sábado, 11 de octubre de 2014

DIEZ DE OCTUBRE, José Martí


El 10 de octubre de 1868 Carlos Manuel de Céspedes dio la libertad a sus esclavos en el ingenio La Demajagua e inició la guerra de independencia. Hoy, después de tantos años (146) y aun en extraña tierra, se sigue recordando esa gesta. Nada tiene que ver la evocación con el sistema filosófico que sostiene el pensamiento de cada cubano, que cada cual es libre de tenerlo. Bien sé que ha habido corrientes revisionistas de la historia y sostienen que la cuentan los vencedores y tiene un solo enfoque. Nada de esto tiene que ver con el hecho que proclamó la abolición de la esclavitud en la isla, aunque seguiría por un tiempo, y un grupo de hombres se lanzó a la manigua para luchar por la libertad. También hay quiénes han hablado de Céspedes y las posibles razones que lo animaron. Juzguemos los hechos y no las dudosas o probables intenciones. Eso es lo que cuenta. Sin el Grito de Yara, como pasó el suceso a la historia, no sabemos cómo habrían ocurrido los hechos. Y también cito a Martí cuando habló de Los tres héroes (Bolívar, San Martín e Hidalgo) para extender sus palabras, a quien llamamos con toda justicia el Padre de la Patria:

«Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados. Estos tres hombres son sagrados: Bolívar, de Venezuela; San Martín, del Río de la Plata; Hidalgo, de México. Se les deben perdonar sus errores, porque el bien que hicieron fue más que sus faltas. Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz».

Siempre me viene a la mente el recuerdo de un funcionario de la ONU que en el lejano 1996 y hablando de la historia dijo: algún día tendremos que contar la historia por los hechos de paz y de amor y no por sus guerras.

Y es cierto. No solo para ubicar hechos sino para hablar de las corrientes literarias muchas veces usamos la fórmula de "novela o poesía de la posguerra", luego de la primera guerra mundial, luego de la segunda... después de la Revolución Francesa... en fin, que sería mucho más humano y constructivo si la historia se jalonara con los hechos de la paz, los descubrimientos científicos, la creación de obras de arte, etc. Ahora lo escribo y enseguida pienso que muchos desconocen el origen de cualquiera de estos sucesos, pero las guerras afectan la existencia del ser mismo y por eso, es más memoriosa y devastadora.
En el caso de Cuba, esta guerra no solo dio inicio a la lucha por la independencia del colonialismo español, sino que el sentimiento de nacionalidad que había surgido como ente abstracto en el pensamiento de los fundadores como Félix Varela, José de la Luz y Caballero, José Antonio Saco y en nuestros escritores próceres de la cubanidad como Heredia o La Avellaneda, se reafirma y crece.

El 10 de octubre de 1868, José Martí era alumno del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana y recibió, junto con su maestro Rafael María de Mendive y otros alumnos pro-independentistas, la noticia del alzamiento insurreccional con profunda alegría y esperanza. El apóstol tiene 15 años de edad. En los primeros meses de 1869 (a los dieciséis) publicará el soneto ¡Diez de Octubre! en el periódico manuscrito "El Siboney", que circulaba entre los alumnos y algunos profesores del instituto.

Su soneto, sin que sea una obra maestra literaria es el primer poema que publica y tiene el aliento y profundo sentimiento patriótico de José Martí.


¡10 de Octubre!

No es un sueño, es verdad: grito de guerra
lanza el cubano pueblo, enfurecido;
el pueblo que tres siglos ha sufrido
cuanto de negro la opresión encierra.

Del ancho Cauto a la Escambraica sierra,
ruge el cañón, y al bélico estampido,
el bárbaro opresor, estremecido,
gime, solloza, y tímido se aterra.

De su fuerza y heroica valentía
tumbas los campos son, y su grandeza
degrada y mancha horrible cobardía.

Gracias a Dios que ¡al fin con entereza
rompe Cuba el dogal que la oprimía
y altiva y libre yergue su cabeza!

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