lunes, 12 de junio de 2017

PEDRO ASSEF, SIEMPRE QUEDA EL AMOR


 
Pedro Alberto Assef
21 de mayo de 2016, Plaza San Jacinto en El Paso, Texas
(Foto cortesía de Jorge García)

Hoy 12 de junio hubiera cumplido Pedro Assef 51 años. No quiso la tercera y más implacable de las moiras que siguiera habitando este planeta; no respetó el exorcismo de la soledad con su poesía: tenían celos de otras miradas y otros murmullos que inventaban las palabras a su paso.
Releyendo los poemas que aparecen y que escribiera como un conjuro contra la soledad que señoreaba sus ojos y su alma, he querido conversar con él desde su poesía, que es el único diálogo honrado que se me ocurre.
Larga vida a ti, poeta, que moras entre los dioses de la palabra que inmortaliza y vivifica. Acá se queda tu estirpe y la poesía. Para siempre has partido con la camisa blanca, como decías en Siempre escribo tu nombre bajo el agua:

El día o la noche que me toque partir
voy a ponerme tu camisa blanca
y así cuando me veas dormido para siempre
reirás y llorarás a cátaros sobre mis ojos
y tus lágrimas irán despegando poco a poco mis párpados
hasta encontrarse con el mar
igual que el primer día de la primera vez que te abrazaba
con esta lengua torpe
con esta mano oscura
sabré que no triunfó el amor sino el olvido
pero veré desde la muerte cómo crece tu aliento
cómo se va inclinando tu hermosura hacia mí.

Entonces escribo tu nombre sobre las aguas de la eterna memoria y te digo, querido poeta:

Siempre queda el amor
         La muerte es un pequeño silencio en el amor.
                                   Pedro Assef

Un silencio que duele.
Un silencio que aleja
de un manotazo
el sol
que espanta
-como el trueno-
las alas de los pájaros
la risa
y el amor.

La muerte, amigo mío,
es esa amante impía
que te roba los sueños
la poesía
el dolor
y te convierte en nombre
en recuerdo lejano
más allá del amor.

La muerte es un pequeño
y callado suspiro
que el poeta
escribió
cuando atisbó en lo oscuro
de la sombra
su adiós.

La muerte es un pequeño silencio en el amor
no dejemos que calles, poeta
no pudimos salvarte con ninguna palabra
pero como en uno de tus memoriosos
poemas
-los del hambre-
no digamos que partes
sino que te has quedado
en ese lugarcito
donde haces que todo 
se parezca al amor.
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