jueves, 31 de mayo de 2012

UNA CASA DE PÁGINAS ABIERTAS



Hace un tiempo, siendo la directora de Gente Nueva, escribí un artículo para la revista En julio como en Enero titulado Una casa con muchas ventanas, donde hablaba de su historia, creación y cuánto había hecho y continúa haciendo, a lo largo de su vida, a favor de la lectura.
Hoy cumple 45 años de creada, simbólicamente, pues en 1967 se creó el Instituto Cubano del Libro y la entonces Editora Juvenil, fundada por Herminio Almendros y un grupo más de intelectuales prestigiosos dejó de funcionar y se creó un departamento en la nueva institución con esos fines. Más adelante fueron creándose las editoriales independientes, Gente Nueva entre ellas.
Aquel grupo de intelectuales que trabajaron en la Editora Juvenil, donde también estaba Eliseo Diego, Cintio y Fina, conocedores de que la cultura (y muy especialmente la lectura) debe nutrir al ser humano desde la más temprana edad, unieron su talento e iniciaron ese genial proyecto que devino en la editorial Gente Nueva.
Por azares de la vida mi primer libro leído publicado por la editorial, a los siete años, fue una selección de Cuentos de Grimm, realizada por Eliseo Diego. Por fortuna, esa misma selección se ha seguido editando, renovada en su imagen, pero con el mismo corazón de palabras.
Estuve en la casona que alberga a la editorial hace unos días, en plena reconstrucción, para buscar los ejemplares de mi Talía quiere cambiar el mundo y encontré todo cambiado. Se reconstruyó la casa con la concepción de instalar en los bajos una librería, también contará con una ludoteca, salón para actividades y en general, se ha transformado la planta baja en un sitio de promoción literaria y cultural. En los momentos en que esto escribo se darán los toques finales, pues la inauguración de la nueva institución multipropósito está prevista para las 10 de la mañana y su director, el amigo y escritor Enrique Pérez Díaz, tuvo la gentileza de enviarme la invitación por correo. No podré estar allá físicamente, pero le dije que mi alma les acompaña.
Muchas veces tuve que defender en el seno de la sección de Literatura Infantil y Juvenil de la UNEAC, a la que pertenezco con orgullo, por qué la editorial Gente Nueva no podía dedicarse a publicar únicamente libros de autores cubanos, quienes estaban deseosos de ver sus libros en letra impresa y se cuestionaban la publicación de autores extranjeros de cualquier país y época, explicando que es la única editorial cubana especializada en libros para niños y jóvenes que publica alrededor de un centenar de libros al año, con tiradas superiores a los 5 mil ejemplares y no quiero detenerme a hablar de números, por lealtad al Principito, pero los niños y jóvenes cubanos de todas las edades, tienen que disponer de la opción de contar en librerías y bibliotecas con los autores y obras clásicas de todos los tiempos.
Espero que nunca pierda el norte la brújula de Gente Nueva en el encrespado mar de las dificultades diarias y cuestionamientos, de cualquier lugar que vengan. Incluso ahora, que amplía su función y comparte su casa con talleres, comercio de libros y otras actividades.
Que en este día se haga un recordatorio íntimo y humano de los seres que con su trabajo han construido millones de mundos en imágenes y palabras para despertar la fértil imaginación de los pequeños y saciar esa hambre del alma de la que hablara Onelio Jorge Cardoso en los más jóvenes ciudadanos, convirtiéndolos en mejores personas. Editores, diseñadores, correctores, mecacopistas, ilustradores, y todos los demás trabajadores que hicieron posible esa utopía, desde los tiempos de la impresión directa hasta la era digital. Entrañables todos y que no menciono para evitar caer en olvidos imperdonables, pero que ellos lo saben. Los escritores tienen su lugar, por supuesto, pues sin ellos no habría libros.
Por mi parte, durante mi estancia en la editorial, llevo en mi corazón el trabajo incansable, la ayuda valiosa y la ternura con la que se entregaban a hacer de cada libro una obra de arte (aunque se imprimiera luego en papel gaceta y con algunos errores) de personas maravillosas como Mirta Andreu, Janet Rayneri, María Elena Cicard, Yolanda Borlado, Armando Quintana (a quien llamaba el galán de día), Alina, Esteban Llorach, Amanda, Odalys, Frank; otros que completaban la tarea, como las promotoras Lida y Gretel, pendientes de los detalles en la promoción y en nuestras propias actividades o talleres; Cary, Lichy, Iliana, Amarilis, Mijail, Yacqueline, Rosa, Tatiana, Carmen, Prima, Mirta, Eduardo, Pedro Julio, en fin… jamás olvido su entrega y cómo alcanzamos ese grado de integración, aunque no sin roces y a veces discusiones. Pero gracias al trabajo de todos fueron muchos y muy buenos libros los que salieron a recorrer esa isla mágica de punta a punta.
Nuestro buen amigo y escritor Carlo Frabetti escribió una vez que le encantaba ese hermoso nombre de la editorial Gente Nueva, no por su significado literal únicamente, sino por lo que sugiere. Pues yo me uno a todos los niños para pedir que, con 45 años, siga siendo lo que ha sido para muchos: una casa de páginas abiertas, donde descubramos, inventemos y leamos historias mágicas, sucesos increíbles, tiernos versos y toda la mejor literatura que se escriba para quienes han sido y son la esperanza del mundo.
Una casa de páginas abiertas donde correteen las letras y las imágenes en feliz conjunción y algarabía para despertar una y otra vez el alma inquieta de todos los niños y jóvenes que en este día unimos nuestras voces para formar una sola palabra: gracias.




