miércoles, 14 de septiembre de 2016

LA UTOPÍA DE MARIO BENEDETTI




Un 14 de septiembre nació Benedetti. Cumpliría hoy 96 años y solo hace siete que pasó a vivir en los libros y en nuestras memorias, y en el amor que vibra y la madrugada, y en cada utopía…
Y me digo, creo que si en Uruguay existe un lugar llamado Paso de los Toros, su razón de ser ha sido que en él naciera este poeta enorme, y más aún: si existe Uruguay fue para tener a Mario Benedetti como hijo, aunque haya tenido otros hijos ilustres, la savia y alma del poeta cruzan cualquier frontera real o imaginada para escaparse al infinito trascendente del universo.
Quizás para él la angustia y la paradoja mayor fuera verse al final de su vida rodeado de desmemoria: primero la de Luz y, unos días antes de ese 17 de mayo del 2009, la suya propia. Pareciera que vaticinara, en aquella mirada perdida de sus últimas fotos, el destierro definitivo a ese otro país que es la muerte.
No sabría explicar cómo alguien, que amó y vivió intensamente, que sacrificó ese derecho esencialmente humano de vivir en su país por defender sus ideas, pudo mantener y alimentar su espíritu de amor incansablemente, con paciencia de orfebre, entregando un poquito cada vez en sus magníficos textos, ya fueran novela o poesía.
Esa manera tan suya de encontrar el nombre exacto de las cosas me hace también creer en cuanto dice. ¿Cómo creer, Benedetti que el mundo se quedó sin utopías o que la esperanza es un olvido?
Ni creer que la muerte es un silencio, aunque lo sea, pero ya demostraste que no lo es. La muerte es solo otra manera de vivir la vida, sin reglas y sin riesgos de que una punzada de odio intente derrotar la esperanza o la memoria, cuando descubriste la verdad y lo dijiste: no hay olvido, porque el olvido está tan lleno de memoria y es cierto, hay que tirar rencores por la borda de esta barca asaz veloz y peregrina que es la vida.
Entonces hay que leerte hoy en un acto íntimo y plural con las estrellas, cuidando que tu palabra no incendie la noche con su fuego. Celebremos tu vida y tu palabra, la suerte inmensa de haberte conocido y saber que alguna vez anduvimos por los mismos parajes y compartimos los panes y los peces del recuerdo.

Ese gran simulacro

Cada vez que nos dan clases de amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros

en mi región hay calvarios de ausencia
muñones de porvenir/arrabales de duelo
pero también candores de mosqueta
pianos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo de otoño
sentimientos insoportablemente actuales
que se niegan a morir allá en lo oscuro

el olvido está tan lleno de memoria
que a veces no caben las remembranzas
y hay que tirar rencores por la borda

en el fondo el olvido es un gran simulacro
nadie sabe ni puede/ aunque quiera/ olvidar
un gran simulacro repleto de fantasmas
esos romeros que peregrinaran por el olvido
como si fuese El Camino de Santiago

el día o la noche en que el olvido estalle
salte en pedazos o crepite/
los recuerdos atroces y los de maravilla
quebrará los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por el mundo
y esa verdad será que no hay olvido.





Utopías
Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías
cómo voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza
cómo voy a creer / dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea
cómo voy a creer
que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada
cómo voy a creer / dijo el fulano
que tu cuerpo / mengana
no es algo más de lo que palpo
o que tu amor
ese remoto amor que me destinas
no es el desnudo de tus ojos
la parsimonia de tus manos
cómo voy a creer / mengana austral
que sos tan sólo lo que miro
acaricio o penetro
cómo voy a creer / dijo el fulano
que la útopia ya no existe
si vos / mengana dulce
osada / eterna
si vos / sos mi utopía.

miércoles, 31 de agosto de 2016

MI TIA CHACHA Y EL VIKINGO DE NUNCA JAMÁS



La fecha de hoy 31 de agosto me trae uno de mis más tristes recuerdos y por otra parte, es el día en que nació un poeta de verbo claro y luminosa presencia.
Pienso que siempre debemos celebrar la vida y pensar en quienes se han marchado con la alegría y el amor que nos entregaron en vida. Ese es el caso de mi tía Chacha, que fue otra madre y, a falta de mi abuela (por perderla siendo una niña), ella y mi tío el Niño eran mi evocación de la casa familiar de Yaguajay en la calle Zayas, cerca del río, de la línea del tren por donde pasaba el mítico gascar que iba a Seibabo, donde también vivía una parte de la familia materna. Siempre digo que voy a escribir esas historias y las voy apartando, pero debo escribirlas para que mi mamá las revise y se divierta con esos recuerdos que fueron sus historias desde muy pequeños. 
La vida ha querido que siempre las personas entrañables vayan unidas en mi recuerdo, por el día o por el mes en que llegaron o se fueron de mi vida.
Por eso esta breve nota, más que entrada o publicación es mi manera íntima y personal de decirle al Universo que el 31 de agosto hay dos seres especiales que bailan en mi corazón y me hacen darle gracias a la vida por conocer, compartir y amar a esas dos personas extraordinarias.
Gracias, mi querido José Manuel Espino, por hacer de la poesía una forma de vida y amistad y permitir compartirla contigo y esa hermosa madre a quien recuerdo siempre sonriendo.
Gracias, mi adorada tía Chachita, por todo el amor que siempre me diste, por tu lección de humildad y ternura hasta el último aliento de tu vida. Por esa manera especial de estar presente en mis hijos, en mi vida, en la que siempre estarás mientras yo respire. Acudes a mis sueños con tu sonrisa de niña pícara, tus adornos y ese exquisito gusto para vestirte y arreglarte que te hacía parecer una princesa.
Si leyera ahora las cartas, aquellas que tan originalmente leías, te diría que eres la persona que llegó de un pueblo pequeño y se instaló en ese pedacito tibio y acogedor que es mi alma para jamás abandonarla.

