miércoles, 25 de junio de 2014

De Disquisiciones, SUCEDE EN EL SIGLO XXI

Fotingo de la década del 20, posible autor de fotutazos

Por: Fernando Carr Parúas

La Real Academia Española aceptó, desde 1970, oficializar la voz claxon como parte del léxico español, con igual grafía que la inglesa, y con el significado de ‘bocina eléctrica de los vehículos automóviles’. El plural es cláxones, y no “claxons”. De igual forma puede ser usada la voz bocina. En Cuba decimos fotuto a la bocina. En la parte oriental de Cuba, fotuto también es ‘trasero, asentaderas, nalgas’. Fotuto es, en la parte central de la isla cubana —también en otras partes de América—,un caracol cónico, bastante grande, al cual se le abre un pequeño hueco por el ápice que, al soplar por él, se hace sonar. El resultado de la utilización de la bocina, es decir, su ‘acción y efecto’, es bocinazo; del fotuto, fotutazo; y del claxon, claxonazo, pero esta última voz no aparece registrada en el Diccionario. El origen de la voz inglesa claxon está en una antigua marca de bocina.
Una curiosidad: En la parte central cubana y más concretamente en las zonas más orientales de la provincia de Villa Clara, en la provincia de Sancti Spíritus y en la parte occidental de la de Ciego de Ávila, la frase tocar el fotuto (a alguien), además de que signifique fotutear (palabra cubana ya incluida en la edición del DRAE de 2001 y que equivale a la española bocinar, esto es, ‘tocar la bocina’), no es lo que significa en algunas provincias orientales de Cuba, o sea, ‘tocar el trasero a alguien’.
En esas zonas del centro del país, tocar el fotuto (a alguien) tiene una connotación folclórica, pues se trata de una costumbre bastante arraigada en algunas localidades campesinas y semiurbanas, y que consiste en que, cuando un hombre es engañado por su mujer —y él lo ignora—, por las noches un grupo de vecinos se sitúa cerca de la casa y hacen sonar sus caracoles hasta que el engañado sale y dice algo, como, por ejemplo: “Voy a investigar el caso”. Según la información que tengo, cuando esto sucede es que existen más que evidencias notables para los vecinos. Así es que el esposo toma el aviso como algo serio.
Si el engañado se separa de la mujer, ahí terminó “la fiesta”; pero si se pone de acuerdo con ella y continúan juntos, pues nuevamente hay “fiesta de fotutazos” y van entonces muchas más personas con sus caracoles a “tocarle el fotuto” al condescendiente marido, pues la costumbre exige que el engañado que ha perdonado a su mujer saque una botella de ron o aguardiente y la dé a quienes tocan el fotuto, para que estos se la tomen y terminen con el escándalo para siempre.
Algo parecido sucede cuando una pareja de hombre y mujer que se han separado y cada uno hizo su vida sexual con otra persona, decide volver a unirse. Tan pronto esto es conocido, van los vecinos a tocar el fotuto, hasta que el marido salga con la botella de bebida.
Tengo entendido que, en algunas ocasiones, la cosa acaba mal: insultos por parte del marido y hasta golpes, pero la “fiesta de fotutazos” continuará, noche tras noche, hasta que el marido se dé por vencido y saque las correspondientes botellas, que entonces han de ser más de una, en pago a su testarudez. ¿Qué les parece?
Sucede en nuestro país en pleno tercer milenio. Por supuesto, es una tradición puramente machista...
No tengo referencia de que “le toquen el fotuto” a las mujeres de aquella zona cuando sus maridos las engañan...

Un comentario adicional
En diferentes momentos he tenido que ofrecer algunos conversatorios acerca del idioma español y sus usos y abusos, a pesar de que no me gusta tener que hablar en público. Sin embargo, en ellos incursiono en los casos de cubanismos, pero también me gusta incluir en tales jornadas el uso de varios regionalismos cubanos, esto es, el significado que tienen unas palabras o frases en una región que no es el mismo que corresponde en otras regiones cubanas, así como voces o frases que se emplean en alguna región del país, con su significado, los cuales son totalmente desconocidos en otra regiones.
De esto mismo trato en dos columnas fijas que tengo a mi cargo desde hace varios años en la prensa. Una de ellas es “Gazapos”, en la revista Bohemia, la revista más antigua de toda Hispanoamérica, fundada en l908, la cual también tiene una edición digital. La otra es la columna “Gazaperías”, en el portal digital de Cubarte.
Digo lo anterior para significar que, con tantos años escribiendo en estos medios, y la responsabilidad ética que supone tal trabajo, siempre todo lo que escribo o hablo es el fruto de la investigación de tantos años acerca de estas cuestiones del habla cubana.
Y decir ante un público cubano, esto que narro, que “sucede en el siglo XXI”, trae alguna suspicacia entre los oyentes, pues recordemos que Cuba es uno de los pueblos con el ciento por ciento de su población totalmente escolarizada, y muchos no pueden creer que cosas como la narrada sucedan en su propio país.
Comenté este caso en dos oportunidades en conversatorios en La Habana. La primera de ellas fue en una reunión de profesionales de la edición de libros. Cuando terminé, había algunas caras que tenían dibujadas una total incredulidad. Yo me quedé, después de terminar, callado, pues aquellas caras ya me parecían como de desaprobación... De pronto, una joven, graduada de Filosofía, levantó la mano y me dijo que era oriunda de un pequeño pueblo de la zona más oriental de la provincia de Villa Clara, y me expresó que desde pequeña vivía en La Habana, pero que, en algunas vacaciones, iba a visitar a sus familiares y allí oía los comentarios de los fotutazos que se le “sonaban” a Fulanito y a Esperancejo. Quedé más tranquilo, y también el resto del público, después de su intervención.
Pero, posteriormente, se me invitó a disertar en la Escuela Militar Arides Estévez, en La Habana, Yo creía que, nada más, era una escuela de cadetes, de jóvenes suboficiales. Cuando uno de los directivos me introduce en un aula, quedé asombrado. Todos allí eran oficiales de alta graduación, y muchos de ellos tenían tantos años como yo, que ya son bastantes. A estos se les ofrecen cursos superiores.
Pues bien, allí hablé de lo humano y lo divino acerca del uso y el abuso de nuestro idioma... yo solamente veía caras muy serias, por cuanto los altos militares siempre son muy serios, y para terminar la sesión —dentro de lo concerniente a los regionalismos de nuestro propio país—, me dije:
“Voy a narrar lo de los fotutazos para ver la reacción”, y conté lo que aquí he expuesto. Las caras eran mucho más adustas, más serias, nadie hizo algún comentario. Bien, ya estaba diciendo yo que con esa cuestión estaba terminando mi exposición, cuando uno de ellos, con algunas estrellas al hombro, tomó la palabra: “Eso que usted dice es verdad”, me dijo. Y contó que era nacido en un caserío de la provincia de Sancti Spíritus, y que hacía poco había ido allí a visitar a algunos vecinos, amigos de su niñez, como hacía cada vez que podía, y le contaron que al hijo de Fulano de Tal, le habían estado “sonando” fotutazos la semana anterior, e hizo algunas anécdotas de otros casos parecidos que, cuando adolescente, habían ocurrido en tal lugar.... y los de aquella aula terminaron riéndose.

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