miércoles, 12 de diciembre de 2012

12-12-12



Desde siempre he jugado con los números y las palabras, sus posibles significados y qué han representado en mi vida. Hay números que prefiero por razones que a veces resultan difíciles de explicar. Es como si me trasmitieran un mensaje secreto que solo mi corazón descifra.
Hace unos años, cuando hay fechas en que coinciden los dígitos de dia, mes y año, todas las personas las asocian a eventos extraordinarios o que pueden ser particularmente dichosos y el momento apropiado para pedir gracias especiales o la realización de un deseo decretado desde mucho tiempo atrás.
Hoy es 12 de diciembre de 2012 y se repite el 12, pero como estamos en el nuevo milenio, hay un dos adicional y me he puesto a pensar en que el número 2 es casi tan mágico como el 3. Pensemos que casi todo en el cuerpo humano es doble: los ojos, las cejas, los brazos, las piernas, los pulmones… en fin. El dos simboliza también la unión, la pareja… En la vida todo va con dos caras, como digo en un poema pues existen dos sexos, dos estados de actividad (sueño y vigilia), dos astros principales (el sol y la luna) que determinan dos ambientes: la luz y la oscuridad (el día y la noche).
Tenemos dos padres, y su unión es la que nos dio vida y respiramos, crecimos y somos gracias a ellos, marcando para siempre un tiempo que puede ser que exista después de ellos, pero nunca antes. Tengo dos tías que adoro, aunque una de ellas partió hace poco y la extraño enormemente. Dos tíos, porque eran 3 y uno también se ha ido.
Por asociación, entonces, llego a que dos son mis hijos y son para mí como mis pupilas, mis brazos, mis piernas y dos razones muy importantes para vivir. Cuando me faltan ando errante, necesito sus palabras y escuchar sus voces. Ahora han empezado a multiplicarse y aunque tengo un solo nieto, en algún tiempo futuro, vendrá otro a acompañarlo, para que sean 2.
Retomando el doce, llego entonces a que somos 12 entre 2 la cantidad de hermanos (6) y crecimos en un país maravilloso que nos dio lo que le falta a muchos en otros lugares: sensibilidad, humanismo y cultura, a pesar de las escaseces y cualquier problema material. Crecimos juntos, compartiendo los juegos, la imaginería particular de mi familia que tiene su propio lenguaje y que nos hace hablar cuando nos vemos como si reanudáramos la conversación de unos minutos antes, aunque pase hasta un año sin vernos.
Recordamos a menudo nuestras peleas, encarnizadas más con unos que con otros, las afinidades y las diferencias… pero nos mantenemos siempre como los mosqueteros: todos para uno y uno para todos, aunque la vida se ha empeñado en conducirnos por distintos países o caminos, estamos unidos por la sangre (grupo sanguíneo O positivo que es el mismo para mis hermanos y yo, también para mis hijos), pero más que todo porque el amor de nuestra madre y la (áspera a veces) disciplina del padre nos hizo ser sensibles y fuertes a la vez.
Entonces pienso que en este día todo me remite una y otra vez a mis orígenes, a mi familia. Nada es más importante para mí y ninguna diferencia pasajera logrará apartarnos en este incierto camino que es la vida, donde necesitamos a veces mirar atrás para ver el trecho andado, pero brevemente, pues por delante hay un ancho y venturoso camino por recorrer, donde seguiremos, igual que los dedos de las manos, diferentes y unidos por una raíz común; abiertos para recibir los dones del Universo y unidos como un puño cuando es necesario.
Son doce los signos del Zodiaco, doce los meses del año, los apóstoles de Jesús, y doce es el año que está por terminar y que agradezco, desde lo más hondo de mi alma, porque me ha permitido ser feliz en compañía de mi familia y seguir respirando el aire, contaminado o no, que me anuncia que este es un día importante, porque estoy viva. Y estar vivos es el regalo mayor que nos puede hacer el Universo, hoy y todos los días por venir.




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