miércoles, 20 de enero de 2016

ERNESTO CARDENAL CUMPLE AÑOS



Es una convención humana llevar la cuenta del tiempo para organizar, en ordenada procesión, los sucesos de la vida. Hace un tiempo hablé de la medida del tiempo y el calendario, por lo que cada mes de enero reflexiono acerca del transcurso de los días, los meses, los años; las diferencias mínimas entre unos y otros salvo el clima, los recuerdos y la cotidiana costumbre de estar vivos.
Cada mes tiene en su memoria sucesos importantes y trascendentes. Ya sean tristes o alegres se recuerdan: unos para celebrar y otros, para no olvidar. La memoria colectiva tiene el don de unir a las personas en torno a intereses y situaciones afines.
Ha comenzado el mes de enero, en el hemisferio norte un mes del invierno, pero pareciera que es el despertar del año y de la poesía. Hablé ya de dos poetas, ambos de nombre Rubén; uno es cubano y el otro nicaragüense. Villena me resulta entrañable, íntimo y cercano por ser compatriota pero sobre todo por su forma de pensar y actuar. A Darío lo miro bajo el prisma del poeta latinoamericano que impuso su obra en la lengua española liderando un movimiento de ruptura. Ambos suscitan en mí admiración y respeto.
He aquí entonces que hay un importante aniversario de otro poeta nicaragüense, cuya vida y obra (literaria y humana) ha sido paradójica. Busco sus datos en varios sitios de Internet. En Wikipedia, en páginas de poesía como Poemas del alma y algunos blogs.
En “Poemas del alma”, resumen:
«Ernesto Cardenal es un poeta nacido en Nicaragua el 20 de enero de 1925. Desde niño se sintió atraído por las letras y quiso buscar una forma de cambiar el mundo. Se lo conoce por sus ideas políticas marxistas y su defensa de la teología como única salida a los males que aquejan hoy al mundo.
»A causa de sus principios fue despreciado en más de una ocasión por los líderes de la iglesia católica; sus planteos dejan en evidencia que esta institución no se parece en nada a la fundada por Cristo. »Para Cardenal, entre el Cristianismo y el Marxismo no hay diferencia, son dos formas que engloban la misma manera en la que deben vivir los seres humanos. Dice que ninguna de estas ideologías se ha llevado a la práctica y que una revolución (pacífica o no) sería la única solución posible para arreglar el mundo imponiendo ideas más comunitarias, donde el bien común fuera el objetivo fundamental de toda acción.
»En 1965 fundó una comunidad cristiana en una de las islas de Solentiname, y publicó su obra El evangelio en Solentiname. Juan Pablo II lo amonestó públicamente por propagar una doctrina contraria a las ideas de la iglesia.
En varias ocasiones ha estado entre los nominados al Premio Nobel de Literatura; en 2009 fue condecorado con el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda en Chile y a principios del 2012, con el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana».

Ernesto Cardenal cumple años y es muy difícil encerrar en unas breves palabras tanta vida y tanta buena obra de su quehacer multifacético y plural, porque conserva su corazón de niño, su capacidad de asombro, de emprender nuevos proyectos como si le faltaran otros 91 años por vivir, y tiene razón: su obra irá mucho más allá del existir de su cuerpo físico. Con sus poemas, prédica y acción ha ido creciendo en la piedra de cada camino, en las aguas que bañan su entrañable Nicaragua (¡y su Granada!), es fuego y lava creadora.
Hoy solo quiero que la palabra rinda homenaje a ese hijo ilustre de la patria americana, escuchemos el canto de los pájaros y se inclinen, en respetuosa reverencia, las ramas de los más recios árboles en honor del poeta.




El tiempo y la costumbre
                    Para Ernesto Cardenal, en su cumpleaños 91


Esta mañana pienso en el tiempo
en esa cotidiana costumbre de estar viva
recuerdo los relojes inexorables
del olvido.

Solo nos salva el amor de la rutina extraña
la que esclaviza y anda
con dos ojos de más para espiarnos
para velar porque sigan nuestros pasos
el sendero fijado
la costumbre de armar las mismas trampas
para creernos felices e inmortales.

Entonces leo de un hombre en sus noventa
que ha amado a una mujer en su poesía
la ha cuidado de cualquier presagio
gritó el nombre de Claudia a las multitudes
y luego fue a compartir su pan en una isla olvidada
hecha con los colores de la primavera
y la esperanza en el rojiverde de las plumas
mientras predicaba del amor y la justicia.
.

¿Se habrá cuestionado el tiempo?
¿Habrá acaso saltado un círculo de fuego
en su Granada, sofocado con el agua del lago sus ardores?
¿Cómo pudo burlar la fiera tenaz de la costumbre,
burlándose en sus fauces, desdiciéndose una y otra vez,
trenzando caminos diferentes?

Cuídate, Ernesto
cala tu gorra guerrillera
protégete del sol con esos versos
esculpe la silueta de la aurora
mira que hay una rutina persiguiendo la gloria de rendirte
no dejes ni una palabra suelta
ni un solo resquicio a la costumbre
podrían desaparecer los sueños
los besos
y hasta el nombre de cierta muchacha
que sorteó terremotos y erupciones.
Cuídate, Ernesto
ya te lo aviso.







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