POEMAS A LA LUNA






LA LUNA ASOMA
Cuando sale la luna 
se pierden las campanas 
y aparecen las sendas 
impenetrables. 
Cuando sale la luna, 
el mar cubre la tierra 
y el corazón se siente 
isla en el infinito. 
Nadie come naranjas 
bajo la luna llena. 
Es preciso comer 
fruta verde y helada. 
Cuando sale la luna 
de cien rostros iguales, 
la moneda de plata 
solloza en el bolsillo.

domingo, 31 de julio de 2016

EL PRINCIPITO: ANTOINE DE SAINT EXUPERY ME HA DOMESTICADO




Los 31 de julio son días tristes y me parece ver, en la noche, un paisaje que me recuerda la partida de un ser excepcional. Este es el paisaje:


Y quiero creer que, aunque se perdió en el mar, las arenas le dibujaron el mismo paraje del desierto desde donde partió su amigo el Principito.  Por eso lo atesoro en mi memoria con especial cariño, para celebrar con un pensamiento, la vida de ese hombre que fue capaz de presentarnos a un ser extraordinario, que marcó a muchos de nosotros para siempre y nos regaló, para esas noches interminables en que podemos sentirnos solos, la magia de poder escuchar con el corazón la risa de un niño que suena como si, al mismo tiempo, tocaran todos los cascabeles de la Tierra.

Cuando leemos El principito, uno de los pasajes más hermosos es ese donde habla con la zorra (al parecer, en francés es zorro, pero me gusta la traducción al español en que el personaje es femenino porque me identifico más con ella).

Dice el Principito:
«Estoy seguro que..., si me domesticas mi vida se verá envuelta por un gran sol. Podré conocer un ruido de pasos que será bien diferente a todos los demás. Los otros pasos, me hacen correr y esconder bajo la tierra. Pero el tuyo sin embargo, me llamará fuera de la madriguera, como una música. ¡Mira! ¿Puedes ver allá a lo lejos los campos de trigo? Yo no como pan, por lo que para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo nada me recuerdan. ¡Es triste! Pero tú tienes cabellos de color oro. Cuando me hayas por fin domesticado, el trigo dorado me recordará a ti. Y amaré el sonido del viento en el trigo...»

Entonces, definitivamente, Saint Exupéry y su principito me han domesticado: puedo escucharlos, sentirlos reír como si estuvieran a mi lado e invariablemente los recuerdo cuando veo niños, cuando me siento triste y quiero ver una puesta de sol, cuando comprendo que solo el corazón alcanza para ver las cosas realmente importantes de la vida y nadie puede poseer las estrellas porque están allí para decirnos que no se pueden contar ni poseer, solo admirarlas y dejar que su luz nos embargue y embriague, con la magia buena de la ternura.
Y si vemos una rosa, o una oruga que algún día será una mariposa, si por casualidad nos tropezamos con un vanidoso y su espejo, con algún rey que quiere convertirnos en súbditos, recurramos siempre a la utilidad soñadora del farolero, porque nuestra verdadera y única misión en esta vida es encender siempre las luces, las del corazón, que son las que de veras alumbran el camino.




martes, 12 de julio de 2016

PABLO NERUDA: SI MIRO LA LUNA DE CRISTAL



Un 12 de julio, pero de 1904, hace exactamente 112 años, nació Pablo Neruda. Es de los imprescindibles, según la definición de Brecht. 
Luchó toda su vida desde una resistente y bella trinchera: la poesía. Luchó por el amor, por la justicia, por la verdad y por la humanidad. Celebremos su vida eterna, su vibrante poesía que siempre nos acompaña porque "si miro la luna de cristal, la rama roja/ del lento otoño en mi ventana, / si toco junto al fuego / la impalpable ceniza /o el arrugado cuerpo de la leña, / todo me lleva a ti"... Toda la poesía, siempre nos lleva a ti, si sentimos nostalgia en plena madrugada, si amamos u olvidamos, si celebramos la vida y el amor, allí en ese preciso lugar del corazón, están tus versos.

Poema 20


Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.» 

El viento de la noche gira en el cielo y canta. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Yo la quise, y a veces ella también me quiso. 

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. 
La besé tantas veces bajo el cielo infinito. 

Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. 

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. 

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
La noche está estrellada y ella no está conmigo. 

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Como para acercarla mi mirada la busca. 
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. 

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. 
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. 
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. 

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. 
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. 
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. 

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, 
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.



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