jueves, 31 de julio de 2014

EL PRINCIPITO: UN REENCUENTRO CON SAINT-EXUPÈRY EN SU ASTEROIDE HACE 70 AÑOS




Si pensáramos en leer un libro que nos ayude a comprender mejor a las personas que nos rodean, que nos ayude a ser felices a pesar de las tristezas inevitables de la vida, a valorar a los amigos, quizás alguien pensara en un libro de autoayuda o psicología, que trate las relaciones entre las personas con un enfoque científico pero, si alguien nos recomendase leer la historia de un niño que llega a la Tierra desde un lugar remoto del universo –el asteroide B612- y en el que los principales personajes son un piloto con su avión averiado en el desierto, un niño, una rosa y una zorra, ¿qué pensaríamos?


«No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible para los ojos […] Los hombres han olvidado esa verdad, dijo la zorra. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable de todo aquello que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa».
Aprisionados por las ligaduras de las obligaciones y el tiempo, dejamos escapar la vida y algunos pasan por el mundo itinerantes; mueren sin haber llegado a saber lo que buscan, o ahorran inútilmente el tiempo, en vez de ir muy dulcemente a una fuente a beber su agua cristalina.


«Solo los niños tienen suerte. Solo los niños saben lo que buscan…». Este es el mensaje de Saint-Exupèry, no es en vano que enmienda la dedicatoria de su libro, para no dedicarlo a una persona mayor.

«A Leon Werth:

Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo.
Tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de entenderlo todo, hasta los libros para niños.
Tengo una tercera excusa: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Verdaderamente necesita consuelo. Si todas esas excusas no bastasen, bien puedo dedicar este libro al niño que una vez fue esta persona mayor.
Todos los mayores han sido primero niños. (Pero pocos lo recuerdan). Corrijo, pues, mi dedicatoria:

A LEON WERTH
CUANDO ERA NIÑO»

Y no es que el autor, quien se rebela a través de estas páginas contra el imperio de los cálculos y la frialdad de los números, establezca diferencias entre los sentimientos de los seres humanos por la edad. Leemos en la obra que al conocer a alguien hacía la prueba de sus primeros dibujos; cuando decían que la boa era un sombrero, conversaba solo de asuntos mundanos e intrascendentes. No es la edad lo que ahoga los sentimientos más puros, es olvidarnos de las cosas importantes y hacer valer los cálculos, la vanidad y el egoísmo, es entonces cuando dejamos de ser niños: cuando en vez de mirar con el corazón, miramos con los ojos.
El Pequeño Príncipe o El principito es una obra escrita y publicada en los Estados Unidos por el escritor francés Antoine de Saint-Exupèry en el año 1943. El autor se había establecido en ese país luego de comenzada la II Guerra Mundial donde participaba como piloto de guerra.


Antoine de Saint Exupery Exupéry llega a Argentina en 1929 como jefe de la Aeropostal trasandina.


Las narraciones y novelas de Saint-Exupèry fueron un éxito rotundo en su época y han trascendido el tiempo. Nacido en junio de 1900 en Lyon, realiza estudios militares y de bellas artes, para más tarde convertirse en piloto civil y de combate, oficio que aprendió mientras cumplía con su servicio militar. Sus obras Vuelo nocturno, Correo del sur, Piloto de guerra, entre otras y hasta El principito están vinculadas a su vida profesional y a sus experiencias en la Guerra Civil Española y en la II Guerra Mundial, durante las cuales sufrió heridas y accidentes hasta el último que le costó la vida, el 31 de julio de 1944, en el mar Mediterráneo, cerca de la costa de Marsella, apenas un año después de escribir El Principito.



Así que quiero pensar que su avión no fue derribado ni se perdió en la bruma: había conocido al principito y la única manera de reencontrarse con él era en su lejano asteroide. Quizás no era tan valiente como el niño, que se dejó morder por la mortífera cobra y prefirió ir en su propio avión al encuentro del amigo, deseoso de conocer su casa, la rosa, y poder dibujarle otra caja para guardar de noche a la oveja.




