miércoles, 23 de enero de 2013

DE CÓMO NACE UN BEBÉ Y TRAE EN SUS MANITAS LA POESÍA



Sucedió en  la tarde soleada  del  23 de abril  de  2012, a  las 5 y  22 minutos,  las  expertas  manos  de  dos  hadas  doctoras  lograron que  Diego saliera del tibio vientre de la linda Esnorquita. Costó un poco de esfuerzo: era un bebé grande y gordito que pesaba al nacer 8 libras y 14 onzas. Por eso después le llamarían osito, elefantico, pero es un niño. Un bebé hermoso que durante todos estos meses ha dormido muy poco, prendido del pecho de su madre y acunado por esos brazos que pertenecen a la hermosa hija que un día también fue mi pequeña bebé y aún sigue siéndolo.



¿Qué decir de  Diego? Que fue acunado  primero por los brazos de esta abuela que ha estado lejos y lo ha mantenido en ese nido cálido que es su corazón, y  le ha escrito estas nanas, para ver si consigue hacerlo dormir.

Un  bebé  deseado  por  sus  padres,  abuelos,  tíos,  sus  bisabuelas, hermanitas y por toda la familia.



Un día  Diego será  grande. Y  quizás  también se  dedique a  escribir poesía. Nació el día del idioma y del libro.

Vi una mariposa dorada volando cerca de su cuna. Puede que solo la dibujara mi pensamiento. Algunas veces es más real lo que soñamos. Yo  lo soñé antes de nacer y  lo vi, tal como se ve ahora. Porque  los sueños de las abuelas tienen la magia de las leyendas y del amor.

  
Que sean  estas  nanas  las que  le den su  bienvenida al  mundo de  la imaginación. Las puertas están abiertas: las de los corazones que lo aman y  las de las páginas que le dedico. Para que lleguen al suyo las escribí. Sin adornos ni frases rebuscadas, que no las necesitan. Basta con el amor. Lo he intentado, pero todo el amor no cabe en  estas Nanas para Diego.
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