miércoles, 26 de diciembre de 2012

ENCUENTRO



Era muy joven cuando empecé a escuchar las canciones de Amaury, Pablo, Silvio... Creo que todos los jóvenes de mi generación lo hicieron. Disfruto mucho las canciones de los tres, pero por alguna desconocida razón (o conocida) siempre preferí a Amaury. En aquellos tiempos, en Cuba, la televisión y la radio eran los medios por los cuales se conocían y disfrutaban los artistas nuestros. Veíamos todos los programas musicales de aquel entonces. Recuerdo sobre todo uno que daban al mediodía en el cual veíamos a las figuras de entonces. Amaury pertenecía al movimiento de la Nueva Trova, pero había una diferencia entre él y los demás. La música de sus canciones tenía otro tempo, era diferente. Más tierna, algo que no acertaría a describir aunque la apreciara, sin contar que se abría en un amplio diapasón hacia la música popular como aquel tema que interpretaba a dúo con Mirta Medina, antológico, Porque ya no me vas a querer.
Todas esas diferencias, sutiles o no, lo fueron haciendo especial para mí y mi preferencia se ha mantenido a lo largo de los años. Como el buen vino, ha ido mejorando con los años, de manera que siempre lo disfruto a pesar de que nuevos intérpretes o compositores, cubanos o extranjeros, se añadan a la lista de favoritos él sigue ahí: entrañable, insustituible... con la permanencia de la elección del corazón y los oídos.
Lo sentí un poco lejano en aquellos días suyos de México, pero tenía sus canciones y escuchaba sus nuevos álbumes que, por suerte, la mayor parte de las veces llegaban de manos amigas o por las trasmisiones de Cuba. 
Me gustan (y aquí sí puedo utilizar la dichosa palabrita que los especialistas destierran del habla común de los simples mortales) todas sus canciones, aunque escucho unas u otras en dependencia de mi ánimo de turno: Acuérdate de Abril, Encuentros, Amigos, Amor difícil, No lo van a impedir (¡!), Hacerte venir, Olvídame muchacha, Dame el otoño, Por las ausencias, Abecedario, Mis confesiones… en fin, todas.
Increíblemente nunca he estado en un concierto suyo, así que mi disfrute ha sido muy particular e íntimo. Los cubanos saben que a veces es muy difícil asistir en La Habana a un concierto y las veces en que lo he visto más cerca ha sido en las ferias del libro.
Celebré y disfruté su programa de entrevistas: no lo perdía en Cuba cada semana, esperando la inesperada aparición de la personalidad que seleccionara, todos imprescindibles de nuestra cultura, fuera cual fuera el ámbito en el cual se destacaran. El tema, a dúo con Silvio, es increíblemente hermoso. 
Su libro de poemas fue una sorpresa y su novela, otra mayor aún, la que pude leer y sin que se considere una obras maestra, creo que es sincera, amena y revela ese desgarramiento que sufre quien está lejos de su tierra y las contradicciones y a veces surrealistas normas que debemos acatar. Ahora ya no son 11 meses, son 24 y, de alguna manera, esa obra suya contribuyó a la transformación. En toda su obra, literaria y musical, hay un profundo sentimiento de humanidad que la trasciende e inmortaliza.
Por eso hoy, que es su cumpleaños, quiero dedicar unas líneas a decirle que ha estado presente en mi vida de forma significativa. En mis amores, tristezas, desamores, ansiedades o decepciones. Hay temas que prefiero por su relación con momentos especiales, pero quiero agradecer su conducta inclaudicable, su profunda cubanía y sencillez, su manera de hacerse indispensable para la vida de millones de personas en todo el  mundo. 
Ahora tengo facilidades para disfrutarlo, gracias al acceso a Internet, con youtube, aunque no están todas las canciones que quisiera escuchar. Noto sobre todo la falta de Los inteligentes no están de moda o Carmen, ese poema de Martí que musicalizó y amo como poema y como canción en su voz.
De su música puedo decir lo que su tema del mencionado programa televisivo: con dos que se quieran basta.
Desde esta humilde página lo felicito y le deseo toda suerte de bendiciones. Puede ser muy largo el camino, pero siempre será hermoso si su música y su voz me acompañan, y me hacen sentir que no estoy sola, en contra del poema de Salvatore Quasimodo. No estoy sola sobre el corazón de la Tierra si las canciones de Amaury me acompañan.

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