miércoles, 11 de enero de 2012

PRESENTACIÓN DE CANTACAMINOS, Publicado por José Manuel Espino, 01/02/2011 - 20:09.



Cantacaminos o el difícil arte del buen cantar


Brevísimo, como un acorde de guitarra que nos deja entre labios el sabor misterioso de una melodía, aparece este libro que sin dudas pondrá a tararear al lector; y es que Mirtha González –a quien Matanzas le debe un libro iluminado por el quinqué de Vigía: El contar de los contares- no cesa de sorprendernos con su inquietante manera de ver –permítaseme la cursilería- con los ojos del corazón.

Bajo la sombra del camino aparecen los poemas de la I Sección: Cantos de tierra y aire, y ante nuestros pies surgen trillos insospechados, el paisaje que alguna vez ha sido nuestro y aquel fabulado, en espera de los pasos más atrevidos:


Te voy a contar un cuento

pero no de había una vez,

es el cuento caminante

del caminito al revés.


Bajo la sombra del canto, descubrimos los poemas de la II sección: Cantos del agua, y de algún modo puede percibirse que la palabra fluye, se bifurca, y en su reflejo se entrecruzan rostros y emociones:


Si el río es de agua,

la mar es salada

y por ellos andan

peces y sirenas

barcos y esperanzas,

¿son caminos de agua?


Existe en Mirtha, exquisita Scherezade, una vocación por contar, lo que se evidencia en los títulos La casa de cada cual, Romance de la luna y el papalote, La aventura de velero y Romance de la sirena. Pero ojo avizor: Es el verso quien va dictando la historia, la música levanta su hermoso madrigal en solo 19 poemas.

Podría quedar la interrogante: ¿Por qué al nombrar los elementos Mirtha destierra únicamente al fuego? Aunque en mi lectura intuyo que responde a su muy particular modo de “angelicar”, a una sensibilidad que le convierte en una autora reconocible dentro de la marea de autores para niños y jóvenes, marea que sube desmesuradamente- y que en ocasiones no permite distinguir la verdadera realeza, al alquimista, al duende –como le gustaría sellar a Lorca-.

Agradezcamos a Ediciones Matanzas, de modo muy particular a su director Alfredo Zaldívar, al diseñador Johann Trujillo y a Abdel de la Campa –que no pudo tener más complejísimo estreno como ilustrador-, la laberíntica misión de hacer cada quien suyo este libro a través de diálogos vertiginosos, llamadas por teléfono, email, con el ensueño común de presentarlo en el homenaje por el Centenario de Dora Alonso.

Festejemos pues, con Mirtha González, un regreso a la escritura desde la inocencia, desde el gozo legítimo de legarnos canto y camino, lo que bien se puede traducir como Esperanza.


José Manuel Espino Ortega

(Matanzas, 22 de diciembre de 2010). 

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