lunes, 25 de septiembre de 2017

SEPTIEMBRE TELÚRICO



Septiembre ha sido un mes desoladoramente fuerte este año. En lo personal, tiene acontecimientos tristes y alegres para mí. En este mes murió mi abuela materna y mi padre. Mi buen amigo Albertico se fue sin despedirse de esta dimensión terrestre. Mi hija nació en este mes, igual que mi yerno, quien ya es otro hijo. Tengo otras buenas amigas que cumplen este mes.

Sin embargo, los sucesos dolorosos de este mes han dejado una huella increíble en la mayoría de nosotros: dos terremotos devastadores en México, con increíbles y desgarradores efectos y el paso de dos huracanes que dejaron una estela de muerte y destrucción.

Hay quienes especulan sobre posibles efectos del eclipse solar. Hay sectas apocalípticas que hablan del fin de los tiempos, la mayoría se refiere a que el planeta clama por una actitud más consciente acerca del cuidado de la naturaleza y otros se refieren a que sea posiblemente el efecto del lanzamiento de misiles por parte de Norcorea.

Lo cierto es que, aun sin advertirlo, todos esos eventos han ido actuando poco a poco hasta acumular una tristeza y un sentimiento de impotencia que quizás sean responsables de que haya pasado inadvertido para mí el momento del equinoccio de otoño, dejando que la nostalgia y la melancolía que acompañan a ese lento vagar de las hojas secas se apoderen de mi espíritu.

Cómo duele la Patria y sus penurias en la distancia; cuánto duelen las muertes absurdas y las vidas lastimadas para siempre…
Cuando entro al blog, me doy cuenta de que en el mes de agosto nada escribí, así que ha venido ocurriendo un proceso solo parecido al que aparece en mi cuento El caballo del monte, en la medida en que entra en la cueva de la Oscuridad:
Las mariposas de sus orejas salieron volando y los cascos caracoles se alejaron en cuatro direcciones. Los ojos se convirtieron en dos cocuyos de faroles verdes y por último, las plumas salieron volando lentamente y a su paso fueron extendiendo la negrura de la noche.

Esperemos que poco a poco, la cotidianidad nos haga volver a la luz; que el tiempo vaya restañando las heridas y desgarraduras de estos días y en medio de nuestros corazones luzca otra vez, resplandeciente, el sol de la solidaridad y el amor. No puede permitirse que las sombras oculten la luz.
Apostemos siempre por la sonrisa: la del rostro y la del corazón, porque esa es la única manera de estar vivos.


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