Y si leen este libro y son capaces de velar por el sueño de la oveja oculta en una caja, si tiemblan al pensar que esa oveja pueda comerse a una flor, si pensar en que no han deshollinado los volcanes les desvela en la madrugada, asómense a la noche para ver las estrellas y escuchar su risa. El sonido de los cascabeles anunciará que no todo está perdido; podemos mirar con el corazón y encontrarnos con El Principito cada vez que leamos este libro, porque después de conocerlo nada volverá a ser igual en la Tierra, ni las estrellas estarán tan lejos.


miércoles, 30 de julio de 2014

BENEDETTI: TRAIGO EL MAR EN UN DEDAL... Y ESE MAR ES SU POESÍA


Creo que pocos poetas han sido tan prolíficos como Mario Benedetti. Claro, esta es una opinión parcializada... lo reconozco. También quizás por su vida tan larga y a la vez, insuficiente, para prolongar ese dulce estupor de los sentidos cuando se lee alguno de sus geniales poemas.
¿Cuál fue el tema, la estación del año, el dolor o el sentimiento, la alegría, el amor o el abandono que no aparece en sus poemas? Allí, delicadamente ataviados por su mirada escrutadora y dulce, se aposentan en las palabras increíbles del poeta.

Su rima, su métrica, ese verso libre cadencioso y musical... en las más variadas formas estróficas.

He aquí uno de sus sonetos:


SONETO DEL ABANDONO

A veces si me siento abandonado
me encuentro y desencuentro en el vacío
y allí la soledad es como un río
que me alcanza residuos del pasado

el abandono vive su pecado
que es de los otros y también es mío
tirita el alma porque tiene frío
y ya no se refugia en lo sagrado

algo ocurre de pronto en el presente
por fin abre su cofre la palabra
y el enigma se vuelve transparente

sin pensarlo dos veces me apasiono
la pasión pasa a ser mi abracadabra
y entonces no me importa el abandono.

 (Testigo de uno mismo, Visor Libros, Madrid 2009) 

Sus haikús:

101
no es grave pero
el insomnio en la siesta
no tiene cura

108
allí en tu alma
allí en tu corazón
allí no hay nadie 

109
se despidieron
y en el adiós ya estaba
la bienvenida

115
cuando me entierren
por favor no se olviden
de mi bolígrafo

128
cuando era niño
las canciones de cuna
me desvelaban

133
somos tristeza
por eso la alegría
es una hazaña

139
un exiliado
lo será de por vida
y de por muerte

166
en foto sepia
estabas vos y el tiempo
se fue contigo

O este hermoso poema, una real y romántica declaración de amor:

TODAVÍA

No lo creo todavía 
estás llegando a mi lado 
y la noche es un puñado 
de estrellas y de alegría 

palpo gusto escucho y veo 
tu rostro tu paso largo 
tus manos y sin embargo 
todavía no lo creo 

tu regreso tiene tanto 
que ver contigo y conmigo 
que por cábala lo digo 
y por las dudas lo canto 

nadie nunca te reemplaza 
y las cosas más triviales 
se vuelven fundamentales 
porque estás llegando a casa 

sin embargo todavía 
dudo de esta buena suerte 
porque el cielo de tenerte 
me parece fantasía 

pero venís y es seguro 
y venís con tu mirada 
y por eso tu llegada 
hace mágico el futuro 

y aunque no siempre he entendido 
mis culpas y mis fracasos 
en cambio sé que en tus brazos 
el mundo tiene sentido 

y si beso la osadía 
y el misterio de tus labios 
no habrá dudas ni resabios 
te querré más 

                  todavía.

odavía

Es mejor dejar que hable su poesía y despedirnos con su

CHAU NÚMERO TRES



Te dejo con tu vida 

tu trabajo 

tu gente 

con tus puestas de sol 
y tus amaneceres 
sembrando tu confianza 
te dejo junto al mundo 
derrotando imposibles 
seguro sin seguro 
te dejo frente al mar 
descifrándote a solas 
sin mi pregunta a ciegas 
sin mi respuesta rota 
te dejo sin mis dudas 
pobres y malheridas 
sin mis inmadureces 
sin mi veteranía 
pero tampoco creas 
a pie juntillas todo 
no creas nunca creas 
este falso abandono 
estaré donde menos 
lo esperes 
por ejemplo 
en un árbol añoso 
de oscuros cabeceos 
estaré en un lejano 
horizonte sin horas 
en la huella del tacto 
en tu sombra y mi sombra 
estaré repartido 
en cuatro o cinco pibes 
de esos que vos mirás 
y enseguida te siguen 
y ojalá pueda estar 
de tu sueño en la red 
esperando tus ojos 
y mirándote.




