miércoles, 31 de diciembre de 2014

EL AÑO SE DESPIDE


Hoy es el último dia del año y, aunque no queramos o nos resistamos a ello, solemos hacer un balance, un ajuste de cuentas íntimo y secreto. Por eso no siempre decimos todo lo que nos robó el sueño, lo que hizo ajusticiarnos (en privado o en público), los libros que nos marcaron, las películas que nos hicieron llorar, esos amigos que se nos fueron de esta dimensión y nos dejaron el corazón con dos alfileres que a cada rato vuelven a darnos unas punzadas… nostalgias y alegrías que van y vienen por nuestra sangre y alma mientras susurran que todo estará mucho mejor en el 2015: las heridas no dolerán tanto, extrañarás mucho menos a quienes tienes lejos, te regocijarás por lo que está cerca, disfrutarás cada gota de lluvia y cada amanecer como el milagro increíble de la vida.
Mientras leo las felicitaciones y los mensajes que los amigos envían por las modernas vías devenidas correos, pienso en cuantas personas han entrado o salido del camino que inexorablemente siguen nuestros pasos pienso cada vez más que el mayor privilegio es estar vivos.
Siempre digo que por el amor somos y por él vivimos, por ese amor universal, hondo y diverso que crece gracias a todas las personas, lugares y hasta objetos, que incontenible aumenta, va, regresa y nos recuerda que somos esos seres humanos frágiles y misteriosos a quienes el color de una flor puede hacer bailar bajo la lluvia y una carita mojada hace llorar sin aviso.
Los amigos, la familia, nuestras cotidianas costumbres, son esa fiel brújula que nos conduce, farol en mano, por entre los senderos de la vida. Y en este año conocí personas maravillosas que curaron heridas con su sonrisa y cariño, como Daniel y Neyda, gracias a poder vivir esa feria del libro de Cuba que es una parte entrañable de mi vida, reencontrarme con tantos seres que son parte de mí ya para siempre, en La Habana, en Cienfuegos… descubrir por Internet amigos de siempre y conversar como si hubiéramos dejado de vernos ayer.
Tener casi al final del año noticias de mi querido Espino, rojo y tierno vikingo cuyas palabras son un bálsamo para el viajero perdido en la tormenta ha sido una fiesta para el alma. Que haya tenido a la mayoría de mis hermanos (solo ha faltado uno) y de mis sobrinos, junto a mi madre, para celebrar la Navidad y el año nuevo jamás lo pensé. Allá dentro hacen ruiditos y tratan de salir las penas por la hija ausente y el bebé que ya me dice abuela, pero recuerdo el verso de Marti y las amanso y acuesto a dormir para que no vuelen a contagiarles a ellos las nostalgias.

Estas palabras crecerán durante el dia y la noche, lo sé. Quiero dejar el testimonio. Mientras, lo publico, inacabado y esperanzado con las horas que faltan. ¡Salud, 2015! Te esperamos con todo el amor y la fe en nuestras miradas. 
Invoquemos a los espiritus poderosos que traen prosperidad, fortuna, amor y salud, para que todo sea a la medida de nuestros sueños en este año que ha llegado a nuestra puerta.

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