez ella tenga razón y deba dejar de ser egoísta, aunque pienso en otras personas y lo compartiría: con Aiara, con Camila, con mi abuela, pero con ella…
Lo único que deseo es que haya logrado salvar mi helado. El letrero es bastante grande, lo envuelve todo y dice:

VEDA PERMANENTE
¡PELIGRO DE EXTINCION!




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