martes, 5 de junio de 2012

HISTORIA DE LA LUNA Y EL PAPALOTE


(Tomado de blog.educastur.es)



Hubo y hay muchos niños que empinan papalotes en el viento, porque se entretienen sintiendo cómo el aire travieso trata de llevárselos lejos. Cuando uno se da cuenta, debe sostener el cordel para que no se vaya a bolina.
Si se unen varios papalotes para volar juntos, parecen una bandada de pájaros con sus rabos de colores chiquitos, y es que la tela para la cola sale de retazos que guardan las abuelas en casa, después de coser.
La historia empieza una tarde tranquila en que Riqui sintió deseos de volar su papalote, porque el viento soplaba y no se veían nubes que anunciaran la lluvia. Siempre Riqui empinaba a Volador hasta el atardecer, pero ese día estaba tan entretenido que no se dio cuenta de la luna redonda asomando por el horizonte. ¡Flotaba Volador tan alto, cerca de las nubes!
Así volador conoció a la Luna y ella vio al papalote  columpiándose entre las nubes. Nunca había visto esos colores de papel tan bonitos y él jamás imaginó encontrar ese aro plateado en el cielo.
Entonces fue cuando se enamoraron.
La Luna se apenó porque Riqui bajó su papalote. El niño fue para la casa a comer y hacer su tarea. Allá en el cielo quedó la enamorada, suspirando por su papalote.
Luego se volvieron a ver. ¡Si hubieran visto cómo se miraban! Esa noche se prometieron amor la luna y el papalote.
Eran felices, pero también estaban tristes. Felices porque se querían y el amor hace buenos y alegres a todos. Estaban tristes porque  casi no podían verse. Por eso un anochecer Volador se fue distrayendo mientras contemplaba a su linda prometida y de pronto ¡zas! se quedó enredado entre las ramas de una frondosa ceiba y no pudo volar más.
La luna lo vio todo desde arriba. Si fuera niña y pudiera llorar, seguro habría llorado. ¡Estaba tan triste! Empezó a encogerse de la pena y todos vieron asombrados cómo se ponía  más chica, y si primero parecía una naranja ahora era casi una tajada de melón.
Las nubes se dieron cuenta y como eran buenas amigas, la ayudaron a bajar hasta el árbol donde estaba Volador.
Durante unas cuantas noches el cielo estuvo sin luna porque ella y el papalote tenían muchas cosas de qué hablar.
Hasta que regresó lozana y luciendo toda su redondez de plata. Pero con el tiempo, volvió a extrañar a su enamorado. Se empezó a encoger mucho y después  fue en una nube a hacerle otra larga visita. Conversaron y conversaron.
Por eso, si ustedes se fijan bien, a veces la luna aparece redonda, luego le falta un pedazo, otro más y hasta que no ve de nuevo a su papalote, no vuelve a estar como antes.

Cuando está entera
es luna llena,
si pena tiene,
cuarto  creciente
y luego sale
cuarto menguante.
Después contenta,
es luna nueva.
Pero muchos no saben, como nosotros, la historia de la luna y su  papalote.

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