viernes, 25 de julio de 2014

LA EDAD DE ORO CUMPLE 125 AÑOS

Ilustración de portada de la revista La Edad de Oro


“La Edad de Oro fue una revista mensual para los niños, del cubano José Martí. La Edad de Oro mantiene su frescura, belleza y vigencia más de un siglo después, hablando a los niños en un lenguaje universal que no conoce tiempos ni distancias”, dice Wikipedia sobre ese clásico de la literatura iberoamericana de todos los tiempos.
Tratado casi siempre como libro gracias a que su publicación se hace generalmente en un solo volumen que incluye los cuatro números publicados de la revista, abarca varios géneros literarios y del periodismo, dirigidos a niños de todas las edades y aquel que, como dijera el propio Martí, “nunca pierde su corazón de niño”.
Hace ya unos cuantos años, en el 2003 para ser exactos, se me pidió por el presidente del Instituto del Libro en Cuba que participara a nombre de dicha institución en la creación de un programa que promoviera la lectura. Recién había iniciado sus trasmisiones el canal educativo de la televisión. En el primer encuentro con quien  sería el director del programa, Roberto Ruiz Rebo, estuvieron Celia, especialista de promoción del instituto y Rodolfo, un editor también recién estrenado de Letras Cubanas.
La remembranza se debe a que sería yo la guionista y conductora del programa (a la sazón directora de la editorial Gente Nueva) y, por supuesto, la obra seleccionada para el estreno fue un tema de La Edad de Oro.
No conservo ninguno de los programas en los cuales participé pero ahora, celebrando íntimamente el aniversario de la publicación de la revista, he retomado el guión de aquel primer programa, que se refería al poema Los dos príncipes.
«…entramos a las páginas de una publicación concebida para los niños y las niñas de América por nuestro Martí, una revista que se propuso ayudar en la empresa de llenar nuestras tierras de hombres originales, felices de vivir en su tierra como hombres de su tiempo y de América. Sabía Martí que esta era tarea de grandes y debía ofrecer en la revista diversidad de temas y géneros que educaran entreteniendo, con frescura y fantasía, sin negar la tradición de nuestro idioma y cultura, a la par que tendía un puente para conocer a los demás pueblos.
»Para lograr su empeño escribe cuentos, artículos, poemas, pero también recurre a otras fuentes y hace adaptaciones o versiones, o simplemente toma la idea y la redacta con estilo propio, imprimiéndole su concepción del mundo e ideología. Entre esos textos se encuentra el poema Los dos príncipes, debajo de cuyo título escribe José Martí “Idea de la poetisa norteamericana Helen Hunt Jackson”.
»¿Quién fue Helen Hunt Jackson? Poetisa y novelista norteamericana; nació el 18 de octubre de 1831 en Massachussets y muere en 1885 (cuatro años antes de que viera la luz La Edad de Oro). Gran reivindicadora de las razas indígenas de las tierras de México incorporadas a la Unión. Una centuria de deshonor (1871), es uno de sus libros más importantes, así como Ramona, traducida al español por José Martí».
Al leer La Edad de Oro y llegar a este poema nos preguntamos: ¿qué dice el poema original de la Jackson? ¿Traduce Martí del inglés o es su propia versión de la idea abordada por la escritora? Con esta interrogante busqué el texto original, así como la valoración que hace Salvador Arias en su análisis de Los dos príncipes, en el cual retoma las consideraciones de José María Chacón y Calvo sobre “La poesía de José Martí y lo popular hispánico”.
El poema de la norteamericana, The prince is dead, desde su título es diferent, pues quiere decir que ambos, el hijo del rey y del pastor son príncipes para sus padres pero, al resumirlo y hablar de uno solo, no consigue el mismo efecto que el título del poema martiano: Los dos príncipes.
El poema lo escribe Martí como un romance, al más puro estilo de los romances españoles y además incluye elementos presentes en canciones y juegos, como señala Salvador Arias, que se cantaban por los niños cubanos entonces, citando este ejemplo:
Las campanas de la iglesia
ya no quieren repicar,
porque la reina se ha muerto
y luto quieren guardar.
Los jardines de palacio
ya no quieren florecer,
porque Mercedes ha muerto
y luto quieren tener.

El brillante investigador hace una disección del romance, señalando desde el punto de vista poético cómo estructura José Martí el poema para que alcance el dramatismo que quiere imprimirle sin que le reste musicalidad, sonoridad y gran fluidez. Yo quiero insistir en el tratamiento conceptual que le da al suceso de las dos muertes de modo que en su poema quede absolutamente demostrada la igualdad ante la muerte, más allá de la posición social de la persona (niños en este caso), y cómo el dolor es igual de hondo para ricos y pobres: para los reyes y para los pastores, de modo que en su romance él incluye elementos y personaliza el dolor que de algún modo, en el caso del poema de Helen Hunt Jackson aparece difuso. Quiero aclarar que no es mío el mérito, ya que este extremo queda muy bien esclarecido en el análisis de Salvador Arias.
Reproduzco la traducción del poema The prince is dead, junto con el texto de Martí, de modo que pueda verse la diferencia.

