viernes, 25 de julio de 2014

LA EDAD DE ORO CUMPLE 125 AÑOS

Ilustración de portada de la revista La Edad de Oro


“La Edad de Oro fue una revista mensual para los niños, del cubano José Martí. La Edad de Oro mantiene su frescura, belleza y vigencia más de un siglo después, hablando a los niños en un lenguaje universal que no conoce tiempos ni distancias”, dice Wikipedia sobre ese clásico de la literatura iberoamericana de todos los tiempos.
Tratado casi siempre como libro gracias a que su publicación se hace generalmente en un solo volumen que incluye los cuatro números publicados de la revista, abarca varios géneros literarios y del periodismo, dirigidos a niños de todas las edades y aquel que, como dijera el propio Martí, “nunca pierde su corazón de niño”.
Hace ya unos cuantos años, en el 2003 para ser exactos, se me pidió por el presidente del Instituto del Libro en Cuba que participara a nombre de dicha institución en la creación de un programa que promoviera la lectura. Recién había iniciado sus trasmisiones el canal educativo de la televisión. En el primer encuentro con quien  sería el director del programa, Roberto Ruiz Rebo, estuvieron Celia, especialista de promoción del instituto y Rodolfo, un editor también recién estrenado de Letras Cubanas.
La remembranza se debe a que sería yo la guionista y conductora del programa (a la sazón directora de la editorial Gente Nueva) y, por supuesto, la obra seleccionada para el estreno fue un tema de La Edad de Oro.
No conservo ninguno de los programas en los cuales participé pero ahora, celebrando íntimamente el aniversario de la publicación de la revista, he retomado el guión de aquel primer programa, que se refería al poema Los dos príncipes.
«…entramos a las páginas de una publicación concebida para los niños y las niñas de América por nuestro Martí, una revista que se propuso ayudar en la empresa de llenar nuestras tierras de hombres originales, felices de vivir en su tierra como hombres de su tiempo y de América. Sabía Martí que esta era tarea de grandes y debía ofrecer en la revista diversidad de temas y géneros que educaran entreteniendo, con frescura y fantasía, sin negar la tradición de nuestro idioma y cultura, a la par que tendía un puente para conocer a los demás pueblos.
»Para lograr su empeño escribe cuentos, artículos, poemas, pero también recurre a otras fuentes y hace adaptaciones o versiones, o simplemente toma la idea y la redacta con estilo propio, imprimiéndole su concepción del mundo e ideología. Entre esos textos se encuentra el poema Los dos príncipes, debajo de cuyo título escribe José Martí “Idea de la poetisa norteamericana Helen Hunt Jackson”.
»¿Quién fue Helen Hunt Jackson? Poetisa y novelista norteamericana; nació el 18 de octubre de 1831 en Massachussets y muere en 1885 (cuatro años antes de que viera la luz La Edad de Oro). Gran reivindicadora de las razas indígenas de las tierras de México incorporadas a la Unión. Una centuria de deshonor (1871), es uno de sus libros más importantes, así como Ramona, traducida al español por José Martí».
Al leer La Edad de Oro y llegar a este poema nos preguntamos: ¿qué dice el poema original de la Jackson? ¿Traduce Martí del inglés o es su propia versión de la idea abordada por la escritora? Con esta interrogante busqué el texto original, así como la valoración que hace Salvador Arias en su análisis de Los dos príncipes, en el cual retoma las consideraciones de José María Chacón y Calvo sobre “La poesía de José Martí y lo popular hispánico”.
El poema de la norteamericana, The prince is dead, desde su título es diferent, pues quiere decir que ambos, el hijo del rey y del pastor son príncipes para sus padres pero, al resumirlo y hablar de uno solo, no consigue el mismo efecto que el título del poema martiano: Los dos príncipes.
El poema lo escribe Martí como un romance, al más puro estilo de los romances españoles y además incluye elementos presentes en canciones y juegos, como señala Salvador Arias, que se cantaban por los niños cubanos entonces, citando este ejemplo:
Las campanas de la iglesia
ya no quieren repicar,
porque la reina se ha muerto
y luto quieren guardar.
Los jardines de palacio
ya no quieren florecer,
porque Mercedes ha muerto
y luto quieren tener.

El brillante investigador hace una disección del romance, señalando desde el punto de vista poético cómo estructura José Martí el poema para que alcance el dramatismo que quiere imprimirle sin que le reste musicalidad, sonoridad y gran fluidez. Yo quiero insistir en el tratamiento conceptual que le da al suceso de las dos muertes de modo que en su poema quede absolutamente demostrada la igualdad ante la muerte, más allá de la posición social de la persona (niños en este caso), y cómo el dolor es igual de hondo para ricos y pobres: para los reyes y para los pastores, de modo que en su romance él incluye elementos y personaliza el dolor que de algún modo, en el caso del poema de Helen Hunt Jackson aparece difuso. Quiero aclarar que no es mío el mérito, ya que este extremo queda muy bien esclarecido en el análisis de Salvador Arias.
Reproduzco la traducción del poema The prince is dead, junto con el texto de Martí, de modo que pueda verse la diferencia.

