viernes, 12 de septiembre de 2014

EL PERUSO DE MIRTHA CONTRA UN GATO FANTASMA, por Alina Iglesias Regueyra

Cienfuegos es una sureña ciudad cubana, fundada a inicios del siglo XVI como Santa Fernandina de Jagua en la llamada península de la Majagua, a la orilla y al fondo de la bahía homónima cuyo nombre indígena significa “origen, fuente, manantial, riqueza”. Está abierta al mar Caribe por un estrecho canal que da paso a los barcos que utilizan el puerto, segundo más importante del país. La  ciudad es también conocida como la Perla del Sur. La fortaleza militar española Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua, ubicada a la entrada de la bahía, fue construida a finales del siglo XVIII en estilo renacentista, y declarada Monumento Nacional en 1978 e inaugurada como museo veinte años más tarde. A los pies del Castillo de Jagua surgió y se desarrolló un pintoresco pueblito de pescadores, en un lugar de naturaleza exuberante, con playas donde rompen las aguas tranquilas y transparentes del Caribe.


Es en este escenario donde transcurre la acción de un libro, publicado en el año 2012 por la colección Escolar de la Editorial Gente Nueva, en el cual un querido personaje vuelve a las andadas, esta vez no con la locura de sus primeros años, sino en una misión mucho más “seria”. Peruso y el gato fantasma pone en evidencia que Pedro Jesús, el hijo literario de la escritora cienfueguera Mirtha González Gutiérrez, ha llegado a las letras por más aventuras: después de ser recibido con cálidos vítores por su pandilla del barrio, el ingenioso niño plantea un misterio a resolver: un extraño gato con un tabaco en la boca lo persigue y amedrenta constantemente.

A partir de esta premisa, el volumen se articula en nueve capítulos, con un nutrido sistema de personajes que incluye a los amigos habituales del protagonista —Dianamari, Raulín, el Guille, Osvaldo, Luis Enrique, Lazarito y Ana Carla, con la excepción de Leonel, quien pasa sus vacaciones en casa de su abuela—, a quienes se suma Marilope, la nieta de Nena y el pintor Donjuán, el barbero Tavo —tío de Luis Enrique—, el papá de Peruso —a quien se le conoce como Pedro el Grande aunque, contrario al zar, no posee poder alguno sobre su escurridizo vástago— y Baby —la celadora del museo donde acontece buena parte de la aventura—. Como personaje de referencia aparecen los padres y abuelos del resto de los menores, y hasta la propia autora, de quien se habla pícaramente en la página 27:

—Te esperamos. No vaya a ser que después no comas, y no quiero oír a tu mamá decir que por eso estás flaquito.
Peruso frunce la frente (como siempre que le molesta algo) porque su amiga al decir “flaquito” ha puesto la voz parecida a Mirtha, burlándose.

El grupo de niños desarrolla una dinámica muy original, a tono con la imaginación y la necesidad de reunión y aventuras propios de la edad: poseen un sistema de silbidos en clave, con contraseñas, y un refugio secreto debajo de una secundaria, para evadirse de los adultos que los llaman a gritos cuando se les escapan para encontrarse. La descripción de los más bellos parajes de la zona, su brisa, su vegetación y su generosa producción de frutas tropicales que consumen los niños como meriendas, adorna la narración.

Mirtha González Gutiérrez, gran observadora del entorno infantil y memoriosa de su propia niñez, arma cuidadosamente un argumento sustancioso a partir de un enigmático y luminoso fantasma azul que busca afanosamente un objeto creado por amor. En efecto, en este universal sentimiento se basará el tormentoso secreto que oculta una conocida leyenda de la ciudad de Cienfuegos. Como pistas para su descubrimiento, funcionarán un cuadro del pintor Donjuán y el Castillo de Jagua, escenario de los sucesos que motivaron el mito, conocido en el imaginario popular como La Dama Azul y citado en Tradiciones y leyendas de Cienfuegos (Adrián del Valle, 1919), donde también puede consultarse la leyenda de Marilope, a la cual alude Mirtha en respaldo al nombre de uno de sus personajes.

Peruso y el gato fantasma fue editado con gran cuidado por Odalys Bacallao. La cubierta y las ilustraciones interiores son de José Antonio Medina, experimentado artista que conocemos por sus excelentes colecciones de autos y aviones antiguos para colorear publicadas por Gente Nueva para deleite de un público mayoritaria y tendenciosamente masculino. Esta vez sus dibujos, de trazo firme y grueso y marcada expresividad, también pueden ser coloreados. En la cubierta, el gato, montado sobre un tren, atraviesa un puente multicolor, quizás el de los sueños, dada la bruma que lo rodea al brotar del mismísimo Peruso, retratado en la contracubierta.

Peruso y el gato fantasma no solo ofrece una divertida historia, sino el testimonio de una rica herencia cultural que una pandilla de chiquillos revitaliza mientras aprende sobre su ciudad. Buen trabajo de una escritora probada en temas infantiles aunque, por supuesto, apto para cualquier edad.

                                                  Alina Iglesias Regueyra, 20 de marzo de 2014 (Barquito de papel, Cubaliteraria)
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