martes, 4 de octubre de 2016

ROSA DE LOS VIENTOS





No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta. (Eduardo Galeano, Noche 1)


No quiero quedarme en tu garganta
si soy sincera
en ninguno de los puntos que han descrito los poetas
ni atravesada
ni al sur
quiero bajar un poco más
acurrucarme en el lugar más tibio de tu alma
escuchar tu corazón desde muy cerca
saber si es cierto que el amor viaja
sin documentos
por los caminos inexplicables de la sangre.
Desde allí podré escuchar tu voz grave
con ese timbre de ternura aunque estés riendo de mis miedos
acariciadora
y aunque quieras aparentar dureza te traiciona.
Aunque el sur es un buen lugar, si lo pienso
es sobre todo tierra de poetas:
de los que cambiaron la piel por un abrazo
y bebieron su sangre mezclada con el vino.
Te digo, amado,
el sur es la tierra prometida de la poesía
y por extensión
la Tierra prometida del amor.
Vuelven a preguntarme los fantasmas amados:
¿Por fin, quieres quedarte atravesada acá, al sur,
donde está la poesía y el amor?
Entonces pienso que si el punto cardinal lo marca un verso
acaso la mínima metáfora andariega nacida al calor de una noche fugaz
es bueno cualquier lugar.
Sea, te digo.
Desciendo por esa
garganta conocida, regada por vides ancestrales
y te espero
en una palabra cualquiera de ese verso
que amanece
-redondo y rojo-
en el horizonte increíble de tus párpados
donde asoma con cierta timidez
la rosa de los vientos.

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