domingo, 9 de agosto de 2015

PAGLIACCI: LA COMEDIA HA TERMINADO

Portada del programa artístico de las representaciones del 6 y 8 de agosto de 2015 

PAGLIACCI: LA COMEDIA NO HA TERMINADO
El teatro nació con el hombre. Las primeras representaciones fueron, sin dudas, las que protagonizaba imitando la cacería, como un conjuro mágico para atraer la caza abundante que le asegurara la sobrevivencia en aquel medio hostil al cual aún no había aprendido a dominar.
Los rituales religiosos, las ceremonias que constantemente hacemos en los actos formales y a veces hasta la manera en que nos conducimos en determinados lugares, son representaciones teatrales.
Pero el teatro tiene una historia tan antigua y es tan rico que estaría horas y muchas páginas hablando del tema y hoy quiero referirme a la ópera y  a una representación en especial.
La ópera se asocia, instintivamente con Italia, y es que hasta su nombre es del italiano. Opera significa “obras” y su denominación corresponde a la multiplicidad de acciones o expresiones artísticas que convergen en ella: la música, el canto, la actuación, la declamación, la danza… y fue en Italia donde surgió a finales del siglo XVI, como el intento de los humanistas del renacimiento de rescatar la tragedia griega, pues entendían que los coros de estas eran cantados y no hablados. La primera ópera que se conserva es de 1604 y los responsables del artístico parto fueron los miembros de la Camerata Florentina. No obstante, la ópera no se populariza hasta que se organiza una temporada en Venecia en 1637, con el auspicio del autor de óperas Claudio Monteverdi.
No obstante, “El movimiento operístico de bel canto floreció a principios del siglo XIX, siendo ejemplificado por las óperas de Rossini, Bellini, Donizetti, Pacini, Mercadante y muchos otros. «Bel canto», en italiano, significa «canto bello», y la ópera deriva de la escuela estilística italiana de canto del mismo nombre. Las líneas belcantistas son típicamente floridas e intrincadas, requiriendo suprema agilidad y control del tono.
Continuando con la era del bel canto, un estilo más directo y vigoroso fue rápidamente popularizado por Giuseppe Verdi, comenzando con su ópera bíblica Nabucco.**

Después de las óperas de Verdi surgió en Italia el verismo, que propugnaba el melodrama sentimental realista y las obras que lo introdujeron son Cavalleria rusticana, de Pietro Mascagni y Pagliacci, de Ruggiero Leoncavallo. A ellas les siguieron muchas más, encontrando su más alta expresión quizás en  La Boheme, Tosca, y Madame Butterfly, de La Boheme Giacomo Puccini. El verismo conquistó entonces los escenarios de todo el mundo. El libreto de La Boheme también es de Leoncavallo.

No en balde se suelen representar en una misma función Cavalleria rusticana y Pagliacci. Fueron las iniciadoras del estilo verista.

No había escuchado antes ninguna de las arias de Pagliacci, aunque sí sabía que varios grandes tenores interpretaron a Canio, el esposo traicionado y jefe de la trouppe de actores. Entre ellos, Caruso, Plácido Domingo y Pavarotti. Busqué y escuché la genial interpretación de Pavarotti y fui al teatro sin conocer el elenco de la representación.

La sala Carlos Piantini, la principal del Teatro Nacional de Santo Domingo Eduardo Brito, no es espectacularmente bella ni grande, pero resulta acogedora. No obstante, hubiera querido disfrutar la obra en un teatro antiguo.
El libreto, por el cual debió enfrentar su autor una demanda por plagio, se le acusaba de plagiar a Catulle Mendes, porque su La femme de Tabarin tiene como puntos de contacto el uso del recurso del teatro dentro del teatro y que el payaso asesina a su esposa. El autor de Pagliacci lo negó y refirió que había presenciado una representación de la Commedia dell´arte en la cual ocurría el hecho. Con el tiempo, algunos han asegurado que debió haber visto en Paris la obra por la cual se le acusaba de plagio, pero creo que somos afortunados de que la haya escrita y disfrutarla.
Hay dos hechos que, a pesar de ser recursos y temas muy usados en el arte y en la literatura, siempre atraen y conmueven. El esposo enfurecido por la traición, los amantes infelices, el maligno traidor que prefiere ver morir a quien ama si no puede ser suya y en general, las tumultuosas pasiones humanas desatadas, con una música que es capaz de reflejar los estados de ánimo y la progresión de la trama (genialmente interpretada por los virtuosos de la sinfónica de la sociedad Proarte, mención aparte de su director musical Carlos Andrés Mejía) y el toque de humor trágico que le confiere la representación de la comedia de enredos de Colombina, Tadeo y Arlequin y que se inserta fluidamente con la trama dramática.


Las interpretaciones de Edgar Pérez (Canio), Katia Selva (Nedda), Mario Martínez (Silvio) y Juan Tomás Reyes (Beppe), impecables. La de Nelson Martínez, divina en todos los sentidos: vocal y dramatúrgicamente. Sin dudas, es la estrella del espectáculo este Tonio-Tadeo impetuoso, enérgico y desbordado.
Agradezcamos a ProArte y a Edgar Pérez, cuya voluntad lo llevó a fundar esta sociedad y a presidirla. Gracias, por entender que si al principio de los tiempos el hombre se valió del teatro para invocar el alimento de su cuerpo, ahora lo necesitamos para procurar el alimento del alma. Gracias, Ariel, por tu dulce compañía, querido amigo.

Pagliacci es ambrosía para el espíritu inquieto que vaga en busca de esas creaciones que nos hacen volar con las emociones, que traen hasta la Tierra el estado de gracia del paraíso.


**Wikipedia
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