lunes, 2 de mayo de 2016

UNA BLANCA DE LUNA PARA RAMÓN CARREDANO

 
Cubierta de la edición de Nova Casa Editorial, 2015


Confieso que el título Una blanca de cobre para Martiño me llamó la atención a la vez que me intrigaba. ¿Qué es una blanca de cobre?, me pregunté cuando leí el nombre escrito en la cubierta de aquel libro que me acababa de regalar Ramón, recién llegado a La Española, quizás rememorando el viaje que recrea en la trama, ansioso por conocer los parajes de donde surgieron los personajes de sus dos obras ambientadas en el Caribe, la biografía de la famosa cacique Anacaona y el singular grumete de la Santamaría, uniendo las dos caras de una misma moneda que la Historia se encargara de reunir: colonizados y colonizadores.
No es un secreto, Ramón Carredano ha declarado su pasión por los temas históricos y en este relato crea una aventura fantástica a partir de algunos datos que solo quien tiene un fino olfato para descubrir pistas y mensajes es capaz de hilvanar. Pero vuelvo al punto del principio, ¿qué es una blanca de cobre? Pues desde la pantalla de la computadora saltó la respuesta, encontrada en una página donde se habla de monedas españolas y cito textualmente:
Blanca: moneda castellana de vellón. Existió posiblemente en el tiempo de don Pedro I.
Luego siguen otros detalles y, profundizando en el tema, veo que el tal vellón era una aleación de plata y cobre (donde el cobre era aproximadamente el 60 %), la cual fue aumentando su contenido de cobre y reduciendo el de plata.
Entonces, dilucidado el enigma de la blanca de cobre entremos en la aventura de Martiño, un adolescente gallego contemporáneo nuestro, que despierta de pronto a bordo de la nao Santamaría, la nave capitana del almirante Cristóbal Colón.
Martiño, como Cristo o el rey Arturo de Mary Stewart, cumple años el 25 de diciembre. El punto de partida de la historia es justo la celebración de la Nochebuena en casa del muchacho, en Galicia. Mareado, a causa de una copita de champaña que le ha permitido beber el padre por la fecha y por su cercano cumpleaños, se retira a su habitación para dormir. Se despierta a los gritos de «¡Almirante, almirante! ¡A babor, a babor!», de un loro con plumas verde esmeralda, de quien sabremos después que ha sido llamado Trinquete.
El autor tomó un suceso real, el hundimiento de la nao Santamaría junto a las costas de Haití, en la Nochebuena de 1492 para fabular la increíble aventura que vive Martiño, el protagonista y coleccionista de monedas antiguas, como grumete de la nave.
Los personajes están perfectamente construidos física y psicológicamente. Con singular maestría hilvana el comportamiento de ellos en torno a Martiño, las buenas y malas personas, el ambiente del barco con las labores habituales de los marineros, grumetes, el contramaestre y hasta el mismísimo almirante de la mar océano, Cristóbal Colón. Los entresijos de la vida a bordo, la angustia del protagonista que se sabe fuera de lugar y desconoce cómo actuar, las intrigas y los celos de los personajillos salen a relucir y son descritos con un lenguaje propio del medio marinero, atemperado a la época y la condición social de los personajes. Es tan veraz la descripción que supe lo repugnante del caldo que preparaba el cocinero Quintela, me deslumbró la belleza de los parajes que recorre el barco, a pesar de conocerla en vida real, pero la contemplé a través de los ojos del muchacho, quien es capaz de apreciar su encanto.
La historia tiene su toque de humor, por medio del lenguaje, personajes y situaciones. Aparecen pasajes que reflejan sucesos que bien pudieron ocurrir, de acuerdo con los testimonios dejados por los actores reales de los hechos, en cartas y memorias de la época de la conquista. Tal es el caso del encuentro entre los españoles y los aborígenes, así como los trueques que se realizaban entre ellos.
Martiño cree real su aventura y hay un hecho que lo hace dudar. ¿Habrá sido un sueño o por algún misterioso azar ha viajado hasta el siglo XV y estuvo a bordo de la Santamaría? El autor nos pone una trampa, pero debemos observar bien las velas para descubrir la dirección del viento, no perdamos el rumbo… no naufragaremos entre las páginas de este libro que ha recibido el Premio Merlín de Literatura Infantil y ya sabemos lo que significa: que la mejor magia nos envuelve y podremos conceder a Ramón Carredano Cobas una moneda creada especialmente para él, como agradecimiento por esta excelente aventura.
Ayudemos al gran Merlín a forjar una blanca con la luna llena del Caribe y que llegue hasta Galicia, navegando a bordo de los sueños de este autor, quien es capaz de inventar historias que divierten mientras hacen soñar. Porque sus lectores estaremos de acuerdo en que la imaginación solo con imaginación se agradece y se paga.


Ramón Carredano Cobas, autor de Una blanca de cobre para Martiño



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