domingo, 2 de octubre de 2016

LOS BURLONES SON MIS DUENDES




Hablando de duendes me vinieron a la mente los burlones. Mi familia es del centro de Cuba, algunos nacieron en Caibarién, otros en Yaguajay (como yo), por parte de padre en Sagua la Grande y mi madre tenía parte de su rama materna en un lugar pintoresco llamado Seibabo. Mi abuelo materno había llegado de España y allí conoció a mi abuela y se casaron.
Es increíble la imaginería de esa zona de Cuba. Está habitada por güijes, madres de agua, aparecidos que protegían tesoros enterrados. Mi propia madre nos contaba que había visto güijes debajo del piso de su casa… Así fue como conocí a los burlones.
Había un cuento simpático que siempre hacía, para demostrar que no hay forma de burlar a los burlones. El cuento era de una familia que se había cansado de que el burlón del hogar (para mí es la variante criolla del duende europeo) les jugara trastadas y se mudaban a cada rato para despistarlo. Invariablemente el burlón los encontraba y se mudaba a la nueva casa. Cierta vez, lo hicieron muy oculto. No hablaron de eso y salieron de madrugada al camino real con sus enseres en una vieja carreta, sin hacer ruido. Cuando se habían alejado unos kilómetros del pueblo, la mujer le dice al esposo: ¡Ay, viejo, se me quedó el orinal!, lo cual constituía una contrariedad grande, ya que en aquella época no había servicios sanitarios en las casas de campo, sino letrinas, separadas de las casas, por lo que de noche se colocaba un orinal debajo de la cama. En ese momento escucharon la voz del burlón que les decía: Caminen, caminen, que aquí lo llevo yo.
Este cuento es recurrente en mi familia para hacer referencia a que no nos libramos de los burlones, hagamos lo que hagamos y seguimos invocándolos ante sucesos inexplicables, fuera de lógica.
Eso me inspiró a crear en mi libro El acertijo de las conchas a estos personajes, peculiares y únicos e imaginé un escenario digno de ellos: contradictorio. No sé exactamente en qué año después leí el libro de Luis Cabrera Raúl, su abuela y los espíritus, ambientado en Yaguajay, y también con un espíritu burlón.
Aquí les presento a los burlones, los duendes de mi familia. Los personajes de El acertijo de las conchas, para lo cual he tomado un fragmento de ese libro.
Los burlones son aventureros y recorren el mundo. Cuando van a salir del bosque dejan su sombra. Esto tiene su explicación. Ciertamente es muy difícil pasar inadvertido si tienes una sombra pisándote los talones. Como también son olvidadizos hubo un tiempo en que al regreso no encontraban su sombra por ningún lado, lo cual es terrible porque pierden la memoria de sus viajes. No existe alguien más furioso que un burlón con la sombra perdida. ¿A quién le gustaría vivir sin recuerdos? Se les ocurrió construir un lugar donde guardarlas. Hicieron una cabaña grande y fresca, con techo de enredadera y rodeada de picualas (el olor de las picualas es la gran debilidad de los burlones. Si alguna vez quieres atraerlos utiliza unas cuantas florecitas. Es un método infalible).
Midina y Alejandro fueron recibidos por el Burlón Mayor que es una especie de consejero de burlones. Antes de explicar el motivo de su visita escucharon unas risotadas que les estremecieron.
Ellos no sabían que la noche anterior había regresado el burlón Caminante y era él quien reía estrepitosamente. El Burlón Mayor se puso de pie.
—No me esperen, pues para mi satisfacción parece que tenemos una pequeña fiesta. Me demoraré mucho.
Diciendo esto se fue sigilosamente y Alejandro, no acostumbrado al trato de los burlones, se levantó dispuesto a marcharse y Midina le pidió que volviera.
—¡Pero si tienen fiesta, no nos han invitado y para colmo, se va a demorar!
Con tono de burla, Midina le explicó.
—Nos pidió que esperáramos pues iba a regresar pronto; al parecer se ha presentado algún problema.
—¡Uf! Estos burlones me van a volver loco.
—Yo los encuentro divertidos. Es más, vamos a curiosear un poco, pues a ellos no les molesta en absoluto.
Se guiaron por el bullicio que se escuchaba y llegaron hasta la Casa de las Sombras. Se había congregado una gran cantidad de burlones que reían y se balanceaban.
El burlón Caminante salió de la cabaña. Venía arrastrando a una sombra. Ella se resistía y ondulaba.
—Entiendo por qué encontré a esta sombra, que es mía, en otro sitio donde yo nada había dejado.
—Todo es sencillo. Nada tienes que explicar. Esa sombra no es la del burlón Bohemio.
Así continuaron hablando entre ellos mientras Midina explicaba a Alejandro que se había perdido la sombra del burlón Caminante.
—Ahora van a hacer el llamado Número Dos a todos los burlones.
Alejandro se extrañó.
—¿El qué?
—Es un llamado de emergencia a todos los burlones para acudir al bosque desde cualquier lugar del mundo donde se encuentren. Lo presenciaré por primera vez.


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