EL PRÍNCIPE HA MUERTO                                               LOS DOS PRÍNCIPES

Un salón en el palacio está cerrado. El rey                          El palacio está de luto
Y la reina en negro permanecen sentados.                          y en  el trono llora el rey,
Todo el día sirvientes llorosos vienen y van,                        y la reina está llorando
Pero el corazón de la reina le echará de menos                   donde no la pueden ver.
A todo; y los ojos del rey se inundarán                                 En pañuelos de olán fino
Con lágrimas que no deben ser vertidas,                             lloran la reina y el rey:
Pero que harán al aire denso y oscuro,                                los señores del palacio
Cuando mira cada juguete de oro y plata,                            están llorando también.
Y piensa cómo ellos alegraban al infante,                           Los caballos llevan negro
Y mudamente se retuerce mientras los cortesanos leen     el penacho y el arnés:
Como todas las naciones se conduelen por su pena,         los caballos no han comido
                                              El príncipe ha muerto.            porque no quieren comer.
                                                                                             El laurel del patio grande
                                                                                             quedó sin hoja esta vez:
                                                                                             todo el mundo fue al entierro
                                                                                             con corona de laurel.
                                                                                            -¡El hijo del rey se ha muerto!
                                                                                           ¡Se le ha muerto el hijo al rey!


La choza tiene una puerta, pero la cerradura es débil,            En los álamos del monte
Y el hoy el viento la empuja;                                                 tiene su casa el pastor:
Allí están sentados dos que no hablan;                                 la pastora está diciendo
Han mendigado unos pocos harapos negros.                       «¿por qué tiene luz el sol?»
Están hechos al duro trabajo, aunque sus ojos están             Las ovejas, cabizbajas,
Humedecidos                                                                          vienen todas al portón:
Con lágrimas que no deben ser vertidas;                               ¡una caja larga y honda
No se atreven a mirar donde está la cuna;                             está forrando el pastor!
Odian al rayo de sol que juega sobre el piso                         Entra y sale un perro triste,
Porque nunca más hará reír al niño;                                      canta allá dentro una voz:
Ellos sienten como van endureciéndose,                              «¡Pajaritos, yo estoy loca,
Quisiera que los vecinos los dejasen solos                          llevadme donde él voló!»
                                                El príncipe ha muerto.            El pastor coge llorando
                                                                                              la pala y el azadón:
                                                                                              abre en la tierra una fosa;
                                                                                          echa en la fosa una flor.
                                                                                          -¡Se quedó el pastor sin hijo!
                                                                                          ¡Murió el hijo del pastor!


La diferencia entre uno y otro título,  el tratamiento a los niños muertos son evidentes en uno y otro poema. Mientras que la Jakson lo titula El príncipe está muerto y al final de la estrofa que corresponde al hijo del rey o al niño pobre dice El príncipe ha muerto, Martí lo titula Los dos príncipes, en plural, y cuando se refiere a cada uno dice el hijo del rey o el hijo del pastor, personalizando al niño pobre, diciendo quién es su padre, lo que no aparece en el poema de la poetisa. Y es increíble como con solo ese detalle logra dar a la vez la similitud y la diferencia entre ambas muertes, además de cómo logra trasmitir ese vivo y estremecedor dolor: ¡El hijo del rey se ha muerto!; ¡Murió el hijo del pastor!
Después de conocer el poema original, el que le dio la idea de escribir Los dos príncipes, apreciamos cuán distinto es el de Martí, con ritmo popular como para ser repetido por los niños y de hondura lírica y pedagógica. Aunque existen diferencias sociales y es más desgarrador el dolor de los humildes, solos con su enorme pena, se comprende que las dos familias perdieron lo más preciado: un hijo.
Es este, sin dudas, un claro ejemplo de como escribió José Martí en La Edad de Oro, para que la delicadeza y maestría en la forma llevara de la mejor manera los conocimientos y el sentimiento que  prevía era necesario, de modo que se cumpliera su propósito, el que lo inspiró al concebirla y por el que la abandonó muy a su pesar.

Se cumplen 125 años de la salida al mundo del primer número de esa increíble publicación. Pasarán los años y siempre escucharán o leerán los niños esas maravillas que escribió, creó nuevas versiones o adaptó para ellos el hombre de La Edad de Oro.

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