miércoles, 16 de septiembre de 2015

LA MASACRE DE SABRA Y SHATILA

Una madre palestina muestra la foto de sus familiares asesinados (Palestina Libre.org)

Hay masacres en la historia de la humanidad que se clavan en el alma de los pueblos y de los hombres de buena voluntad. Una de esas masacres fue la de Sabra y Shatila.
“El 16 de septiembre de 1982, en medio de la guerra civil del Líbano, la milicia falangista libanesa asesinó a miles de refugiados palestinos, en su mayoría mujeres, niños y ancianos, en los campamentos de refugiados de Sabra y Shatila en Beirut. Ambos lugares se encontraban bajo la supervisión del Ministro de Defensa israelí y comandante de la operación, Ariel Sharon”.
El cantante argentino Alberto Cortez escribió una canción homenaje. En su sitio web publicó la carta que le enviara un ciudadano para defender su canción de los ataques mezquinos que la tildaban de panfletaria.
He aquí su texto.

MÁS SOBRE SABRA Y CHATILA
He recibido esta carta con el ruego de editarla en este rubro de mi página, con el fin de sumar datos a los ya expuestos sobre la matanza de Sabra y Chatila. Por ser un documento me ha parecido justo editarlo.
Gracias.
Alberto Cortez.

Más sobre Sabra y Chatila, por José Yapor.

Querido maestro:

Luego de haber leído los comentarios de una persona no identificada y tu réplica en tu sitio de Internet, decidí revisar mis archivos y fue así que encontré una grabación de una entrevista que allá por 1982 o 1983 -no recuerdo con precisión- mantuviste con Pinky Satragno en el programa En persona, que posiblemente se emitía por ATC.
Eran mis años de adolescencia en Chivilcoy -donde nos honraste con tu presencia en más de una ocasión-, tiempo en que empezaba a descubrir tu música y tu poesía.
Creo que aquel testimonio es la mejor respuesta a tan infundada crítica. Debo decirte que la masacre de Sabra y Chatila me dolió de una manera especial, porque justamente de un lejano Líbano llegó mi abuelo a este bendito país en los primeros años del siglo XX.
Con el mismo énfasis condené los atentados contra la Embajada de Israel, la AMIA y las Torres Gemelas. Y con el mismo entusiasmo sigo pidiendo justicia por los 30.000 desaparecidos argentinos, en una nueva víspera de aquella infausta jornada del 24 de marzo de 1976.
Hoy asistimos a un nuevo capítulo de la irracionalidad y no deben cesar las voces y manifestaciones de condena en todo el mundo, ante el genocidio que se está cometiendo en Irak.
Finalmente, debo decirte que me sentí muy molesto frente a la calificación de canción panfletaria, porque el panfleto no es obra de poetas con mayúsculas como vos. Sólo puedo hacerlo quien no conoce tu repertorio ni ha profundizado en tu mensaje de paz y fraternidad como valores fundamentales del hombre de todos los tiempos.

PD: Abrí el archivo adjunto y si es posible publícalo en el sitio, que va a venir bien para aclarar mejor algunas cosas.

ENTREVISTA

Pinky: ¿Cuál fue el último motivo por el que has llorado con lágrimas, de esas que salen del alma?

Cortez: Siempre se llora por dentro, sobre todo quienes tenemos cosas por decir. El otro día contaba una anécdota que sucedió cuando en el teatro todavía no había gente. Estaba totalmente vacío. Fue en la ciudad de Sevilla, en el Teatro Lope de Vega, monumento nacional y además un teatro precioso. El día anterior había cantado por primera vez una canción sobre la matanza de Sabra y Chatila, en el Líbano. Tenía mucho temor porque el tema es muy escabroso. Hay una cosa política que siempre he tratado de evitar y puede dar motivos a malos entendidos. En consecuencia, estaba muy pendiente de lo que iba a suceder, aparte de los nervios por el estreno y todo. La cuestión es que pasó, la gente aplaudió muchísimo y al día siguiente yo me fui un rato antes al teatro, porque me gusta ir un rato antes de lo normal para meterme con la magia del teatro, el teatro normal. Me pongo a tocar el piano y a dar gritos solo, absolutamente solo con los espíritus del teatro. Y cuando estaba tocando el piano, viene un portero y me dice: «Señor Cortez, lo busca un señor afuera». «Bueno, dígale que pase», le contesté. Entonces, entró un hombre muy joven, de bigotes negros, que traía un ramo de claveles rojos en la mano. Con un acento muy claro de no ser español y, además, de ser árabe concretamente, me dice: «Cortez, ayer estuve en el teatro y yo perdí gente en Sabra y Chatila. Le traigo estos claveles para usted». Dio media vuelta y se fue. 
P.: Y vos te echaste a llorar como loco.

C.: Porque es algo mucho más allá de cualquier ideología, como dijimos alguna vez en un poema. Era la sensibilidad de una gente que había visto truncada su juventud, su niñez, frente a un hecho absolutamente deplorable. Estábamos totalmente solos en el teatro, me dio los claveles, dio media vuelta y se fue. No sé quién es ni si lo volveré a ver, pero fue como decirme: «Tomá, hiciste bien»…




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