jueves, 2 de agosto de 2012

POEMA PARA UN OTOÑO (Para el duende, en su cumple)

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        Los sollozos más hondos/del violín del otoño/
son igual/que una herida en el alma/de congojas extrañas/sin final.
                                                             Paul Verlaine






Si te dicen que creas en milagros
cree solo en el milagro de la vida.
Cada ser vivo nace, recorre un tiempo y un espacio
definidos
y luego desaparece en el silencio de la nada.

Es otoño.
Nacer en medio del otoño tiene un costo
pues con las hojas, el viento aleja un poco la alegría
la desnuda
y se queda a merced de la luz ocasional de un caminante.
No es tiempo hoy de hogueras que calienten
ni hogar que entibie tus noches
y entone una canción entre rescoldos.

La noche es solo una viajera impenitente
que trae los sueños en su morral gastado
envueltos en la niebla y en las sombras.

La noche está cansada en el otoño
por el largo camino de las horas
y a veces los sueños se le escapan
se equivocan
y no sabemos cuál es nuestro sueño o el ajeno.

Puedes soñar con nuestro mar
yo te lo ofrezco
con sus olas más azules y tranquilas
agitadas por el vuelo de gaviotas errantes
y mecidas por ancestrales melodías.
Puedes soñar con este mar
que una vez surcaron corsarios y piratas
sin descubrir el tesoro de sus aguas.

Puedes soñar con este cielo
que en otoño
se nubla y viste su disfraz de lluvia
para lavar las estrellas de la noche.
Puedes soñar con este cielo
que cuando el sol no alumbra el infinito
descuelga las estrellas
poco a poco
e inunda el mundo de puntos luminosos.

Puedes soñar con olores y canciones
con los cálidos colores tropicales
sonreír porque sea noviembre diecisiete:
la esperanza del mar y de este cielo
convierten el otoño en primavera.






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