miércoles, 30 de mayo de 2012

EL FABRICANTE DE LIBROS (A COYRA)



                                                  
Escondida casi, detrás de una loma, está la casa del fabricante de libros.  No es una sola sino muchas casas.  Construidas como  los bohíos campesinos, de tabla y guano, dispuestos unos al lado de los otros como un panal de abejas.
Sale a recibirlos un hombre que es y no es. Parece flaco mas de cerca no lo es, parece viejo por el pelo blanco y su andar un poco lento pero al salir al encuentro de los visitantes una sonrisa anima su cara y los ojos le bailan.“Casi parece un muchacho”, se sorprende la niña.
—Buenas tardes, amigos —son sus primeras palabras al tiempo que extiende sus dos manos.
El deshollinador habla de la niña y su búsqueda.
—Hemos venido porque tú debes tener muchos cuentos
—Tengo y no tengo —les aclara él—. Vamos a ver el taller.
Entran a lo que el llama taller y ven máquinas antiguas al lado de modernos equipos de computación. Les muestra las cajas donde guarda juegos de letras grandes, chiquitas, adornadas unas y rectas como una vara otras. La niña nunca había estado en un lugar como este: tiene anaqueles con muchas hojas y pedazos de cartulina. Coge una que tiene un pez dorado con alas.
ENCUENTRO EN EL MAR, dice en letras azules.
—¿Quién lo escribió? —pregunta ella.
—No recuerdo.  Empecé a hacerlo pero esas letras quería hacerlas del color que tiene el mar un día de sol y calma, pero no lo conseguí.  Entonces lo dejé un tiempo así para cuando pueda lograr la mezcla exacta de la tinta.
¡Qué lástima!, piensa la niña, mientras revisa un grupo de hojas escritas. “Era un niño solo en medio de la noche.  Había salido en busca de la última lechuza de ese bosque y ahora…”.
No puede continuar leyendo porque el resto de las palabras no se entiende.
—¿Qué le pasó a este libro?
 —Verás, al principio las letras salían bien pero la maquina tuvo un problema y no tenia tiempo para arreglarla. Después, cuando volví a leer la historia pensé: ¿ a quién puede importarle un niño que busca la última lechuza?
Recorren toda la colmena y en todas partes, igual. Hay principios y ningún final.  Cada historia es un pedazo.  Como un enorme rompecabezas donde una pieza era diferente a la otra, y a la otra, y a la otra.
El deshollinador se siente apenado.
—No debí traerte aquí —le dice bajito.
La niña mira al fabricante.
—¿Nunca ha podido terminar un libro?
—A veces casi he terminado alguno pero, cuando falta poco para verlo completo, veo que han quedado algunas letras feas, o se ha desteñido un color y entonces, lo dejo. Ahora he hecho experimentos y pronto haré tintas de colores desconocidos, que puedan cambiar según lo desee quien lea el libro.
Puede ser bueno que quiera alcanzar lo más hermoso, le dice la niña al deshollinador, pero mientras no logre esas tintas ¿cuáles serán los cuentos que podremos leer?


martes, 29 de mayo de 2012

NANA DEL MAR















Para que te duermas
te voy a contar
todo lo que pasa
ahora en el mar.

