sábado, 21 de marzo de 2015

TODOS LOS DIAS SON DE LA POESÍA (A propósito del Día Mundial de la Poesía)



El equinoccio de primavera es el anuncio del universo de que comienza esa época gloriosa y radiante en que la Naturaleza florece y al conjuro de los astros y la Tierra, reverdece el amor en cada rinconcito del planeta.
No por azar es el escogido para celebrar el día mundial de la poesía e inundar el espacio que respiramos con la armonía del verso, inclinando la majestad de la palabra ante el milagro supremo de la vida.
De todos los géneros literarios es la poesía el que acompaña los estados especiales del alma: desde la mínima alegría hasta la más profunda pena caben, sin proponerse un espacio límite, en ese espectro infinito.
Y es que la poesía no está solo en las palabras. Hay poesía en el silencio, en las miradas, en la música que acude y toca cada fibra de nuestro ser, en una puesta de sol, en el mar, allá en lo alto, donde se pierde la vista en las estrellas “interrogadoras”…
Quién duda que la poesía y el amor van de la mano, como una pareja de amantes que no viven el uno sin el otro y, aun en la distancia, se funden en un único ser.
Por eso, porque la poesía nos alienta e inspira, anima y nutre el espíritu inquieto que vaga por el espacio en busca de las utopías, convoca aquí y ahora a varios de esos poetas imprescindibles, esos que habitan en la sangre y se enraízan en nuestros más íntimos sentimientos.

   En un dulce estupor

En un dulce estupor soñando estaba
Con las bellezas de la tierra mía:
Fuera, el invierno lívido gemía,
Y en mi cuarto sin luz el sol brillaba.

La sombra sobre mí centelleaba
Como un diamante negro, y yo sentía
Que la frente soberbia me crecía,
Y que un águila al cielo me encumbraba.

Iba hinchando este gozo el alma oscura,
Cuando me vi de súbito estrechado
Contra el seno fatal de una hermosura:

Y al sentirme en sus brazos apretado,
Me pareció rodar desde una altura
Y rodar por la tierra despeñado.
José Martí

El campanario del silencio

Yo tuve un campanario monumental, en cuyas
campanas di la música de mis anhelos nobles;
aleccioné mis bronces en risas de aleluyas,
ángelus melancólicos y lágrimas de dobles.

 Después la irremediable necesidad del toque
forzó el pregón metálico de mis impulsos bajos;
y de mi torre a vuelo, con el continuo choque,
saltaron las cansadas lenguas de mis badajos.

 y hoy sufro de mis versos volteando en el silencio
campanas mutiladas; no más que yo presencio
la danza de mis bronces en ímpetu insensato;

 y oigo —bajo mis sienes— inexorable y rudo
clamar, en un glorioso vértigo de rebato
¡el toque inverosímil del campanario mudo!
                        Rubén Martínez Villena



Ejercicio de piano con amapola de siete a nueve de la mañana

                                                           Año de 1910

Sobre la quemadura de la amapola
aplícate jazmines ,que eso la cura;
si acaso fuese grave la quemadura
usarás la camelia, pero una sola.

Cuando el cielo en verano se tornasola
y ni una nube vaga de cruel blancura,
y el hastío te invade como una impura
serpiente que te aprieta y asfixia y viola,

búscate una muchacha que toque viola,
siempre que de ella sea la partitura,
y quémala tú mismo con amapola;

una muchacha fresca, sonriente y pura
y dale una camelia, pero una sola,
si acaso fuese grave la quemadura...
Nicolás Guillén


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