jueves, 30 de octubre de 2014

HALLOWEEN: LAS BRUJAS VENIDAS CON EL HAMBRE


La festividad de Halloween comenzó a celebrarse masivamente en 1921, siendo el primer desfile el que se realizó en Minnesota, extendiéndose en años posteriores a otros estados y adquiriendo, paulatinamente, una gran aceptación y popularidad.
No fue hasta finales de la década del 70 del siglo XX y principios de los 80 que cobró mayor relevancia, a partir de la película de terror Halloween, de John Carpenter, estrenada en 1978, la cual recorrió el mundo llevando la ambientación de esa fiesta celebrada en Víspera de Todos los Santos.
La curiosidad por indagar en los orígenes de Halloween me ha llevado a saber que esta tradición que ha cobrado particular fuerza y adeptos en nuestros días se debió, en sus orígenes, a una catástrofe increíble ocurrida en Irlanda: la gran hambruna del siglo XIX. La mencionada hambruna surgió alrededor de 1845 y duró hasta 1851, aproximadamente. Hay diversas contradicciones en las fechas que se mencionan en Wikipedia y en otras fuentes de la propia Irlanda. Lo cierto es que esta hambruna, conocida también como hambruna de la patata  dejó al menos 2 millones de muertos y generó la diáspora de aproximadamente esa misma cantidad de irlandeses que emigraron hacia Estados Unidos, Canadá, Australia, Gran Bretaña, Uruguay y Argentina.
Llamada así porque era la papa la base de la alimentación de los irlandeses, aparceros de los británicos dueños de las tierras, se vieron privados de alimento a causa de una plaga que afectó a la patata.
Los irlandeses que se fueron a Estados Unidos y Canadá se llevaron consigo sus tradiciones, difundiendo la costumbre de tallar la calabaza gigante hueca con una vela dentro, inspirada en la leyenda de Jack el Tacaño (Jack-o-lantern).
Actualmente, Halloween es una festividad muy importante en los Estados Unidos y Canadá, además de que coincide con algunas celebraciones propias de otros países que alrededor de la fecha deciden acercar el mundo de los vivos y de los muertos, realizando fiestas de disfraces que con las máscaras alejen a los espíritus malignos, el Día de los Muertos en México o la Fiesta de San Martín en los Países Bajos.
Se sabe que mucho han contribuido a reforzar su significado las entidades comerciales, las cuales estimulan este tipo de festividad para incrementar sus ventas: las imágenes de los niños norteamericanos que recorren las calles pidiendo dulces, disfrazados de cualquier ser terrorífico o angélico acude a nuestras mentes cuando mencionamos Halloween.
En la tradicional celebración celta, practicada en su país por los irlandeses y llevada con ellos a otras tierras, los espíritus venían esa noche al mundo de los vivos por lo que los aldeanos, en cada hogar, encendían velas que colocaban en las ventanas, una por cada difunto de la familia pues esta era la manera de tenerlos contentos y alejar las pesadillas que solían provocar los muertos si no eran iluminados por una llama.
Actualmente en Irlanda existe la costumbre de comprar un pastel de frutas, en el que se coloca un anillo, una moneda y otros objetos antes de hornear. Se dice que aquellos que encuentran un anillo encontrarán su verdadero amor el año siguiente.
Por mi parte pensaré siempre que esa costumbre de ir a pedir golosinas que existe el 31 de octubre, la noche de Walpurgis o Víspera de Todos los Santos,  ha quedado de aquella aciaga época en que los irlandeses debieron emigrar de sus tierras y los que no pudieron hacerlo, murieron, buscando qué comer y protagonizando así un capítulo de verdadero terror que nos recuerda lo que sucede cuando el hombre abandona su esencia humana.
¿Truco o trato? Que el trato sea siempre con la vida y el truco, ofrecer a los espíritus la llama de las velas en las ventanas del alma, abiertas de par en par a la solidaridad y sostén de los demás seres humanos.
Ahí llega Jack, con una calabaza que alumbra el camino y nos deja saber que las brujas vuelan en escobas por el cielo y hacen travesuras con los duendes durante esta noche: cierren bien la puerta para que no entre el gato que es su mascota, y la ventana para que se queden afuera las lechuzas.
Cerremos por una noche los postigos de la realidad y soñemos que somos esos niños que corren por una calle buscando las golosinas de los cuentos.


 




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