Cuando el sol descansa
de un dia de luz
nos llega la luna
vestida de azul.

Gentil caballero
el dorado sol
recibe a la dama
con tierno rubor.

El mar lo despide
con olas y espuma
que besan la arena
y luego a la luna.

Están calladas las olas
que es hora de descansar
y la arena blanca y fina
recoge en su delantal
todas las estrellas nuevas
que bajaron hasta el mar.

lunes, 28 de mayo de 2012

NANA DE ABRIL


Arrorró mi Diego
que debes dormir
la luna se asoma
y te trae a ti
un nuevo lucero
nacido en abril.

Me dice la tarde
que te vio venir
y pidió una estrella
parecida a ti
para que alumbrara
la noche de abril.

Y yo que miraba
tus ojos abrir
supe que un lucero
debía venir
con luz de tus ojos
la noche de abril.

domingo, 27 de mayo de 2012

EL CUENTO DE LOS DIBUJOS



(Tomado de educacion2.com)









La tía de Andrés le regaló una caja de lápices de colores y un cuaderno para llenarlo de nubes, lomas, papalotes y flores.
Un día, el niño se puso a dibujar paisajes y barcos de vela. Se entusiasmó tanto que cuando vino a darse cuenta sólo quedaba una hoja en blanco.
Pensó que hacía tiempo quería  tener un perro de mucho pelo y rabo corto. Entonces cogió el lápiz rojo y lo dibujó. No se parecía a ningún otro perro conocido pero a fin de cuentas, era como le gustaba.  Seguro que sus amiguitos de la escuela lo iban a querer. Ahora tendrían un perro distinto y si uno sabe que tiene algo lindo, es feliz.
Tendría que cuidarlo y buscarle un hueso todas las mañanas. Pequeño, sí, porque este perro es pequeño y se llama Garabato. El niño lo dibujó así de travieso: cuando ladraba en el cuaderno las matas  de coco temblaban mientras los cocuyos apagaban sus luces verdes.
Pero entre todos los habitantes del lugar no había quien pudiera  correr con Garabato por los valles sembrados de flores. Por eso Andrés dibujó a la perra Amiga. No la pintó de rojo, sino de azul, para diferenciarla bien de Garabato.
Ahora sí se divertían. Corrían sin cansarse desde la primera hasta la última página.
Casi todas las semanas cambiaban de casa. Primero vivieron en una loma que tenía sus lados medio jorobados porque, precisamente al dibujarla Andrés, una mosca le hizo cosquillas en la nariz.  Después  se mudaron para una nube de los más simpática, pero la abandonaron un día a causa de sus continuos estornudos.
Una tarde muy calurosa, Garabato y Amiga decidieron bañarse en la playa. Todo fue de maravillas hasta que vieron a Velero. Se mecía suavemente en las olas azules y parecía invitarlos a dar un paseo. No lo pensaron dos veces; subieron al barco de vela y ¡a navegar se ha dicho! Al principio les fue bien, pero llegaron al final de la hoja y tuvieron que detenerse porque ya se acababa el mar.
Ahí mismo empezó la tristeza. Apenas si correteaban y la nube se extrañaba de no escuchar sus alegres ladridos asustando a las otras figuras.
Andrés se apenó mucho al verlos así y se dispuso a ayudarlos. Al conocer el deseo de sus amigos no supo qué hacer. No podía alargar la hoja y el cuaderno se había terminado. Probó a pegar con goma un pedazo de hoja al final de la página. Después dibujó más olas. Garabato y Amiga salieron a pasear en barco, pero el agua de mar despegó el trozo del dibujo y estuvieron a punto de naufragar.
Pensó en llevarlos a navegar al río pero la corriente podría arrastrarlos lejos y ¡sentiría tanto separarse de Amiga y Garabato! Andrés estaba preocupado. Esa noche soñó que andaba volando con los perritos.
Por fin decidió algo. Salió al patio con su cuaderno para dibujar. Andrés se reían contento, sin importarle que la lluvia cayera y mojara su cara. Cuando el agua llegó hasta donde estaba el cuaderno, el niño había tenido tiempo para dibujarse en la hoja y los tres: Garabato, Amiga y él, se alejaron a bordo de Velero por el canal que formaba la lluvia junto a la calle.

