sábado, 30 de junio de 2012

MI FAMILIA MUMIN


(en.todoroms.com)
Hay libros que nos marcan para toda la vida y su recuerdo nos acompaña en momentos de felicidad, de nostalgia o alegría. En ocasiones he debido tomar decisiones difíciles y hay personajes que me han servido de inspiración, más aún que personas reales, quienes indudablemente también se han incorporado a mi personal y más íntimo imaginario.
Pero hay algunos que van más allá. Esa experiencia la he tenido con un amigo muy querido y rojo, pues es pelirrojo y se sonroja al hablar, por lo que lo he nombrado Erick el Rojo, como un pirata vikingo de aquella película de nuestra infancia: mi extrañado José Manuel Espino, exquisito poeta y amigo entrañable. Hemos compartido muchas experiencias y, así como admiro su talento y originalidad poética, él me la devuelve divirtiéndose con mi manía de escribir cuentos y ver la vida como un cuento, cuya trama a veces se complica, nos hace sufrir o ser felices, para luego sorprendernos con giros inesperados. Creo que nada de lo que escribe me es ajeno. Su libro de Nunca Jamás es mi lectura obligada, aunque sabe que adoro la parte del amor de Garfio por Wendy. La intertextualidad con Peter Pan y Wendy le suma encanto. Por eso, cuando nos tratamos me llama Scherezade y por eso cuando escribe me manda un dedal, que es un beso en el lenguaje Nunca Jamás.
Hay libros que se integran a la familia y de pronto estamos viviendo como esos personajes, actuando y tratándonos como ellos. Leí hace poco un excelente artículo de Antonio Orlando Rodríguez sobre la saga de Tove Janson y me entró el deseo de escribir unas palabras sobre cuanto ocurre con mis hijos y estas historias de troles encantadores.
Para empezar, es cierto que soy la Mamá Mumín, porque hemos vivido las mayores tribulaciones e increíbles aventuras sin alejar la sonrisa de nosotros y, a pesar de sufrir tristezas en algunas etapas de nuestras vidas, la magia de la palabra nos ha salvado de caer en la rutina o la desesperanza. Aunque debamos hacer una adaptación en tiempo y situaciones reales, somos la familia Mumín, no cabe dudas. Mi hija es la Esnorquita, así que siempre la advierto en contra de querer tener las pestañas largas (aunque sea lograda por el deseo expresado al más solitario de los magos), ha aprendido a poner otra hoja de abeto en la mesa para acoger a los nuevos amigos, con toda la dulzura y delicadeza de su alma , y ahora ha logrado traer más felicidad al valle con un pequeño Esnorque que ha vuelto todo al revés, como el soplo de aire nuevo que entra sin pedir permiso y nos regala la felicidad cuando nos miran sus ojos o se acurruca en los brazos de cualquiera de nosotros  Mi hijo Mumín tiene a sus Manricos y Esnorques que están con él en cualquiera de las estaciones: con armónica o sin ella, se sienta en el pretil del puente de la vida siempre acompañado. Se ha ocultado muchas veces dentro del sombrero del mago y ha sido reconocido por mí todas las veces porque, de tal madre, tal Mumín. Han crecido tiernos y fuertes, escuchando siempre los consejos y los avisos que nos traen las mariposas y los cucos que vuelan cuando termina el invierno. Por mi parte, siempre deseo que cuando se les aparezca una mariposa sea dorada, como el sol.
Nos alegramos en los cumpleaños y celebramos cantando Todos los bichitos se ponen un lazo en su cola y nombramos Aventura a ese barco que es nuestra vida y al cual bauticé lanzándole el más poderoso de los conjuros para estar juntos siempre y una botella con el rocío de las mañanas hermosas de nuestro verano, dejando al papá Mumín escribir sus memorias y azares.
Por eso creemos en nosotros como hacedores de una magia que nos dio el sombrero del mago y coleccionamos amigos, esperanzas y amores que recogemos cuidadosamente en el delantal del Jemulén diario, desde este valle que compartimos y que nada tiene que ver con las fronteras naturales o humanas, donde la calidez del corazón convierte siempre el invierno en primavera.

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