EL PRÍNCIPE HA MUERTO                                               LOS DOS PRÍNCIPES

Un salón en el palacio está cerrado. El rey                          El palacio está de luto
Y la reina en negro permanecen sentados.                          y en  el trono llora el rey,
Todo el día sirvientes llorosos vienen y van,                        y la reina está llorando
Pero el corazón de la reina le echará de menos                   donde no la pueden ver.
A todo; y los ojos del rey se inundarán                                 En pañuelos de olán fino
Con lágrimas que no deben ser vertidas,                             lloran la reina y el rey:
Pero que harán al aire denso y oscuro,                                los señores del palacio
Cuando mira cada juguete de oro y plata,                            están llorando también.
Y piensa cómo ellos alegraban al infante,                           Los caballos llevan negro
Y mudamente se retuerce mientras los cortesanos leen     el penacho y el arnés:
Como todas las naciones se conduelen por su pena,         los caballos no han comido
                                              El príncipe ha muerto.            porque no quieren comer.
                                                                                             El laurel del patio grande
                                                                                             quedó sin hoja esta vez:
                                                                                             todo el mundo fue al entierro
                                                                                             con corona de laurel.
                                                                                            -¡El hijo del rey se ha muerto!
                                                                                           ¡Se le ha muerto el hijo al rey!


La choza tiene una puerta, pero la cerradura es débil,            En los álamos del monte
Y el hoy el viento la empuja;                                                 tiene su casa el pastor:
Allí están sentados dos que no hablan;                                 la pastora está diciendo
Han mendigado unos pocos harapos negros.                       «¿por qué tiene luz el sol?»
Están hechos al duro trabajo, aunque sus ojos están             Las ovejas, cabizbajas,
Humedecidos                                                                          vienen todas al portón:
Con lágrimas que no deben ser vertidas;                               ¡una caja larga y honda
No se atreven a mirar donde está la cuna;                             está forrando el pastor!
Odian al rayo de sol que juega sobre el piso                         Entra y sale un perro triste,
Porque nunca más hará reír al niño;                                      canta allá dentro una voz:
Ellos sienten como van endureciéndose,                              «¡Pajaritos, yo estoy loca,
Quisiera que los vecinos los dejasen solos                          llevadme donde él voló!»
                                                El príncipe ha muerto.            El pastor coge llorando
                                                                                              la pala y el azadón:
                                                                                              abre en la tierra una fosa;
                                                                                          echa en la fosa una flor.
                                                                                          -¡Se quedó el pastor sin hijo!
                                                                                          ¡Murió el hijo del pastor!


La diferencia entre uno y otro título,  el tratamiento a los niños muertos son evidentes en uno y otro poema. Mientras que la Jakson lo titula El príncipe está muerto y al final de la estrofa que corresponde al hijo del rey o al niño pobre dice El príncipe ha muerto, Martí lo titula Los dos príncipes, en plural, y cuando se refiere a cada uno dice el hijo del rey o el hijo del pastor, personalizando al niño pobre, diciendo quién es su padre, lo que no aparece en el poema de la poetisa. Y es increíble como con solo ese detalle logra dar a la vez la similitud y la diferencia entre ambas muertes, además de cómo logra trasmitir ese vivo y estremecedor dolor: ¡El hijo del rey se ha muerto!; ¡Murió el hijo del pastor!
Después de conocer el poema original, el que le dio la idea de escribir Los dos príncipes, apreciamos cuán distinto es el de Martí, con ritmo popular como para ser repetido por los niños y de hondura lírica y pedagógica. Aunque existen diferencias sociales y es más desgarrador el dolor de los humildes, solos con su enorme pena, se comprende que las dos familias perdieron lo más preciado: un hijo.
Es este, sin dudas, un claro ejemplo de como escribió José Martí en La Edad de Oro, para que la delicadeza y maestría en la forma llevara de la mejor manera los conocimientos y el sentimiento que  prevía era necesario, de modo que se cumpliera su propósito, el que lo inspiró al concebirla y por el que la abandonó muy a su pesar.

Se cumplen 125 años de la salida al mundo del primer número de esa increíble publicación. Pasarán los años y siempre escucharán o leerán los niños esas maravillas que escribió, creó nuevas versiones o adaptó para ellos el hombre de La Edad de Oro.
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