sábado, 26 de mayo de 2012

EN BUSCA DE LA ESCOBA



No puede negarse que Peruso sabe hacer las cosas. Al otro día, en el patio de la escuela, se va con la pandilla al terreno de pelota. Allí, en la arena del home empieza a dibujar el plan para encontrar la escoba.
Raulín está impresionado. Con una rama, Peruso hace con un rectángulo el apartamento de Lázaro.
─Ahora vamos a ver, por cada lugar, cualquier escondite donde pueda tener tu mamá la escoba, Lazarito ─explica Peruso.
Osvaldo piensa que esto es una exageración.
─ ¿Para qué hace falta el dibujo? ─pregunta.
La cabeza de Peruso parece decir “¡perdónenlo, no sabe lo que dice!”.Así y todo, se llena de paciencia y le explica.
─Antes de ir a una batalla, los grandes generales siempre estudiaban la táctica a seguir. Hay que tener muy claro el tamaño del terreno enemigo, los accidentes del terreno que se pueden aprovechar para cumplir la misión, y otros detalles. Eso me lo explicó mi abuelo.
─!Ah! Resulta que encontrar la escoba es una operación militar.
Peruso sigue serio.
─Si tú quieres, piensa que es un juego, bobo. Esa escoba es más poderosa que un cañón, seguro. Tú no sabes el poder que da a las brujas. A ver ─se vuelve hacia Lázaro─, ve diciéndome donde hay un armario, alguna puerta que esté prohibido abrir, cualquier cosa.
Van señalando en el plano los posibles escondites de la escoba. Al final, se ponen de acuerdo para revisar la casa el domingo. Lazarito está impaciente, porque faltan cuatro días, pero no hay otra forma: es el día que su mamá va a la peluquería.
Llega el momento esperado y la pandilla está escondida en la escalera. Cuando la mamá de Lázaro sale, suben corriendo. Lazarito les abre.
En el balcón del fondo hay un estante alto, con candado, que él solo no puede abrir. Empujan la mesa de la cocina hasta allí. Lázaro va probando las llaves, hasta que encuentra la del candado. Sacan unos cuantos trastos, un rollo de soga, una lata de pintura y ven, en lo último, una funda de tela. Desamarran el cordel y sacan la funda.
Lazarito está asombrado. ¡Era verdad! Aquí está la escoba, pero se ve vieja, y no es como las que venden en las tiendas.
─Es una escoba de palmiche ─les dice Osvaldo─. En el pueblo de mi abuela hay un viejito que las hace.
─¿Tù crees que sea una escoba de bruja, Peruso? ─pregunta Lázaro.
Peruso duda. No puede estar seguro.
─Pero es muy sospechoso que la tenga así, tan bien guardada, sin usarla para barrer. Por si acaso, yo me la llevo y la guardamos en el garaje de Raulín. Después veremos.
Pasa una semana. El dos de abril la pandilla está preocupada. Lazarito no ha llegado a la escuela. Empiezan a cuchichear.
─Es muy raro ─dice Luis Enrique─. ¿Y si la bruja le ha hecho daño? A lo mejor eso de que el papá de Lazarito está muerto es un cuento. Y nunca vienen los tíos de visita, ni abuelos. ¿La bruja se lo habrá robado a los padres verdaderos?
La maestra los manda a callar.
Peruso está preocupado. ¿De verdad estará pasando algo malo? A la hora del receso se escapan de la escuela y van a buscar a Lázaro. Silban desde abajo.
Oyen cómo se abre la puerta y unos pasos en la escalera. Es Lázaro. En la cara se ve que estuvo llorando.
─Raulìn, tráeme rápido la escoba ─pide con voz ronca.
Raulín mira a Peruso y sale corriendo, sin esperar respuesta.
─ ¿Qué pasa? ─le pregunta Peruso.
─Mi papá no está muerto ─responde Lázaro.
Los amigos cambian miradas.
─Se fue de la casa cuando yo nací ─aclara él.
─ ¿Y la escoba? ─pregunta Osvaldo.
─Es un regalo de la abuela de mi mamá. El único recuerdo de ella que le queda.
En eso se asoma la mamá de Lazarito. Tiene los ojos hinchados y rojos, como si tuviera alergia. Él sube para su casa.
Enseguida empiezan las opiniones y las preguntas. Que si las brujas no se enferman, que si la escoba no es de bruja dónde está la verdadera, que si el padre se fue de la casa cuando supo que era bruja, que si…
Peruso tiene la mirada ausente.
─Me doy cuenta ahora que no siempre son las escobas quienes hacen a las brujas. Parece que las cosas tristes pueden volver bruja a una buena mamá. Ahora tenemos que ayudarla a ser una mamá como las de nosotros.
Y vuelven al aula, brincando la cerca del patio.

