miércoles, 27 de noviembre de 2013

MI SOBRINA ANA CARLA Y SUS AMIGOS: DOCTORES DE LA VIDA

Leine, Daisy y Ana Carla

Hoy es 24 de noviembre y es el cumpleaños de un amigo muy querido por mí, por mis hijos y por mi familia: Justo Luis Pérez. Es cierto que los amigos son la familia que uno escoge, como recordó muy sabiamente una joven ayer en su discurso de graduación de la universidad donde mi sobrina, ella y un grupo de excelentes muchachos se graduaron de doctores en Medicina.
En su pasado cumpleaños escribí sobre nuestra amistad y he aquí que doce meses más tarde la amistad me conmueve nuevamente, la amistad entre muchachos muy jóvenes, que han comprendido el valor de ese noble sentimiento que, como el amor de pareja, no tiene edad.
Y decidí escribir unas palabras para el blog, porque mi sobrina Ana Carla -hermosa, inteligente y cariñosa como todos mis sobrinos y sobrinas- acaba de recibir su diploma como Doctora en Medicina por la Universidad Unibe, con honores, y sé que sus padres y muchas personas, a quien ella muy justamente recordaba ayer en el brindis íntimo de la familia, la han acompañado en el recorrido pero su tesón y esfuerzo han sido los que le han permitido llegar a la meta. Y también sé que será una doctora que cumplirá fielmente con el juramento de Hipócrates y aliviará el dolor del cuerpo, curará, consolará y sanará. Solo pido al Universo y a Dios que la guíe y la conduzca por el camino que ha elegido, dándole la fortaleza necesaria para el éxito.
Empecé hablando de amigos y no fue por azar, sino por razones poderosas, esas que hacen de la amistad un sentimiento que rompe barreras de idiomas, costumbres y fronteras; estoy hablando de la amistad porque ayer, en la graduación, me regocijé en ver cómo un equipo de amigos llegaba a la primera etapa de su carrera luego de haber compartido de forma generosa por cinco años, sus preocupaciones, malos ratos, tristezas e inquietudes, pero también su felicidad, sus alegrías y amor. Únicamente la magia del amor y la buena fe los ha mantenido unidos, les ha permitido sortear obstáculos, hacerse parte indispensable de la vida de los otros y compartir su tiempo para multiplicarlo en pro del objetivo común.
¿Qué decir de Any, Leine y Daysi? De Ana Carla, a quien conozco desde que nació, ya he dicho quién es y puedo decir que es mi segunda hija, pues Alejandro llegó un poco después. Reímos mucho cuando recordamos anécdotas de la infancia de ellos que si quisiera citar, harían interminables estas palabras. Leine y Daysi, sus inseparables, son mis sobrinas adoptivas: hay una afinidad y familiaridad difícil de describir. No me asombra que sean hermosas físicamente y tengan esa alma tan noble, pues su presencia proyecta la belleza que tienen dentro. Los muchachos son más callados que ellas: Frank Luis, Luismi (Luis Miguel) y Arfry, pero nobles, caballerosos, definitivamente hermosos. Recuerdo otros estudiantes que han estado cerca, como Ernesto o Jefferson (quien no terminó con ellos), en las sesiones de estudio en la casa o en sus tertulias y fiestas. Ayer volví a ver a Saddam, quien me cuidó durante una madrugada del pasado mes de julio que estuve interna en la Plaza de la Salud… como un hijo más.
Se dijeron verdades como un templo en ese día. Entre ellas, que no estamos dejando a nuestros hijos un mundo como para que ellos puedan hacer sus nobles obras sin obstáculos. Pero a esos jóvenes sus padres cierta vez les entregaron la vida, los trajeron al mundo y con sus desvelos los han visto crecer y hacerse hombres y mujeres de bien. El don de la vida no tiene precio: es el de mayor valor en el Universo. Ahora también estará en el talento y las manos de estos doctores que se gradúan. Que para bien de la Humanidad sea. Pronuncio entonces, para ellas y ellos, las tres bendiciones celtas:

-Que Dios te dé siempre un rayo de sol para calentarte, un rayo de luna para encantarte, un ángel protector para que nada te dañe. Risa para animarte; amigos para consolarte y los oídos abiertos del cielo para, con cada plegaria, escucharte.

-Que Dios te dé por cada tormenta un arco iris, por cada lagrima una sonrisa, por cada preocupación una promesa y por cada prueba una bendición. Que por cada problema que traiga la vida, haya un amigo leal con quien compartirlo; que por cada suspiro haya una dulce canción y una repuesta por cada oración.

 -Que puedas tener la sabiduría para saber de dónde vienes, a dónde vas y cuando ya es hora de parar.



Aquí cito el juramento de Hipócrates:


JURAMENTO HIPOCRÁTICO
(Versión original)
Versión latina de Hipócrates. Opera Omnia. Edic. de Radicius. Venecia, 1736. Tomo I.
(Se transcribe literalmente de: Escardó, F. “El Alma del Médico”, pp 61-63. Editorial Alessandri. Córdoba, Argentina, 1954).

“Juro por Apolo médico, por Esculapio, Higia y Panacea y pongo por testigos a todos los dioses y a todas las diosas, cumplir según mis posibilidades y razón el siguiente Juramento:
Estimaré como a mis padres a aquel que me enseñó este arte, haré vida común con él y si es necesario partiré con él mis bienes; consideraré a sus hijos como hermanos míos y les enseñaré este arte sin retribución ni promesa escrita, si necesitan aprenderlo. Comunicaré los principios, lecciones y todo lo demás de la enseñanza a mis hijos, a los del maestro que me ha instruido, a los discípulos regularmente inscriptos y jurados según los reglamentos, pero a nadie más.
Aplicaré los regímenes en bien de los enfermos según mi saber y entender y nunca para mal de nadie. No daré a nadie, por complacencia, un remedio mortal o un consejo que lo induzca a su pérdida. Tampoco daré a una mujer un pesario que pueda dañar la vida del feto. Conservaré puros mi vida y mi arte. No extraeré cálculo manifiesto, dejaré esta operación a quienes saben practicar la cirugía.
En cualquier casa en que penetre, lo haré para el bien de los enfermos, evitando todo daño voluntario y toda corrupción, absteniéndome del placer del amor con las mujeres y los hombres, los libres y los esclavos. Todo lo que viere u oyere en el ejercicio de la profesión y en el comercio de la vida común y que no deba divulgarse lo conservaré como secreto.

Si cumplo íntegramente con este Juramento, que pueda gozar dichosamente de mi vida y mi arte y disfrutar de perenne gloria entre los hombres. Si lo quebranto, que me suceda lo contrario.” 


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