viernes, 25 de mayo de 2012

LA NIÑA QUE SALIÓ A BUSCAR UN CUENTO: LA CIUDAD DE LAS SOMBRAS



 

 La niña entra a la casa y se despide de su mamá. No le queda más remedio que cargar con una mochila de explorador para llevar agua y comida. Sale por el camino del norte y ve, a lo lejos, la silueta de una ciudad. Parece una fortaleza gris. Al entrar, se deslumbra: los edificios son tantos y tan altos, que si uno mira al cielo no consigue descubrirlo y la cabeza empieza a darle vueltas. Como el sol no se ve, se vive en una noche interminable y hay luces brillando hasta a lo largo de las aceras.
Después de recorrer dos o tres calles siente mucho más el mareo; tiene que sentarse a descansar en un banco. Se le acerca un niño que trae su perro atado a una cadena brillante.
―¿Puedo sentarme en este banco?― pregunta.
―Claro que sí ―responde ella―. Es lindo tu perro, pero demasiado tranquilo.
El niño toca la oreja del animal y éste empieza a ladrar.
―¡Uf! ―exclama la niña―. Este perro ladra muy raro.
―Es que la batería está un poco gastada, tengo que comprar una nueva.
―¿Batería? ―se asombra nuestra niña―. ¿No es un perro de verdad?
El chico le cuenta que aquí los perros son automáticos, porque no hay jardines ni árboles para arrimarse, levantar la pata y orinar. Eso no le gusta a los perros.
―Se han traído algunos perros de verdad, pero al poco tiempo escapan, en cuanto dejan de ser cachorritos― explica él.
“Por eso me siento ahogada en este lugar”, piensa ella. “Esto no es una ciudad: es una locura”.
―¡Aluminito! ―grita una mujer.
―¡Ya voy, mamá!
El niño le dice que va para su casa.
―¿Te llamas Aluminio?
―Sí― responde él― ¿Te parece bonito mi nombre?
A la niña le da pena ofenderlo.
―Me parece... metálico.
Aluminio se va con su perro automático y ella tiene ahora un mareo grande como un edificio. Baja la cabeza y la pone entre sus rodillas.
Una señora le habla.
―Pobrecita, deben ser las luces ―dice―. Atraviesa por esta calle y anda hasta que puedas ver la chimenea.
Aunque no entiende qué quiere decir con eso la mujer, la niña sigue el camino indicado. Intrigada ve cómo muchas personas siguen su dirección.
Llega a un espacio libre de edificios donde se alza sólo una chimenea de ladrillos rojos, igual a las chimeneas antiguas que ha visto en los libros donde se cuentan historias de países de nieve.
Lo mejor es que sobre la chimenea se asoma el sol, y a ella le parece que es más amarillo y brillante. Sin saber por qué la niña siente que la nostalgia entra en su corazón y se lo estruja. Tiene deseos de llorar y piensa en su madre. ¿La extrañaría tanto así?
Esta chimenea la construyó un artista. Él mismo moldeó los ladrillos de barro, ayudado por un viejo alfarero.
En este momento la niña ve una cara conocida y se angustia. Es Cálculo Pérez, sólo que no viene con su secretaria ni tiene la calculadora. Empiezan a escucharse sus comentarios.
―A estas alturas, una chimenea no sirve para nada.
―Pero es linda― dicen quienes le oyen.
―Sí, pero un edificio sería mejor. Podrían vivir muchas personas, o poner tiendas que vendan cosas útiles― contesta Cálculo Pérez, seguramente calculando ganancias para él y para su empresa.
―Estamos cansados de ver sólo edificios y luces; desde aquí se ve el sol― dicen los habitantes.
Cálculo saca su calculadora del bolsillo y una libreta para notas, pero no va a suceder lo mismo que con los árboles. Lo rodean muchas personas y sin saber cómo, desaparecen la libreta y su calculadora. Asustado, echa a correr hacia los edificios.
La niña descubre un camino al costado de la chimenea y lo sigue. Al final se abre un prado extenso por donde caminan muchas personas. Por todos lados hay hornos de los que sacan decenas de ladrillos y puede ver algunas casas que enseñan sus aleros al sol.
Estas personas encontraron el camino, se dice ella, algún día podrán mojarse en un aguacero y crecerán los árboles. Entonces Aluminio tendrá un perro de verdad. ¿Se cambiará el nombre ese día?
                                        (De La niña que salió a buscar un cuento)

jueves, 24 de mayo de 2012

PEQUE Y EL SUEÑO


(Tomado de coachingactivo.wordpress.com)


Conocí a un niño pequeño que no quería dormir. Le gustaba más jugar durante horas, saltando de aquí para allá como un grillo en compañía del gato Misu o buscando el toc toc del pájaro carpintero.
Pues sí que era majadero Peque a la hora de dormir. De lo molesto, hasta se le perdían las pecas.
—Mamita linda. ¡Yo no quiero dormir! Déjame jugar, anda.
Pero la mamá explicó que debía dormir para descansar y seguir jugando al otro día.
—Es que ese sueño es malo, muy malo. ¿Dónde vive?
Y la mamá le explicó que  vivía debajo de la cama, pero no se podía ver. Esa misma noche, Peque  habló con el sueño.
Mire, señor Sueño, yo no quiero dormir porque tengo mucho que jugar todavía. Voy a dormir cuando  tenga los años de abuelo Pancho. Además, (y bajó un poco la voz para decirlo) al capitán de los soldados le da miedo quedarse solo.
                      Habló y explicó un montón de razones, pero parece que el Sueño no quiso llegar a un  acuerdo porque no dijo ni media palabra. Entonces Peque decidió inventar un plan para acabar con él.
Salió al patio y buscó al sapo Panzaverde.
—Panzaverde, tienes que cantarle duro para que se asuste y se vaya. Cántale esa canción de cuando te comiste cien hormigas tambochas sin tomar agua siquiera. ¡Vamos!
Entraron en la casa y el sapo cantó con una voz terrible, pero parece que el Sueño era valiente pues no se movió de su lugar.
Salieron tristes del cuarto y al sapo casi le llegaba al piso su enorme panza verde.
Peque siguió  pensando hasta que se le ocurrió otra idea. Salió con Misu a recorrer los caminos y regresaron con latas viejas, pedazos de palo y cajas. Fueron poniéndolas debajo de la cama hasta no dejar ni un rincón vacío para el sueño.
A la otra noche Peque no protestó cuando la mamá lo llevaba a dormir, y se iba riendo.  “¿Por qué reirá tanto Peque?”, se preguntaba la madre.
Esa noche Peque no durmió, ni la otra, ni la otra tampoco y cuando llevaba tantos días sin dormir como dedos tiene su manita, se le caía la pelota de las manos y no tenía fuerzas para jugar con los soldados y su capitán. La mamá se dio cuenta.
—¡Peque!, te estás quedando dormido así de pie. ¿Qué te pasa?—preguntó.
Peque le pidió entonces que lo acompañara y entre los dos sacaron todas las cosas que él y Misu pusieron debajo de la cama. Ya esa noche pudo dormir y al día siguiente salió bien temprano al patio para conversar con Panzaverde y como Misu se estaba burlando, le tiró un poco de los bigotes.
—Un poco nada más, gato—le decía el niño, divertido.
Ahora, cuando va a dormir, Peque no protesta y está muchísimo rato conversando con su sueño. Parece que son amigos porque Peque se ríe y luego, cuando está dormido, tiene cara de gente feliz.

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